Pareciera que hay gente que nace al borde de una playa, de una orilla de mar, de repente, y se quedan inmóviles, o corren a esconderse y, súbitamente, los demás se asombran.
El poema "Los besos" de Vicente Aleixandre celebra la unión pasional entre amantes a través del acto de besar, simbolizando vida y muerte. Utiliza versos heptasílabos y recursos estilísticos que reflejan la belleza del amor y su conexión con la naturaleza, culminando en una exaltación del mundo dorado de los besos.
En el verano de 1941 el novelista salió de Molledo (Cantabria) en bicicleta rumbo a Sedano, en el corazón del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. ¿El motivo? Compartir miradas con su amada, Ángeles de Castro. Desde entonces, mantuvo vivas tres grandes pasiones: el ciclismo, la naturaleza y su mujer. He aquí el rincón burgalés que enamoró a Delibes y todos los encantos que esconde la ruta ciclista más romántica de España.
Aunque su infancia transcurrió en Málaga, Vicente Aleixandre vivió en Madrid -que fue su lugar habitual de residencia- desde 1909. En 1925, una grave dolencia -tuberculosis renal que traería como consecuencia, en 1932, la extirpación de un riñón- le aleja de cualquier actividad profesional o social y le fuerza a llevar una vida de reposo y cuidados clínicos que favorecerá su dedicación por entero a la poesía, al convertir el placer de escribir en auténtica necesidad.
"Laberintos", el segundo poemario de Rafael Mesado (Betxí, 1962), es un poemario extenso y rico por su variedad de temas y por su fuerza evocadora. Publicado por la editorial Huerga y Fierro, y con sus ciento noventa y dos páginas equivale a la experiencia de leer tres poemarios, porque no es poco el aprendizaje que se obtiene de su lectura.