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Marcos Ordóñez
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Marcos Ordóñez

"Juegos reunidos", de Marcos Ordóñez

Libros del Asteroide. 2026
miércoles 23 de septiembre de 2026, 18:17h

Acaba de fallecer Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957). Escribió novela (Una vuelta por el Rialto, 1999; Rancho aparte, 1997; Tarzán en Acapulco, 2001); libros de relatos como este que hoy –en homenaje póstumo– reseñamos para TODO LITERATURA; y obras relacionadas con el teatro y el cine: así, Ava Gardner en España (2004), Telón de fondo (2011), o Big Time: la gran vida de Perico Vidal (2014). Es asimismo autor de las biografías de Núria Espert y Alfredo Landa. Crítico teatral en El País desde el año 2000, estuvo vinculado durante años a la Universitat Pompeu Fabra, donde impartió guion cinematográfico y dirección de actores. Descanse en paz.

Juegos reunidos
Juegos reunidos

En el segundo volumen de Los diarios de Emilio Renzi su autor, Ricardo Piglia, predice: «El futuro de la narración no dependerá de la construcción imaginaria de un mapa de los hechos, sino de una combinación de autobiografía, observación y reflexión.» Para, más adelante, añadir: «Hay una tensión entre la forma breve y la novela que me gustaría enfrentar, es decir, llevar a la novela la velocidad y la precisión de la prosa del cuento, tratar de trabajar múltiples microrrelatos que se combinen y se expandan a lo largo del libro».

Ambas citas sintetizan aquí el quehacer del autor de Juegos reunidos. Formado por un conjunto de semblanzas, reseñas cinematográficas y musicales, poesías, epifanías, fantasías oníricas, reportajes narrativos y hasta por una novela corta, con este libro inclasificable (¿de relatos?, ¿narración de no ficción?, ¿novela?) Marcos Ordóñez persigue la combinación recetada por Piglia –a finales de los sesenta– para las narraciones venideras, y trata de conseguir esa misma velocidad y precisión en la prosa (que el argentino ya había alcanzado para 1997 en Plata quemada).

Las veinticuatro partes de Juegos reunidos conforman, a base de autobiografía y observación, pero sin dejar de lado la reflexión que generan los recuerdos, el tono narrativo que suele forjar un texto hábilmente cohesionado.

Hay tres reportajes narrativos centrados en Barcelona. Así Astor narra una excursión, en autobús y a pie, por barrios como el Carmelo, Can Baró y Guinardó. Pasan bares con música de flamenco, humos de churrería y hombres en camiseta bebiendo en la puerta –que recuerdan a películas neorrealistas como Accattone– y una de aquellas ciudades-jardín (tan de moda al comienzo del pasado siglo) diseñadas para existencias saludables. En Panorama desde el puente la ruta se centra en los puentes: se enumeran varios, pero acaba por preferirse el de Vallarca, puente de aspecto francés que genera recuerdos relacionados con el barrio en que se encuentra, el de la Salud: así, un encuentro con Gato Pérez, un legendario circo o alguna casa de citas. El último reportaje, Alcoholes, bebe tanto de la observación como del recuerdo de aquellas noches de juventud. Este relato hace referencia más a locales que a licores; había poco dinero y apenas se bebía ginebra o whisky, siendo el vino peleón el combustible etílico más utilizado. Desfilan el London, el Pastis o el Boadas, pero se nos descubren otros lugares no menos míticos ya desaparecidos. El Cristal City, severo como un bar de Parador Nacional, por el que eran detectables las sombras de Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral. O El Batikano, bar abierto en el Ensanche por un heterodoxo cura al que tocó la lotería. O Les Enfants, frente al London, donde la música de los Stones tenía su guarida. La nómina de personajes ofrece un alto recuento de bajas: a los escritores añadamos los músicos Gato Pérez y Jaume Sisa, empresarios de la noche como Oriol Regàs o musas trágicamente desaparecidas como Bel.

Este libro ofrece buen número de semblanzas. En Después de la noticia de su muerte El narrador, recordando los XXV años del fallecimiento de Jaime Gil de Biedma, regala su retrato aprovechando un encuentro que tuvo lugar en su casa con motivo de una entrevista. En La bandera de Sharon Tate se nos explica cómo la muerte de Sharon, el 9 de agosto de 1969, fulminó el espíritu de los sesenta. En En su mejor momento como mujer y como actriz el narrador recuerda cómo se hizo amigo de Malé Staufeld (trasunto de la actriz y cantante argentina Cecilia Rossetto). Contratada para protagonizar el musical Chansons éperdues el narrador viajará hasta París. En Redemption song el autor se relaciona con un cantante aficionado que actuaba en clubs de playa. Querido François repasa la filmografía del director Truffaut añadiendo a los títulos recuerdos ligados a ellos. Cerca de Gaztambide hace hincapié en El gran momento de Mary Tribune, novela de Juan García Hortelano.

