La tesis principal del libro sitúa la batalla de Covadonga el 27 de octubre de 718, y no en 722. Para sostenerla, los autores relacionan la duración del reinado de Pelayo que recogen las crónicas —dieciocho años, nueve meses y diecinueve días— con la inscripción de la iglesia de la Santa Cruz, consagrada por su hijo Favila el 27 de octubre de 737, y con el testimonio de al-Maqqari, que ubica la rebelión durante el valí al-Hurr (716-718/719). Las fechas de 722, 733-734, 735 y 737, también vinculadas habitualmente a Covadonga, corresponderían a otras batallas. Según los autores, Pelayo libró al menos cinco batallas contra los ejércitos omeyas.
Covadonga tuvo un alcance global: mientras el califato concentraba su poder militar y naval en el asedio de Constantinopla (717-718), Pelayo escapó de Córdoba, donde permanecía como rehén. El libro enmarca la rebelión astur en la gran ofensiva omeya contra Bizancio, en lugar de presentarla como un hecho periférico y aislado.
Los autores descartan tanto que se tratara de una simple escaramuza como que combatieran 187.000 hombres. Plantean que el ejército omeya profesional estaba formado por entre dos y tres mil soldados y lo dirigía Al Qama, compañero de Táriq. Pelayo habría contado con entre mil y mil quinientos hombres. A juicio de los autores, una mera refriega no explicaría la posterior evacuación árabe de Asturias, la pérdida de más de 10.000 km² para el califato ni el surgimiento de un reino independiente.
Pelayo, integrante de la alta nobleza visigoda, había sido espatario de los reyes Witiza y Rodrigo. Era hijo de Favila/Beremundo, duque de Gallaecia, lo que lo convertía en sobrino de Rodrigo; además, estaba emparentado con el gobernador Munuza, quien se había casado con su hermana. En medio de una época de crisis climática, hambrunas, pandemia, guerra civil entre Rodrigo y Agila II e invasión extranjera, pasó de formar parte de la élite a ser «sometido» (dimmí), antes de alzarse.
La lucha enfrentó a David con Goliat: el reino de unos 20 000 km² y 140 000 habitantes que Pelayo dejó a su hijo era 560 veces menor y tenía 500 veces menos población que el califato omeya que lo combatía. En el 719 cayó Ardón, el último rey godo, pero Pelayo fue el único que consiguió que los árabes cedieran territorio. Resistió casi veinte años y murió en su cama en agosto del 737, con unos 55 años.
Pelayo pertenece a la historia, no al mito, sostienen los autores, que confrontan directamente la corriente hipercrítica. Las crónicas asturianas, compuestas hacia 881 sobre la base de textos de alrededor de 830, son anteriores a las fuentes árabes. También coinciden en lo esencial los testimonios latinos y árabes: Pelayo era un noble cristiano, fue rey de los suyos, se rebeló y no fue derrotado. Su ausencia en la Crónica mozárabe del 754 tampoco demuestra nada, pues esta tampoco menciona a Agila II ni a Ardón. Según los autores, su legado tuvo tres dimensiones —leyenda, memoria y carácter— y está en el origen de Asturias, León y Castilla, y, más adelante, de Portugal y España, algo que ya reconocían los propios historiadores andalusíes.
El nombre de Pelayo evoca por sí mismo la rebeldía de un hombre indomable que, contra toda esperanza, resistió en pie y con bravura a un poder aparentemente imparable. Ante el califato omeya, imperios, reinos y pueblos habían hincado la rodilla, desde la India hasta Hispania. Aquel poder, que estuvo a punto de franquear los muros de Constantinopla y avanzar más allá de los Pirineos, encontró frente a sí a un hombre y unas montañas: Pelayo y Asturias.
