La violencia nunca debería ser una solución, ni por supuesto algo bueno. Conduce a la reciprocidad y debe describirse como tal, incluso si es solo verbal. En ese sentido, fue la niña del título quien la inició, insultando de mala manera a su amiga. Esto dio como resultado una sonora bofetada que no pudo haber sido más impactante. La preadolescente de trece años de repente puede ver y oír todo lo que sus padres hacen y dicen. Nadie quiere esto, y menos aún Marielle, que no sabe lo que le está pasando. Como parece ser la norma en su familia abordar los problemas con relativa rapidez, mamá y papá también están informados, y enseguida se sienten avergonzados por ella porque ambos hicieron cosas de las que no se enorgullecen ese mismo día.
Reseña del poemario "Ser caballo", de Malika El Assimi
Dar Bassma Editorial
Hay libros cuyo título constituye ya una declaración de principios. No designan un asunto; anuncian una forma de estar en el mundo. La historia de la literatura está poblada de caballos. Desde los corceles homéricos que arrastran la gloria y la muerte hasta Rocinante, que convierte la dignidad en una manera de resistir al ridículo; desde los jinetes del Apocalipsis, heraldos de la devastación, hasta el caballo lorquiano, donde galopan el deseo, la sangre y el destino. El caballo ha simbolizado la libertad, la fuerza, la nobleza, el impulso vital o la rebeldía. Sin embargo, pocas veces deja de ser un símbolo para convertirse en un imperativo moral. Eso es precisamente lo que consigue Malika El Assimi en Ser caballo: no nos invita a contemplar al caballo, sino a serlo. A asumir su ímpetu, su dignidad y su negativa radical a aceptar el yugo.
Siguiendo la narrativa de las memorias de Albert Speer, el escritor francés Jean-Noël Orengo confección la novela "El desdichado amor del Führer", el gran mentiroso del Tercer Reich.
"Normandía 1944. Guía del campo de batalla", de Sergio Martínez, es una inmersión total en uno de los episodios más cruciales de la Segunda Guerra Mundial. Lo que ofrece esta guía del campo de batalla de Normandía. Creada para aquellos viajeros interesados y apasionados por la historia, une la precisión del hecho histórico con la experiencia contemporánea, permitiendo así conocer, interpretar y revivir lo que sucedió en ese lugar.
Ahora que los políticos se dedican a escribir libros para justificarse, ahora que los escritores se dedican escribir sobre política, ahora que los periodistas se atreven a hablar sobre la corrupción rampante de nuestra sociedad… ahora es la hora de escribir cómo veo el mundo desde la perspectiva de un ciudadano normal y corriente.
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Nuestro poema de cada día
En "Tercer movimiento", Blas de Otero reflexiona sobre el sentido del soneto frente al verso libre. A través de preguntas y metáforas, explora la rigidez del soneto y anhela la libertad expresiva del verso libre, iluminado por la música de Beethoven, simbolizando una renovación poética necesaria.
Nuestro poema de cada día
Blas de Otero busca liberar el soneto de su rigidez, proponiendo una extensión temática y métrica. En "Hagamos que el soneto se extienda", aborda recuerdos personales y critica la guerra y el imperialismo. Su poesía evoluciona hacia el verso libre, pero el soneto sigue presente en su obra.
En el caso de creer que el concepto de generaciones esclarece o facilita de algún modo la reflexión y el análisis en torno a la práctica de la escritura y el consecuente fenómeno literario -¡lo cual ya es creer!-, Luis Martín-Santos integraría, con las previsibles imprecisiones que dimanan de toda clasificación de orden temporal, la generación narrativa española del ’50, o la generación del medio siglo, o la generación de los niños de la guerra: aquellos que nacen alrededor de 1920 (Martín-Santos nace en 1924) y comienzan a publicar alrededor de los años de la década de 1950 (Tiempo de silencio conoce su primera edición en 1961): Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Marsé, Francisco Umbral, Juan Goytisolo, y un largo etcétera cuya enumeración resultaría no sólo ociosa, sino también innecesaria.
Nuestro poema de cada día
En "Gacela del amor con cien años", Federico García Lorca evoca el cortejo amoroso de jóvenes galanes en un paseo, utilizando un ritmo flamenco. A través de la repetición del "ay" y hipérbatos, refleja la atracción y las dificultades del amor homosexual, culminando en un paisaje aromático que simboliza el deseo.
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