Las reseñas cinematográficas, musicales y teatrales (a veces amalgamadas en una misma entrada) conforman otro grupo dentro de Juegos reunidos. Runaway rememora American Graffiti, dirigida por George Lucas en 1973. El narrador (que dice haberla visto más de 15 veces) resalta las actuaciones de unos jovencísimos Ron Howard y Harrison Ford, y su banda sonora (formada por clásicos como Runaway, Rock around the clock o Green onions). En Tres actrices el narrador opta por transcribir testimonios. La primera actriz, Mercedes de la Aldea, fallecida en un accidente, es recordada por actores y directores como alguien de prometedor futuro. La segunda, una nonagenaria Conchita Bardem, rememora una caótica gira sudamericana de Jardiel Poncela. Y la última, María Asquerino, actualiza sus tiempos de esplendor en el Gijón y en el Whisky Club, donde cantaba a Ava Gardner «Dos cruces», con sentimiento, al parecer, inigualable. En El chico que leía la revista Fans se nos informa de cómo la revista Fans (editada por Bruguera durante 1965-67) y sus lectores eran paradigma de una modernidad musical que estaba ya a la vuelta de la esquina. En Los misterios del parque Chas la película Roma (2004) de Adolfo Aristarain, despierta en el narrador recuerdos de su propia infancia que se proyectan sobre su obra literaria. Un viejo amigo habla de La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013). La identificación del autor con el personaje central, Jep Gambardella (interpretado por Toni Servillo) es grande: en Gambardella valora Ordoñez su refinamiento y su sensibilidad, aunque reconozca que su corazón es de hielo.

Pero no todo es prosa para Marcos Ordóñez. Cinco composiciones poéticas ofrecen ágil contrapunto. La edad de oro recoge las vivencias del autor, allá por 1977. El verano, sus medianoches detenidas en una Rambla abarrotada, y las tiendas de discos y librerías, dan tono a aquellos primeros años sin el sangriento caudillo, solo vencido por la muerte. Alguien no puede más averigua los motivos que generaron el ataque de locura que sufrió el actor Alfonso Bayard, reducido por la policía y fallecido poco después. Esqueleto es un recuento de las horas de un día cualquiera, de aplastante mediocridad. En Salmo el autor insta al lector a disfrutar en plenitud de la vida. Y en Quiero brinda una lista de deseos, algunos posibles y, la gran mayoría, imposibles.

Un grupo no muy numeroso de entradas es el compuesto por epifanías y fantasías oníricas. Una función incompleta cuenta lo que sucede en un autobús londinense cuando un malencarado negro anuncia sus propósitos de suicidarse. Resurrección cuenta en tono onírico la imprevista resurrección de la abuela del narrador. Y en Al anochecer, en un autobús barcelonés, se nos da noticia del inopinado vocabulario de una chica de suburbio.

Dejamos para el final la parte más extensa, constituida por la novela Nuestra canción, dividida en varios capítulos. En el I, Teodoro, un niño gallego, es acogido, en el verano de 1969, por sus tíos de Cambrils. Teo se amista con su primo, «el raro» Mario, capaz de leerse la obra de Agatha Christie sin pagar más que un volumen o de llevar unas gafas súper modernas. En el II los primos se reencuentran, ocho años después, en Barcelona. Teo ha ido a estudiar Periodismo y se aloja en casa de la madre de Mario, quien, en una onda contracultural, vive con otros estudiantes en un piso. Es la Barcelona de los cines de reestreno y las tiendas de compraventa de discos. En el capítulo III el narrador-protagonista descubre la marihuana y tiene su primera experiencia sexual. Mario colabora en varias revistas y renueva sus amoríos. Los cargas policiales en la Rambla, el Canet rock, y las experiencias lisérgicas colectivas, dan color local a este capítulo. En el IV el primo Mario se enamora de una joven a la que conoce en una redacción. En su piso de soltero consigue acostarse con ella. En el V Teo cuenta cómo su primo consigue que la chica acepte casarse. El último capítulo, el VI, refiere la descacharrante boda.

"Juegos reunidos" es un libro tan inclasificable como gozoso. Leerlo es lo mejor que pueden hacer para rendir tributo a este gran narrador prematuramente fallecido a los 69 años.

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