Pelayo nació en un reino poderoso, la Hispania visigoda, y formó parte de su élite. También tomó parte en las despiadadas luchas internas por el poder y vio cómo, bajo el peso de numerosos infortunios, desaparecía su mundo. Este libro recupera su figura en el contexto de su época: la de las grandes conquistas árabes y el final del reino godo, pero también la del nacimiento de Asturias, un nuevo reino capaz de enfrentarse a la marea islámica y de germinar más tarde en León y Castilla.
Con su maestría narrativa y su profundo conocimiento de la Tardoantigüedad, José Soto Chica, junto a Francisco Aguado, bizantinista y experto en el reino de Asturias, recorre un vasto escenario: de Toledo a Damasco, de Constantinopla a Cangas de Onís, de Sevilla a Poitiers y de la cordillera Cantábrica a la del Pamir. La vida de Pelayo que ambos rescatan se alza como un vuelo de águila sobre una biografía y una época tan universales como apasionantes y desconocidas. A su lado aparece una constelación de grandes figuras —hispanogodos, árabes, bereberes, bizantinos y francos—, hombres y mujeres imprescindibles para comprender al primer rey de Asturias y su gesta.
Pelayo, rey rebelde, sembró el germen de la resistencia y del enfrentamiento entre los herederos cristianos del antiguo reino godo y el al-Ándalus musulmán, una confrontación que en los siglos siguientes definiría buena parte de nuestra historia y nuestro devenir.
José Soto Chica fue militar profesional y estuvo destinado a la Misión de Paz de la ONU «UNPROFOR» (United Nations Protection Force). en Bosnia-Herzegovina. Un accidente con explosivos le costó una pierna y lo dejó ciego, lo que lo llevó a reencauzar su vida hacia su verdadera pasión, la historia. Apenas un año después del accidente se matriculó en la Universidad de Granada, y en la actualidad es doctor en Historia Medieval, acreditado como profesor contratado doctor, e investigador del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de la Universidad de Granada. Es autor de más de setenta artículos y capítulos de libro en obras especializadas y ha publicado seis libros de historia, entre los que destacan Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura, Visigodos. Hijos de un Dios furioso, El águila y los cuervos. La caída del Imperio romano y Leovigildo. rey de los hispanos, El dios incomprendido. El desafío del clima en la historia de la humanidad y Pelayo. El rey rebelde. José Soto Chica también es autor de novela histórica, con obras como Bajo el fuego y la sal, Egilona, reina de Hispania, El dios que habita la espada, que recibió el Premio Edhasa 2021, Pelayo. La novela del héroe que salvó Hispania, Hasta que pueda matarte y Tu sangre en mis manos. También ha recibido el premio honorífico Hislibris 2020 por su carrera literaria.
Francisco Avelino Aguado Blázquez (Avilés, 1962), doctor cum laude en Medicina y Cirugía (Universidad de Oviedo), bizantinista y experto en el Reino de Asturias, Miembro del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de la Universidad de Granada (CEBNCh), Miembro Numerario de la Sociedad Española de Bizantinística (SEB) y Miembro Numerario de la Sociedad Española de Historia de la Medicina (SEHM). Es autor de numerosos artículos sobre el periodo alto-medieval y de varias monografías, destacando El África bizantina: reconquista y ocaso (Publ. On line, 2005); Guía de Constantinopla, un Viaje a Estambul en busca de Bizancio (Avilés: Spania-Bizas Ediciones, 2007); Teología, Epistemología y Medicina en la Alta Edad Media (Oviedo, Spania-Bizas Ediciones, 2010); La medicina en el periodo iconoclasta de Bizancio (717-842): retroceso, estancamiento o avance (Oviedo: Universidad de Oviedo, 2016); Causa de muerte del emperador Constantino V. Un estudio histórico-forense (Valencia: Universidad de Valencia, 2018) «La medicina militar en Bizancio» (XIX Jornadas de Bizancio 2022) y San Julián de los Prados y la Asturias iconómaca de Alfonso II el Casto (Oviedo: García Casal, 2024). Es coautor junto a José Soto Chica del libro Pelayo. El rey rebelde (Desperta Ferro Ediciones, 2026).
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