Su nueva novela, "El juicio", trata sobre el pintor de cámara del rey, Francisco de Goya y Lucientes, que en un momento dado decidió poner a la venta un lujoso libro de estampas llamado los Caprichos. A pesar de que las ventas iniciales son un éxito, dos semanas después de su lanzamiento, Goya opta por retirarlo del mercado. En los meses posteriores, el contenido escandaloso de la obra comienza a difundirse rápidamente. ¿Qué motivos lleva a Goya a ocultar su creación más íntima? ¿Qué temores lo acechan? La joven Angélica Díez, acompañada por su padre, llega a Madrid con la intención de comenzar una nueva vida. En esta capital, se entrelazan las ideas ilustradas que recorren Europa y las instituciones como la Santa Inquisición, que aún se niega a desaparecer. Con el objetivo de hacerse un nombre en la sociedad de Madrid, Angélica se dirige a Goya para solicitarle un retrato. No obstante, la joven desconoce que esta decisión los involucrará en una peligrosa conspiración vinculada a la Inquisición, los Caprichos y un rumor que podría llevar al maestro a la ruina: se comenta que Goya ha retratado a una mujer desnuda. A medida que la Inquisición busca juzgar al pintor como una forma de demostrar su autoridad, Angélica se dará cuenta de algo que Goya ha conocido desde siempre… El arte es el arma más afilada para transformar la Historia. En la entrevista, Luis Zueco nos da algunas de las claves de su nueva novela. Su novela refleja el poder transformador que tenía el arte en el S. XVIII, ¿una capacidad imposible de apreciar en el S.XXI? ¿Hoy puede también mover conciencias? ¿O lo hace y no somos capaces de percibirlo? En el siglo XVIII la obra artística tenía un impacto más concentrado, casi escandaloso, porque rompía con un sistema de pensamiento muy rígido. Hoy vivimos saturados de imágenes y discursos, pero cuando una obra logra interpelarnos de verdad —en literatura, cine o artes plásticas— sigue produciendo ese mismo temblor interior que obliga a replantearse la realidad. En los últimos años, varios escritores se han atrevido a escribir sobre el pintor de Fuendetodos. ¿Faltaba la mirada de un aragonés de pro, como Luis Zueco? Más que faltar, cada aproximación aporta una sensibilidad distinta. Pero yo siempre veo que se repite con asiduidad Goya en Burdeos, cuando ese episodio de su vida no es el más relevante. Es la visión de un pintor excéntrico y muy mayor. Yo, en cambio, he querido mostrarlo en su plenitud, cuando quería cambiar el mundo y el arte, cuando lo arriesgo todo por sus ideales. Su novela ¿se caracteriza por presentar al pintor más humano, más libre y trasgresor? Es que ese es el verdadero Goya. Él fue un hombre lleno de contradicciones, ambiciones, temores y deseos de libertad. Esa humanidad lo hace cercano y comprensible, y permite entender mejor la radical modernidad de su obra. Si algo identifica al autor, es la rigurosidad con la que documenta sus novelas. ¿Dónde ha encontrado las mayores dificultades para escribir este libro y cómo ha sido el proceso? Sin duda en la parte artística, he tenido que ir mucho más allá de leerme todos los estudios académicos. He visitado colecciones, entrevistado a expertos, he tenido en mis manos primeras ediciones de su obra… Y también ha sido complejo en penetrar en la vida interior del pintor: los silencios que provoca la sordera, los matices de su relación con la corte, la tensión constante con la Inquisición. La documentación histórica ofrece hechos, pero la novela exige reconstruir emociones y atmósferas verosímiles. "Goya fue testigo del fin de una mentalidad antigua y del nacimiento de una nueva sensibilidad moderna"
Yo creo que es clave el origen tan humilde Goya, de niño desahucian en numerosas ocasiones a su familia. Lo mucho que le cuesta triunfar, como pierde los concursos a los que se presenta frente a pintores que hoy no conoce nadie. Pero nunca se rindió y aprovechó un trabajo poco gratificante para un artista como es hacer los cartones para tapices, para lucirse. Este es un mensaje importante, si hasta a un genio como Goya le costó triunfar, como no nos va a costar a cualquiera de nosotros. Y sin duda nunca hay que rendirse y hay que estar preparado y aprovechar cuando surja la mínima oportunidad. Por supuesto, me ha sorprendido la extraordinaria lucidez de Goya al captar los cambios de su tiempo. Fue testigo del fin de una mentalidad antigua y del nacimiento de una nueva sensibilidad