• Diario Digital | Miércoles, 20 de Junio de 2018
  • Actualizado 07:26

"A LA INTEMPERIE DE TU BOCA", DE ISABEL ALAMAR

Poesía cargada de deseo

En estos tiempos de consumo la fiebre del deseo nos conduce por vías rápidas al encuentro de los cuerpos. Sin embargo, la relación erótica requiere de un inicio demorado, que los amantes den unos pasos a cámara lenta, donde el roce de la sugestión sea lo que conduzca a la emoción de quedarse disfrutando más tiempo, como una vela incapaz de consumirse. 

Isabel Alamar
Isabel Alamar
Poesía cargada de deseo

La alienación de la sociedad en la que vivimos nos ha hecho descuidar el descubrimiento, el tanteo, el perderse con el roce del otro, acercarse al amor. Isabel Alamar en su segundo poemario, A la intemperie de tu boca (Playa de Ákaba, 2018), reivindica la palabra como camino del encuentro erótico de un modo pasional y contenido al mismo tiempo. Como puede leerse ya en el poema pórtico, «Te busco y deseo»:

Desde los cielos más transparentes 

hasta las tierras más sombrías

[…]

te busco, te deseo.

Precisamente la búsqueda y el deseo actúan como un mantra que nos acompaña en la lectura hasta el último verso de este libro. Un canto al acercamiento del amor, no a través de las ideas, sino de la carnalidad de los cuerpos. De este modo se justifica el título del libro ya que por una parte, «la intemperie» tiene que ver con el extrarradio con las afueras y, por tanto, con el alejamiento; y de otra, «tu boca», actúa como punto de encuentro y de salida del encuentro amoroso.

Entre los logros de este poemario cabe destacar, como afirma Alfonso López Gradolí en el prólogo (p. 10), que

«no hay tono elegiaco ni tristeza contenida ni nostalgia difuminada ni melancolía ni vagarosidad, hay pasión contundente, naturalidad e indagación porque lo que no emociona o no es suficientemente fresco u original es desechado y no tiene cabida en esta obra».

El poemario está estructurado del siguiente modo: tras un primer poema pórtico, que supone toda una declaración de intenciones, dos apartados, «Contexto labial», como un camino de ascenso hasta la consumación, en los que se percibe una mayor ocupación del campo semántico de la lengua a medida que la autora expone todo un catálogo de besos. «Por estos besos herida está ya mi boca», así reza el primer verso del poema «Me enamoran los besos», en una muestra de dominio del verso y del beso, y llegar a la sensualidad íntima y cotidiana pretendida: «Voy persiguiendo y derramando miel / que se ensancha en la noche de tu cuerpo», puede leerse en el poema «Adjetivando tu cuerpo». La metáfora del mar se hacía esperar, aunque está irrumpe, como las olas en el conjunto del poemario, con gran fuerza: «Navego hacia el altar de tu boca, / hacia él fluyo y hacia él me desbordo», dirá en el poema «La cuna de mi deseo».

El segundo de los apartados pasa por ser el segmento más sensual del poemario. Lo demuestra la lectura de poemas como «El deseo», «A mordiscos» o «A las ocho te espero», por citar solo algunos ejemplos.

El beso provoca la unión de los seres amados («Dos cuerpos tumbados en la noca-la-intemperie de tu bocahe horizontal / son algo más que dos astros alumbrando», en el poema «De erótica»). Ser uno. El ser es completo cuando estampa este anhelo. La propuesta de Isabel Alamar radica, sobre todo, en la búsqueda del deseo, antes de ser término y hallazgo, afán por descubrir previa consumación («ansío / morir de gozo entre tus brazos», dirá en «Amándonos»), una ronda inefable («Así es este deseo aciago de quererte y no tenerte», en el poema «El deseo»), que se muestra paralela al encuentro de la palabra precisa y exacta que nos trae, a los lectores, recuerdos del Cantico espiritual de San Juan o de las Rimas de Bécquer. La profundidad del verso de la valenciana puede rastrearse en versos como estos: «Tengo las palabras de sor Juana Inés, / San Juan y el propio Dios en la boca», en el poema «En el templo de Eros».

En se mismo camino trazaba el haijin el pensar luminoso e incluso la esencia misma de la vida. Algo que la autora valenciana descubrió muy bien en su anterior poemario, Cantos al camino (Playa de Ákaba, 2017). Pero, en este poemario hay más corporeidad, una mayor concreción de los cuerpos que en nuestros poetas pre-simbolistas. La vorágine del encuentro perseguido es imagen vivida no una plegaria, así el léxico connota el encuentro amoroso: boca, besos, labios, piel, saliva, manos, dedos, sexo…   

El deseo se hace carne, en el tercer apartado, «Luz ovárica», título homónimo que recibe el último poema, que representa el final del camino, o, tal vez, podría concebirse como el principio, en una espiral amorosa infinita con el yo infinito retratándose en estado disconforme por no tener lo deseado, por no haber triunfado el delirio del amor. Como una sucesión de eslabones en la cotidiana intimidad que va del beso al verso.

no busco al príncipe, no,

sino al hombre vivificante,

capaz de extraer, a la altura

de todas mis circunstancias:

Luz ovárica.

Resulta casi evidente expresar que en esta persecución y acabamiento del deseo amoroso, lo que resulta difícil es acotar la emoción verbal ante tanta emoción. El campo semántico del deseo se alía con el campo semántico de la filología (sintaxis, verbo, contexto, métrica, consonantes, esdrújulo, ortografía, transitivas…). Junto a la contención expresiva, cabe señalar la musicalidad del verso conseguido por Alamar. Destaca el uso del verso libre que ilumina con su plasticidad en un ejercicio notable de depuración. Como prueba de que estos poemas trascienden la experiencia, algunos de estos versos evocan imágenes de composiciones de los grandes poetas que se han copado del tema amoroso: Aleixandre, Salinas, Neruda o Paz.

Lejos de la literatura de escaparates, que se ha convertido los libros que ocupan las principales estanterías de las librerías de renombre en España, esa que se conforma con lo superficial, "A la intemperie de tu boca", en cambio, persigue la aprehensión del encuentro amoroso mediante un vocabulario rico y preciso, imágenes sensoriales, metáforas, algunos hipérbatos y un verso libre que se despliega rápido y fluido con los encabalgamientos suaves, como se recorta y concentra debidos a las esticomitias, produciendo cuadros de luz física, deseo febril y sensual, constatación de la palabra en tensión, que, sin duda, desbordarán a los lectores.

Puedes comprar el libro en: