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"1493", de Charles C. Mann

Ed. Capitán Swing. 2025
martes 11 de agosto de 2026, 22:21h
1493
1493

Esta obra narra lo que ocurrió a partir del año siguiente al descubrimiento español de las Indias, para la consciencia de los europeos. Concepto más que aceptable y asumible, ya que América estaba más que habitada, desde hacía miles de años. En la actualidad, aunque comienza a producirse una reacción positiva hacia la Hispanidad, de las personas, historiadores y aficionados que utilizamos la inteligencia y el discernimiento para metabolizar la Historia de la América Hispana; todavía existe la barbarie intelectual antihispánica en algunas mentes poco preparadas y malpensantes.

Cristóbal Colón de origen ignoto, pero muy vinculado a los Reinos de Castilla y de León: ‘Por Castilla y Por León Nuevo Mundo Halló Colón’, sería su descubridor. El Rey Fernando II de Aragón y V de Castilla y de León y I de Navarra en ninguna circunstancia estaba a favor de que aquel atrabiliario personaje viajase a unos territorios innominados, para tratar de llegar desde allí hasta las tierras de las especias de Catai/China y Cipango/Japón y, sobre todo, por sus peticiones taxativas de ser nominado como virrey o visorrey. Un caso bastante diferente era el de la Reina Isabel I “la Católica” de Castilla y de León, quien siempre sintió una ternura especial hacia aquel hombre que llevaba con él a un niño huérfano de madre. Aunque ambos contemplaban los planes de viaje del marino como algo muy costoso, y que exigía un endeudamiento muy complejo y difícil de resolver en ese siglo XV. No se puede negar sobre la habilidad sociopolítica de Cristóbal Colón, ya que enseguida acudió a amenazar veladamente a los monarcas de Castilla y de León y de Aragón, que si no aceptaban sus propuestas llevaría sus estudios a la corte del Rey de Francia; este nuevo planteamiento era totalmente inaceptable para los Reyes Católicos. Sería, por consiguiente, la Reina Isabel I la que le enviaría un mensajero para que retornase a la corte. Colón también redujo sus ambiciones, y aceptó que únicamente fuesen dos carabelas y una nao los barcos concedidos, con una tripulación global de alrededor de noventa hombres. Sería el miembro de una importante familia de conversos de los Reinos de Aragón, Luis de Santangel (1435-1498), el que aportaría el pecunio necesario para la operación, realizando un préstamo al propio neoalmirante.

Todo cambió con su regreso triunfal en marzo de 1493: traía adornos de oro, papagayos de colores brillantes y no menos de diez indios cautivos. El rey y la reina, entusiasmados, apenas seis meses después despacharon a Colón en una segunda expedición mucho mayor: diecisiete barcos y una tripulación que en total alcanzaba posiblemente a mil quinientos hombres, incluyendo a una docena o más de religiosos encargados de llevar la fe a esas tierras nuevas. Como el almirante creía haber encontrado una ruta hacia Asia, estaba seguro de que China y Japón -con todas sus opulentas riquezas- estaban a apenas un corto viaje más allá. El objetivo de esa segunda expedición era crear un bastión permanente para España en el corazón de Asia, un cuartel general para la exploración ulterior y el comercio”.

No obstante, las fundaciones no tuvieron todas ellas un éxito asegurado desde el principio; ya que verbigracia en el caso de la isla de La Isabela, esta sería abandonada unos seis años después de su fundación. En este momento histórico, en el año 1494, el comercio y las comunicaciones entre la Europa occidental; donde se encontraban las más grandes naciones de la época, España, Portugal y Francia, estos estados tenían sus relaciones sociopolíticas y comerciales bloqueadas por el dogmatismo político y, sobre todo, religioso del Islam. Sea como sea, ya existía un comercio a gran distancia, por ejemplo, China enviaba seda hasta los estados ribereños del Mediterráneo, por la denominada como la Ruta de la Seda; el camino era, por su extensión, sumamente peligroso, pero enormemente lucrativo. Después del 12 de octubre de 1492, los ecosistemas chocaron unos con otros, y se mezclaron entre sí, por lo que de este modo y manera se produjo el denominado como Intercambio Colombino.

El día de Navidad de 1492 el primer viaje de Colón tuvo un abrupto fin cuando su nave capitana, la Santa María, encalló frente a la costa norte de La Española. Como las dos naves que le quedaban, la Niña y la Pinta, eran demasiado pequeñas para que cupiera toda la tripulación, tuvo que dejar atrás a treinta y ocho hombres. Cuando Colón partió de vuelta a España, esos hombres estaban construyendo un campamento, un montón de chozas improvisadas rodeadas por una tosca empalizada, al lado de un poblado indígena más grande. Ese campamento fue llamado Navidad, por el día de su involuntaria fundación (hoy se desconoce su ubicación precisa). Los pobladores nativos de La Española han llegado a ser conocidos como taínos. El asentamiento mixto español y taíno de Navidad era la meta que se proponía alcanzar el segundo viaje de Colón. Llegó allí en triunfo a la cabeza de una flotilla, con los tripulantes trepados a los palos en su ansiedad por ver la nueva tierra, el 28 de noviembre de 1493, once meses después de dejar allí a sus hombres”.

Lo único que se encontró serían ruinas, total y absolutamente de los dos poblados, el español y el taíno. El médico y cronista de la nueva flota escribió a los Reyes Católicos de que: ‘Vimos todo quemado y ropas de cristianos tiradas en la hierba’. Los indios taínos manifestaron a los españoles, que los europeos habrían violado a algunas mujeres indígenas, y asesinado a algunos varones; por lo tanto, la venganza y las represalias habrían sido inevitables. En vista del resultado de su fundación, el almirante decidió recorrer unas cien millas hacia el este, costeando durante un mes, hasta que el 2 de enero de 1494 fundaría La Isabela, ya que la bahía de fondeadero era poco profunda. Los españoles comenzaron a padecer escasez de víveres, con la consiguiente hambre y, sobre todo, la escasez de agua potable que evitase su endémica sed. Desde siempre Cristóbal Colón habría demostrado una incapacidad para administrar y gobernar todo lo que colonizaba. Para terminar de agravar la cuestión, ordenó a sus hombres que deberían limpiar la tierra para plantar verduras, y levantar un fuerte de dos pisos, donde pudiesen vivir y utilizarlo como defensa. La Isabela no era del agrado de los españoles como tierra habitable, y mucho menos dedicarse a la agricultura.

El 24 de abril Colón se hizo a la mar para encontrar China. Antes de partir ordenó a su comandante militar, Pedro de Margarit, que marchara con cuatrocientos hombres hacia el accidentado interior, para buscar las minas de oro de los indios. Tras recorrer las montañas sin hallar más que cantidades ínfimas de oro, y muy poca comida, los hombres de Margarit, hambrientos y en harapos, regresaron a La Isabela para encontrarse con que la colonia tampoco tenía mucho que comer: los que habían quedado atrás, resentidos, se habían negado a cuidar los huertos. Margarit, disgustado, requisó tres barcos y huyó a España, prometiendo denunciar toda la empresa como un desperdicio de tiempo y de dinero. Los colonos restantes, sin comida, empezaron a asaltar las provisiones de los taínos. Enfurecidos, los indios devolvieron el golpe y se inició una guerra caótica. Tal fue la situación que encontró Colón cuando regresó a La Isabela cinco meses después de su partida, terriblemente enfermo y sin haber conseguido llegar a China”.

Esta narración ensayística es lo que define como se fue desarrollando la Conquista y Colonia del Caribe, en el año de 1493; siendo todo lo que antecede, los cimientos para el genial edificio que serían los futuros virreinatos de La Nueva España y del Perú. Nunca América tuvo tantas posibilidades de respeto, enaltecimiento y desarrollo como lo fue siendo calificados como los españoles de América.

«Una historia apasionante sobre cómo los asentamientos europeos en la América poscolombina dieron forma al mundo. Hace millones de años, las fuerzas geológicas dividieron los continentes. Aisladas una de otra, las dos mitades del mundo desarrollaron conjuntos de plantas y animales radicalmente diferentes. Pero cuando Cristóbal Colón puso pie en América, puso fin a esa separación de un plumazo, y desencadenó una convulsión ecológica cuando los barcos europeos transportaron a miles de especies a través de los océanos. Este intercambio colombinoes la razón por la que hay tomates en Italia, naranjas en Florida, chocolate en Suiza o chiles en Tailandia. Poco después, otro español llamado Legazpi navegó hacia el oeste para tratar de establecer un comercio continuo con China. En Manila, la plata de América se vendía a los asiáticos a cambio de seda para los europeos. Así como Colón creó un nuevo mundo en lo biológico, Legazpi y el imperio español al que sirvió crearon un nuevo mundo en lo económico. Mann muestra cómo la red poscolombina de intercambio ecológico y económico fomentó el ascenso de Europa, devastó la China imperial, convulsionó a África y durante dos siglos convirtió a la Ciudad de México en el centro del mundo». ¡Explicaciones prístinas sobre el cómo y el porqué de la evolución de la América Hispana et nunc et semper! «Et hoc est quos comites. ET. Tibi colenda est virtus. ET. Quintilii Vare, legiones redde!».

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