moderna. También impacta su valentía al denunciar la violencia, la superstición y la desigualdad con una crudeza inédita. Goya retrata la desigualdad y la pobreza en Los Caprichos, pero se movía en la corte, le pagaban los poderosos… ¿cómo solventaba el pintor esta ambivalencia? Goya habitó esa contradicción constantemente. Vivía de encargos aristocráticos, pero utilizaba espacios más personales —como el grabado— para expresar su pensamiento crítico. Por eso Los Caprichos son tan relevantes en la historia del arte. Esa dualidad revela tanto pragmatismo como una profunda necesidad de libertad creativa. El pintor aboga por la libertad artística, en contra de la constricción que marcan los encargos, los premios… pero él vivía fundamentalmente de los encargos de los pudientes. ¿Cómo resolvía esa contradicción? ¿Es más fácil criticar cuando tienes la vida resuelta o requiere más valentía porque puedes perderlo todo? En el caso de Goya, su posición social le daba visibilidad, pero también mucho que perder. Precisamente por eso su crítica adquiere mayor dimensión ética: arriesgaba prestigio, encargos y protección política. Además, hasta en los encargos hace crítica. ¿Habéis visto la familia de Carlos IV, su cuadro más importante en vida? ¿Cómo los retrata? Es una genialidad. Goya no era sordo de nacimiento, ¿qué dificultad le ha planteado al autor este hecho para describir las interacciones sociales que establecía el artista? ¿Cómo ha planteado los diálogos en su novela? Narrativamente supone un desafío fascinante. La pérdida auditiva obliga a replantear la forma de comunicarse del personaje: gestos, miradas, silencios, intuiciones… Todo ello puede enriquecer la tensión dramática y ofrecer una perspectiva sensorial distinta. Ha sido de los mayores retos que me he encontrado. Luis Zueco combina a la perfección la narración histórica con la narración emocionante. En sus textos, ¿seguimos conociendo a los personajes principales a través de los secundarios? Es que los secundarios son la clave de toda buena novela. Es ahí donde un novelista se luce de verdad. Protagonistas atractivos siempre hay, pero secundarios… es eso mucho más difícil. Los que no leen novela histórica en general tienden al error de poner solo énfasis en la parte histórica. Mis novelas son de aventura, de misterio, de amor, de arte, de filosofía… son novelas totales.
Su obra plantea un doble juicio: el que hace el pintor a la sociedad, a la nobleza y el clero y el que la Inquisición le hace a él. Mostró mucha coraje y determinación al publicar Los Caprichos, libro que tan solo estuvo a la venta unas 2 semanas. ¿Hasta un hombre tan importante como él era incapaz de sustraerse al miedo que provocaba la Inquisición? El miedo es incontrolable y quizá el mayor de los males que podemos sufrir. Vivir con miedo es terrible. La fama o el talento no inmunizaban contra la persecución. La retirada temprana de Los Caprichos demuestra hasta qué punto incluso los espíritus más libres debían medir sus pasos en esta época. Goya utiliza el arte como espejo de la sociedad. Además de Los Caprichos, Los desastres de la guerra… ¿qué obra es determinante en la vida del pintor para Luis Zueco? Hay que tener en cuenta que ni los Desastres ni los Disparates se publican en vida de Goya, sino cuarenta años después de su muerte. Pero los Caprichos sí, son su obra más personal, más costosa, más libre y más valiente. Lo arriesga todo por ellos y eso es lo que quiero que el lector entienda en la novela, por qué lo hace. El arte no tiene por qué ser bello… ¿más importante que la belleza es lo que transmite al que mira? Pero, ¿también se puede denunciar a través de la belleza? Sí, pero es más complejo porque nos dejamos llevar por ella. Aún así, muchas veces una imagen hermosa contiene un mensaje inquietante que actúa con mayor eficacia precisamente por su atractivo formal. El arte nunca tiene respuestas sencillas, lo que hace es plantearnos preguntas complejas. Goya es el primer pintor moderno que saca el arte a la calle… ¿con qué mensaje le gustaría que se quedaran los lectores de El Juicio? Que la libertad creativa y el espíritu crítico son esenciales en cualquier época. Goya nos recuerda que el arte no solo sirve para decorar o entretener, sino también para cuestionar, incomodar y, en última instancia, ayudar a comprender mejor quiénes somos. Puedes comprar el libro en:
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