• Diario Digital | Lunes, 23 de Abril de 2018
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"Chuquiago. Deriva de La Paz", de Miguel Sánchez-Ostiz, el retrato de una de las ciudades más vivas y literarias de toda América Latina

"La Paz no es París ni sus atractivos los mismos, pero allí no son los nombres de las calles, sino las calles mismas las que te atrapan: la gente, su pulule y su actividad de termitero, sus decires y lenguas, el aroma de sus guisos", señala Miguel Sánchez-Ostiz sobre la ciudad protagonista de su nueva novela.

"Chuquiago. Deriva de La Paz", de Miguel Sánchez-Ostiz, el retrato de una de las ciudades más vivas y literarias de toda América Latina

Si hay una ciudad amada en las geografías vitales de Sánchez- Ostiz, sin duda esta es Chuquiago, el nombre aimara de la capital boliviana, a la que va y viene desde 2004 (y, por contar el tiempo sumergido en ella, ya alcanza un año y medio de su vida). La Paz, ciudad de barrocos excesos, de realidades inabarcables, de acumulativa humanidad que impregna sus calles como trazadas a cordel.

ChuquiagoRecuerda el autor que Gómez de la Serna la hubiera bautizado como cataclismática. De su termitero urbano han hablado los propios (Jaime Saenz y Víctor Hugo Viscarra, sobre todo) y los ajenos (Allen Ginsberg, Christopher Isherwood, Paul Morand o Cees Noteboom). De Chuquiago en primera persona también escribieron los de aquí: Eugenio Noel, Ciro Bayo y Ernesto Giménez Caballero. Pero ningún retrato foráneo tan arrebatado como el que nos brinda la maestría literaria y el espíritu admirativo y zumbón del autor de estas páginas. Así son sus derivas por los laberintos callejeros pacenses, así el retrato de sus personajes inolvidables impregnando un relato vibrante de pura literatura.

En Chuquiago la realidad es mera fantasía, nos recuerda Sánchez-Ostiz, «¿para qué inventarse mundos imaginarios si están en La Paz?»

Miguel Sánchez-Ostiz es novelista, articulista, crítico de arte y literatura, ensayista, dietarista Y poeta, también ha hecho incursiones en la literatura de viajes. Su figura de referencia es Pío Baroja, de quien ha publicado varios trabajos biográficos y ensayos. Es la suya una obra ecléctica y singular en el panorama de nuestras letras, merecedora de algunos de los grandes galardones literarios, entre ellos el Premio Herralde por su novela La gran ilusión (Seix Barral, 1989), el Premio Nacional de la Crítica en 1998 por No existe tal lugar (Anagrama, 1997) o el Príncipe de Viana de Cultura, 2001.

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