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"Ombres et lumière", de Catherine Guèble,

Ed. librinova, Linselles, Francia, 2026
lunes 03 de agosto de 2026, 08:07h
Ombres et lumière
Ombres et lumière
Sin duda, después de tres novelas, la autora francesa -Catherine Guèble que ha dedicado más de cuarenta años a la enseñanza de la lengua y literatura españolas en la zona de París- ha alcanzado una voz propia y reconocible con propuestas literarias tan originales como bien estructuradas que se ven con más ánimo de seguir la aventura tras el refuerzo epistolar con la novelista Amélie Nothomb. Se inicia con una primera novela titulada Murs, frontières et ponts (Muros, fronteras y puentes) que, desde una perspectiva autobiográfica nos adentra por este descubrimiento apasionante que no es otro que el placer de la escritura. En cierto modo, la novela se inicia el día de su jubilación en el Instituto Marie Laurencin de Mennecy, donde curiosamente fuimos colegas, compañeros de departamento y desde entonces amigos. Más audacia y más voluntad por apresar el lector surgen en su segunda novela, Un bébé toute seule, que implica genuina humildad, pero que podríamos traducir por Una mujer por sí misma. El libro, protagonista indiscutible de dicha novela tiene la palabra y discurre por entre las impresiones, sensaciones y emociones de lectoras y lectores.

Nos vuelve a sorprender con Ombres et lumière (Luces y sombras) aunque el título francés tiene esa voluntad en el orden de los factores, como veremos posteriormente. Un anhelo integrador, de verdadero compromiso humanista solidario, de guiño a la traducción y de modo especial a la música, universal y transgresora. Doce relatos y la traducción de uno de ellos en español conforman el volumen. De hecho, me parecería más que oportuno trasladarle la posibilidad de publicar en Libros Candente, dichos cuentos traducidos al español.

Un volumen que aborda la luminosidad existencial y también los aspectos más sombríos del día a día. Nuevamente, el componente reivindicativo feminista se vislumbra con tanta elegancia como certeza, ya que cada relato escenifica a una mujer que procede de medios sociales muy diversos, y, en esa paradójica diversidad, el dolor y la dicha comparten espacio y tiempo. El elemento que vincula todos los relatos es precisamente la música, a la que nuestra autora no es ajena, por pertenecer primero a un coro ciertamente exigente. Por si fuera poco, su compañero Yves Demeure es un músico sobresaliente que abraza el piano y la guitarra con delicadeza y pasión.

Exactamente, son los componentes más destacables de este libro, su pasión y la delicadeza poética con la que se expresa. Especialmente adecuada es la expresión que utiliza la propia autora para referirse a este volumen, un “patchwork”, un retazal mosaico que adelanta lo claroscuro, pero que se invierte en el título para devenir lo oscuro claro. De cualquier modo, se desea resaltar el protagonismo de mujeres en Francia, España, África, América Latina, es decir, crear profundidad, resaltar el deseo de traspasar fronteras, una constante en su narrativa, ahora realizable a través de la música.

Nos introduce en el relato “Auxi”, específicamente el que se traduce al español, la figura del “prête-plumes”, una palabra hermosa en francés, pero que se deteriora en su uso español, ya que se refiere al escritor fantasma (todavía pasa) o negro literario (tan desafortunado y ya es hora de sustituirlo). Un relato que va más allá de la etiqueta, pues el destino se forja aquí al tener que navegar, el nombre propio de Auxi recurre a la escasez, la soledad y, la necesidad de cerrar heridas. La imagen más espectacular es el contraste del hambre, que rubrica la transición casi animal de recoger sobras del suelo en Malabo frente al festín sensorial de Basilé (el niamé, la malanga, la yuca). Resonancias proustianas acuden al festín porque el paladar conserva la memoria de la supervivencia y del placer. Otro contraste radica en la fe como carga y refugio: Es paradójico cómo la educación religiosa, con su "Vía crucis" de rezos, se mezclaba con la frialdad de los traslados constantes, mientras que el verdadero "milagro" era ese plátano regalado con ternura por una monja anónima. Me fascina la referencia de la soledad como compañera, aludiendo a Georges Moustaki, definiendo a la perfección nuestra infancia, pero hay errancias, no hay raíces ni apegos, entonces el vacío es lo único que persiste de manera constante. El tratamiento estilístico se funde como una “película a cámara rápida”. El anhelo es ascendente, se quiere editar el final. Los símiles cinematográficos confieren mayor riqueza visual al texto, de manera que apreciamos ese viaje desde la carencia a la plenitud, desde la confusión de una niña con solo cuatro años, a la conciencia de una mujer. Al fin y al cabo, la escritora junto con sus lectores y a través de su literatura no solo se fija en el espejo del pasado, sino en el bálsamo del presente, pero además con exquisita sensibilidad va desnudando los rincones de la memoria para derivar hacia la reconciliación. Ser dueño de su vida es a todas luces el símbolo de la libertad y para garantizarlo hay que fijarse en los perfiles de la enseñanza y del aprendizaje. La música otra vez, una mezcla fascinante que retoma la disciplina del violín y la fuerza del hard rock, sin olvidar obviamente, la libertad de bailar descalza. Catherine Guèble desea que captemos las melodías de nuestras almas. Paralelamente, las reflexiones sobre identidad y sentido de pertenencia a una época forman otro corpus sustancia. Así sucede por ejemplo en “Les confessiones de Lucie/ Las confesiones de Lucía”, que, en gran medida traduce una crítica a la sociedad contemporánea, especialmente la era digital, la robotización, la cultura del ego y el culto a la imagen, sin olvidar incluir sus pasiones, de forma contundente, la música que es titular imprescindible de este nuevo volumen: “Demasiada conexión mata la verdadera. Sin suficiente anclaje auténtico. Pues, me juzgan como pasada de moda, hasbeen, anticuada, solterona. La gente es especialista para denigrar, para herir. Yo me he construido un caparazón, una bella concha protectora. Además, me gustan todas las conchas. Asumo quien soy. En esto estoy adelantada con respecto a mis congéneres. Mis veinte años me dan alas. Frida Kahlo escribió: “¿Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar?” Mis aficiones me ocupan todo el tiempo. Me refugio en la música. Mis gustos, muy eclécticos. Desde Mozart a las canciones de los años ochenta, pasando por el hard rock, el soul y el jazz”. Este posicionamiento implica el aprecio de la amistad, el valor de las leyendas, una cierta conexión con el cosmos y desde luego con la naturaleza.

El ruido de las olas, el mar en definitiva, a través de esa imagen tan pura y potente como la “concha de la suerte”, simboliza el anclaje de la felicidad. En efecto, la escritora francesa, tiene una deuda de gratitud para con la lengua de Cervantes, manifiesta en una tierra muy concreta: "Para mi mayor felicidad, me vincula con esta tierra soleada y acogedora que llevo dentro de mi corazón… Andalucía."

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