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Poesía Almeriense

sábado 19 de septiembre de 2026, 17:16h
A destiempo
A destiempo

En los últimos meses llegaron a mi buzón algunos libros que no he podido reseñar antes como me hubiera gustado. Dicho lo cual y lamentando la demora me disponga a hacerlo ahora. Como ya alumbra el título de esta reseña, trataré en este comentario de la poesía almeriense, al menos de los últimos tres libros recibidos y que creo merecen la atención del lector.

El primero de ellos lleva por título A destiempo, publicado por la editorial ‘Talón de Aquiles’ y autoría de Carmen López (Almería, 1968). Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, si bien su trayectoria profesional ha estado ligada a medios de comunicació. n tales como El País, El Mundo o la Voz. Hasta el momento ha publicado un poemario Avenida Silencio y una novela El hombre que vivió tres vidas. Con A destiempo regresa al género lírico después de algunos años de silencio. Para José Tuvilla, autor del prólogo, la poesía de Carmen López nos invita a realizar un viaje que transita a través del amor y de la ausencia. (…) A destiempo añade Tuvilla nos muestra un paisaje emocional a través de un desajuste temporal donde el «yo poéetico» a menudo habla desde un lugar de ausencia o pérdida. Y otras, mediante una constante conversación con un «tú» que ya no está o que está en silencio. Junto a este diálogo, la muerte y la memoria están presentes, como una declaración de intenciones, estableciendo un tono de testamento vital» Acierta Tuvilla con este comentario. La poesía de Carmen López nos llega desde dentro, desnuda y de una sensibilidad que el lector agradece tras la lectura de los poemas que conforman este poemario. Poemas cortos unas veces y más extensos otras, López nos invita a adentrarnos en ese espacio donde lo íntimo trasciende, es la voz de los silencios que habitan la casa, las calles o el propio pensamiento lo que importa y así construye y edifica un monumento a la palabra, a la vida: «El pecado / de ser mujer / solamente por serlo. / No recuerdo / ni cruz / ni guillotina / para esta certeza / de verterme / en mí, / hacia mis raíces», o, «Aún escribo y me descubro a mí misma / amándola como el primer día. / Y entonces lloro y escondo la cabeza entre las manos / y recojo las lágrimas que no logran escapar de entre los dedos / con las palmas, para después mirarlas y decirme a mí misma. / eso es lo que te queda de ella». Sobre el amor y su ausencia, la soledad, el dolor, el tiempo, la vida o la muerte escribe Carmen López en este que resume, a fin de cuentas, la fragilidad de los seres humanos, y en último término, también, la necesidad de creer, aunque sea A destiempo, que otro mundo es posible.

Dejó escrito el poeta Vicente Aleixandre: «La poesia tiene que ser humana. Si no es humana no es poesía». Y para serlo, añadiría, ha de nacer de la emoción, de aquello que nos distingue, ciertamente, como seres humanos, en ese discurrir por la conciencia y el alma de las cosas, de tal manera que sea el corazón del mundo. Con el tiempo a solas nos acerca a esa realidad humana en la voz y la mirada del poeta José Tuvilla (Guadix, Granada, 1958), si bien podríamos considerarlo almeriense tras varias décadas de residir en Almería. Tuvilla ha destacado, profesionalmente, como pedagogo e investigador por la paz, y es precisamente ese lado humano el que alumbra su poesía, que hasta ahora ha visto la luz pública en cuatro poemarios: Ritual de la palabra, Vibración de la ceniza, Paisaje con latido y Palabra adivinada. El propio Tuvilla nos dice a modo de confesión: «Escribir este libro fue aprender a habitar la soledad sin temor. No la soledad como vacío, sino como espacio donde el tiempo por fin se detiene lo suficiente para que podamos reconocernos. Y descubrir que también se hace soledad al transitarla, al permitir que sus sombras se vuelvan compañeras antes que enemigas. En estos versos, la soledad no es derrota: es el umbral necesario para regresar al mundo con otra mirada». Y otra mirada se atisba en este poemario escrito desde la madurez y la quietud, cuando todo es tiempo y espacio por vivir calladamente: «Porque esta soledad / no me acecha: / es la sombra fiel / que camina conmigo». Mas el sujeto poético observa la realidad en derredor y no puede sino compartir el dolor ajeno, sentirlo suyo en la distancia, y ya solo le importa “el otro”, la vida de los otros, y se rebela en un canto pleno de humanidad: «Más allá, otros cuerpos / la mar despoja y desmorona. / Y quedan, sobre la arena, / sin patria y sin la dicha / de otro tiempo. (…) En Brindisi, los inmigrantes / embarcan / Lo dirán los periódicos / como quien anuncia lluvia, / un naufragio lejano, / unas elecciones / o una guerra que estalla… El mar empuja. / Cada ola, hambre y miedo. / Cada miedo, una mordaza. / Y olvidamos el tiempo / para reír, para amar / sin que nadie robara las palabras». El poeta grita al tiempo que ama, es un dolor que se extiende por toda la piel del mundo; es un amor que alumbra los días y las noches, el universo entero, como lo está en este bello soneto: «No es cárcel el amor, ni es la cadena / que opr ime el pulso de la mano herida; / es cauce de una paz comprometida, / la voz que el odio y el rencor desdeña. // Es la luz en la palabra que resuena, / puente tendido al borde de la vida, / la mano que se entrega, decidida, / a transformar el gozo cualquier pena. // Persisto en este afán, en la esperanza / de construir el mundo en la ternura, / donde el amor sea escudo y sea lanza. // Abrazo esta verdad, la arquiectura / de un alma que en el otro se alcanza, / pues amar es la paz y es la cordura».

