Nuestro poema de cada día
04/09/2026@17:17:00
La exaltación de los sentidos. Leer cualquier página de “Platero y yo” implica sumergirse en un mundo de belleza en el que las experiencias sensoriales tienen un destacado papel poético. Abrimos el libro y nos topamos con un capítulo, elegidos al azar, en el que podemos comprobar cómo las sensaciones, procedentes de cualquier ámbito sensorial e incluso entremezcladas, gracias a las sinestesias, son fundamentales para poder disfrutar de la estética juanramoniana: “El pozo” (capítulo LII), un nombre que se va a cargar de insospechadas resonancias líricas.
Ed. Ático de los Libros. 2024
Estamos ante una obra (Libro del Año para History Today y New Yorker) muy diferente, y sumamente interesante sobre uno de los pueblos más crípticos del momento histórico que los contempló. Los escitas siempre tuvieron una enorme fama como caballeros, ya que eran unos de los mejores de Eurasia. Los escitas eran, sobre todo, pastores nómadas de las estepas del Asia Central, y son nominados como el primero de los pueblos conocidos que se trasladaron para buscar mejores lugares para sus gentes, y así son calificados por los historiadores y cronistas griegos y chinos. Eran un pueblo con una importante cohesión social, y fundamentada ella en una jerarquía feudal entre la divinidad y los seres humanos. En la cúspide de todo su devenir vivencial se hallaba el Dios Celestial, que era Uno y creador del cielo y de la tierra, así como del linaje de los monarcas de los escitas, y el rey era único y semidivino. La fundación de su pueblo era una historia de épica viva, relacionada con dioses de inferior categoría al Único.
Vuelve Azucena del Valle para contarnos ciertos tipos de relaciones amorosas modernas. Gracias al gobierno, sabemos todos los posibles géneros que se aceptan hoy en día. Pero, ni que decir tiene, que no conozco ni la mitad de la mitad de todos esos tipos de relación. Menos mal que la Puri y la Vani están doctas en tales tejemanejes, nos lo cuentan en "Almost lover (o, casi algo)".
No existe una película que guste a todo el mundo, pero sí existe el concepto de público objetivo. El género de catástrofes también tiene su público fiel: cuando los barcos se hunden, los aviones se estrellan, los rascacielos arden: fiables y cómodos, gigantescos y lujosos, de repente revelan su vulnerabilidad, y nuestras vidas, su absoluta dependencia del azar. Vemos estas catástrofes en la pantalla, convencidos de que estamos a salvo en la comodidad de nuestras salas de cine. Hasta el primer terremoto, claro. Este nuevo thriller del director Steven Quayle fusiona el género de catástrofes con la ciencia ficción, igualmente popular: el accidente del vuelo 298 de Vero Airlines, que cubría la ruta de Seattle a Nueva Orleans, fue causado por monstruos alienígenas.
Nuestro poema de cada día
Retrato de una etnia: Los húngaros.
Sin perder su asombrosa capacidad lírica, no todos los capítulos de “Platero y yo” ofrecen una visión idealizadora de las realidades descritas y/o narradas. Tal es el caso, por ejemplo del capítulo XXXIII, titulado “Los húngaros”. Como sobrevolando el texto, se advierte la preocupación del autor por la pobreza e ignorancia de las gentes -los húngaros son, en este caso, el mejor exponente de la falta de educación y cultura del pueblo, simbolizada, quizá, en esta escena: “el chiquillo se orina en su barriga”, reforzada con el símil “como una fuente en su taza”-, que contrasta con la belleza natural que encierra el pueblecito de Moguer y su entorno. Sin más preámbulos, transcribimos el texto y ofrecemos su comentario.
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El silencio ya no es olvido
El escenario de Contemporánea Condeduque se transforma durante unos pocos días, en un mapa de ausencias vibrantes. No hay artificios en la propuesta dirigida por Juan Carlos Fisher; solo el latido descalzo y contundente de una verdad que quema.
Reseña del libro También la sombra crece (Elenvés Editoras, 2026). XXXVIII Premio de Poesía Joaquín Lobato Ciudad de Vélez-Málaga
Hay una luz muy concreta que solo captan las retinas acostumbradas al modelado de las formas, al estudio del volumen y al comportamiento exacto del matiz sobre la superficie, o esa claridad aséptica y extraña que entra por la ventana de una habitación de hospital en una cuarta planta. Sergio M. Moreno Domínguez posee esa doble mirada. Creador de formas, docente de la sensibilidad, artista plástico cuyo pulso de pintor y escultor vibra sotto voce tras cada uno de sus trazos, y cada vez más pujante y reconocible voz de la poesía andaluza, nos entrega en También la sombra crece algo más que una bitácora sobre la enfermedad o la convalecencia: valiéndose de un lúcido juego de opuestos, nos regala un verdadero tratado sobre la luz y la memoria.
Nuestro poema de cada día
Un texto saturado de sonoridad: “El pan”.
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