Un mundo onírico lleno de equívocos
Las pequeñas compañías de cómicos, titiriteros, saltimbanquis, faranduleros y mil nombres más que les podemos dar a esos representantes de textos dramáticos, trágicos y divertidos, musicales, vodeviles, dancísticos, mímicos… siempre depende de que alguien esté interesado en financiarlo o, al menos, pagar lo estipulado, lo convenido, lo ajustado para hacer las delicias y ser el deleite de propios y extraños, para ahondar en la raíz de la cultura, del entretenimiento, del solaz y la diversión, de la justicia poética, de la denuncia social, de engrandecer el panorama emocional y sentimental de los espectadores.
Albert Camus expresa en uno de los pasajes de su inconclusa y última novela, El Primer hombre, la extrañeza del hijo que contempla la tumba del padre muerto en la Primera Guerra Mundial. Un sentimiento que tiene su génesis en el absurdo que parte de que el padre muerto es mas joven que el hijo que le va a visitar. La esencia del absurdo de esa escena vital es, sin duda, una de las coordenadas presentes en su novela El extranjero.
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En el estudio, la atmósfera es distinta a la de sus conciertos. No hay multitudes gritando, ni luces estroboscópicas. Solo Nicole Denise Cucco —Nicki Nicole para el mundo— sentada con una taza de té, mirando por la ventana hacia un Buenos Aires que duerme. A sus 25 años, esta joven de Rosario ha redefinido el panorama musical latinoamericano: desde el fenómeno viral de "Wapo Traketero" hasta llenar el Movistar Arena, desde las colaboraciones con Bizarrap hasta su intimista álbum "Alma". Pero hoy, horas antes de partir para continuar su gira "Abre su alma" por Europa, no hablamos de cifras récord o premios. Hablamos de la niña que practicaba rap en su habitación, de los profesores que le enseñaron que los sueños se cumplen con trabajo, de la madre cuyo apoyo fue su prioridad absoluta, y de la responsabilidad de ser espejo para millones de jóvenes que se ven reflejadas en su historia. Esta es la conversación con la persona detrás del personaje, con la voz que convirtió la vulnerabilidad en su mayor fortaleza.
Nuestro poema de cada día
María Elvira Lacaci (Ferrol, 1916-Madrid, 1997) orienta su obra poética hacia la poesía social, en la que introduce elementos cristianos. Alcanzaron cierta popularidad en su momento Humana voz (1997, Ediciones Rialp), obra por la que recibió el Premio Adonáis en 1956 -fue la primera mujer en obtenerlo-; Sonido de Dios (1962, Ediciones Rialp); Al este de la ciudad (1963, Editorial Juan Flors, de Barcelona), con la que logró el Premio Nacional de la Crítica; Molinillo de papel (1968, Editora Nacional); y el libro de cuentos titulado El rey Baltasar (publicado en 1965 en la colección de Cultura Popular Juvenil de la editorial Doncel). Estos versos definen la humildad de su carácter: “Me siento vagabunda de las Letras. / Quiero comer mi pan con el mendigo. / Beber el vino de todos. / Tomar el sol, / tendida, / sobre la hierba húmeda”. (Del poema “A la poesía”, incluido en Al este de la ciudad).
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