El tercero de estos libros recibidos, que de alguna manera representan la poesía almeriense publicada en los últimos meses lleva por título Días sin pájaros, autoría del poeta Perfecto Herrera Ramos (Berja, Almería, 1956). Como el propio autor indica: «En cada poema se debiera despertar el lenguaje abruptamente, despojarlo de la atadura que trae la convención, llevarlo a otro lugar del juicio y desprenderlo del papel para hacerlo piel, cuerpo, sangre, carne advierta y agredida; olor, caricia en el secreto puro de la noche y el misiterio; ceniza, polvo en el aire infausto del fracaso. Solo así así la poesía encuentra casa en el cuerpo, en la palabra, en el sonido de esa palabra que trae viento de otra afrenta e impulsa la propia para continuar desbordándose enteera en la mudanza que lo hace ir hacia la desesperada realidad del horror». La mirada del poeta es una herida que sangra y se precipita al abismo de esos días sin pájaros, grises, donde las sombras ocupan el espacio de un mundo que agoniza sin remedio en un dolor permanente: «Cierto, también hay días sin hojas y sin pájaros, / con pilastras de niebla por la boca / y manos invisibles desde la oscuridad… / Nunca se sabe a dónde van las lágrimas / ni la ceniza blanca que traspasa la boca, / nunca se sabe si es vacío este dolor. (…) Al final, al fin, solo es un día sin pájaros, / sin hojas y sin pájaros / en esta sed amarga de vivir la espera. / Permanezcan ahí como piedras oscuras, / como silencios negros al lado de mis alas». Es el dolor el centro y la esencia de este discurrir poético, la búsqueda de todos los significados posibles, un continuo ir y venir de la palabra de una orilla a otra del mundo, como el vuelo de las aves en un cielo de cenizas y llamas impregnando el planeta: «O nos salvamos todos / o morimos uno a una lentamente… / como un solo hombre, / como un solo eslabón, / de una cadena interminable. / ¡Duele el planeta, duele el mundo! ¡Troya es ya pasto del infierno!» Consigue Herrera contagiarnos con la esa luz que alumbra los días, su mundo es de otro mundo, expresión amarga, amorosa entrega a la palabra que redime y salva, que nos vive y es vida: «Vive y vive, y no te importe vivir. / Vivir con la boca / abierta, llena de tierra, de aire, de agua, de fuego. / Vive a bocanadas. Como si te fuera la vida». Cuarente y cinco poemas contiene Días sin pájaros, donde el lector hallará suficientes motivos para vivir la poesía de Perfecto Herrera, del que tomo estas últimas palabras: «Solo una enseñanza debiera desprenderse de esa experiencia humana que es el dolor: “Mientras dure la luz no habrá descanso, / no habrá descanso mientras haya vida».

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