“Nunca nadie te va a querer en la vida porque estás gorda”, así de crudo, así de real, así de sincero y escabroso. No es estar gorda o gordo, es SER gordo. Es algo evidente y que todos ven, que no puedes ocultar. Desde bien niña. Desde antes de tener conciencia de qué significaba tener kilos de más. Al principio no pasaba nada, simplemente no podías entenderlo, hasta que te das cuenta de que las demás se echan novio y tú no, de que las demás se ríen y tú no, de que sus padres las cogen en brazos y a ti no. Por fin, la protagonista, la gorda, se pone en el lugar de los gordos. De los obesos, de los sebosos, de los gordinflones, de los bola de sebo.
Nuestro poema de cada día
La humanización de los borricos, II. Con independencia del carácter poético de la prosa de Platero y yo, rica en imágenes sensoriales, nos parece oportuno subrayar esa maestría de Juan Ramón Jiménez en el uso del léxico para conseguir crear los oportunos climas afectivos. Así sucede, por ejemplo en los capítulos titulados “La carretilla” y “La cuadra”, que reproducimos y analizamos seguidamente.
Primo Levi. Y era como un junco que se levanta a pesar del viento en contra y de la ciénaga que lo acoge. Era como las cenizas esparcidas de los cuerpos calcinados, que forman una niebla que se mete en los ojos y nos hace llorar sin remedio. Era el olor a quemado, la delgadez de los cuerpos, el frío, la soledad, el hambre, la tortura de la inquietud de no saber qué ocurrirá luego.
"El día más blanco" es un relato autobiográfico donde el enorme poeta chileno Raúl Zurita escudriña, melancólica y despiadadamente, en su infancia y juventud mirando, de reojo, lo más duro de la historia reciente de Chile. Lo publica Literatura Ramdon House.
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Nuestro poema de cada día
El porqué de la obra. Juan Ramón Jiménez insistió hasta la saciedad en que su obra Platero y yo no tiene como destinatarios a los niños. Indiscutiblemente, la versión definitiva de 1917, con 138 capítulos, no es un libro para niños; y es muy discutible que lo fuera la versión de 63 capítulos, publicada en 1914, por la editorial La Lectura, en su “Biblioteca Juventud”. Bien es verdad que estos 63 capítulos escogidos por el autor para dicha edición, amén de la profunda lección de humanidad que encierran, resultan ser de los más alegres y poéticos del conjunto de la obra, y que en ellos se ofrece una visión idealizada del mundo de Moguer, con abundante presencia de niños y de animales domésticos. Y no es menos cierto que el libro terminó por convertirse en un clásico de la Literatura Infantil, y que su lectura llegó a ser poco menos que inexcusable en los primeros niveles educativos, tanto en España como en Hispanoamérica. Pero Juan Ramón Jiménez -insistimos- no escribió Platero y yo para los niños. Y ya que los niños del primer tercio del siglo XX leyeron la obra, se nos ocurre preguntarnos si su lectura -en la versión de 138 capítulos- está al alcance del lector infantil -y juvenil- actual.
Nuestro poema de cada día
Dentro de la Generación poética del 27, a Pedro Salinas se le conoce, fundamentalmente, por ser “el poeta del amor”, afirmación que respaldan dos títulos: La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936), de los que fue musa inspiradora la norteamericana Katherine Prue Reding (1891-1982), con posterioridad, Whitmore, por su matrimonio.
SALA DE LECTURA
Poco antes del abismo todo se transforma y lo desconocido hace acto de presencia. Recordamos entonces el devenir de las cosas sencillas. Desciende el cuerpo a los infiernos que es como regresar a la vida, al origen de la voz y la palabra, dones supremos. Caminar sobre el agua, recorrer las paredes bocabajo, flotar en el aire hasta sumergirnos en el inmenso firmamento o el ajardinado solar de las estrellas. Sólo hay que dejarse llevar por su música interior. Remover las entrañas mismas, buscarse en el vuelo del águila o la corriente de un río, en la copa de un árbol o en el silencio absoluto de un desierto sin nombre.
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