Puñal de puño de aluño
¡Escuchad, ved, comprobad!, nobles varones y damas de alto copete, barones y marquesas, hidalgas y petimetres, zascandiles y chisgarabís, lo que pasa, lo que ocurre, lo que acontece, en el barrio de Chamberí, si el bolsillo y el tiempo caluroso lo permite.
Para morirse de risa
De repente, se te muere alguien. Se te muere, no a ti, sino que se muere, así sin más, la persona a la que estabas atendiendo, cuidando, y ofreciéndole tus mejores conocimientos de empatía, de comprensión, de atención personalizada.
La miseria humana
La versión de La barraca firmada por Marta Torres y dirigida con mano implacable y tremendamente emocional por Magüi Mira en el Teatro Fernán Gómez es un puñetazo amargo y poético de una belleza envolvente.
Esta es otra historia
Artesanal y sencilla es la puesta en escena, una gran estructura de madera, que en barcaza a la deriva se transforma, mientras que una tela rajada y roída hace de vela y, en alguna ocasión, tapará ciertas vergüenzas.
Tres segundos en silencio
¡No ha nacido una estrella! Un silencio de tres segundos, un blanco, como se denomina en el argot teatral, un grito ahogado, un plañir sin lágrimas, sin eco, queda en vaho, nadie te oye, todos permanecen a la expectativa, estás solo, a partir de ahora, te vas a quedar solo.
¿Cómo se decía? ¡Gracias!
“¿Cómo era, Dios mío, ¿cómo era?”, es el primer verso del poema Retorno fugaz de Juan Ramón Jiménez. Bien pudiera aplicarse aquí a la afasia, a la pérdida paulatina del habla que está sufriendo Michka, interpretada magistralmente por Gloria Muñoz en Las gratitudes, basada en la novela de Delphine de Vigan, y que Juan Carlos Fisher, junto a Marta Betoldi en la adaptación, explora en la fragilidad humana a través de la pérdida del lenguaje. Si perdemos el lenguaje, también perdemos la memoria, quizá también los sentimientos, la capacidad de transmitir las emociones, el ritmo de la vida, la armonía interna de los pensamientos.
Así, tal cual
Su teatro se basa en el gesto y en el humor. Pero eso no les redime de investigar, los puñeteros. Ofrecen al público el sarcasmo, la crítica mordaz, los detalles íntimos de sus vidas. ¡Ah, no!, perdón, esto creo que no.
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La historia a trompicones
Hay obras en la dramaturgia actual que avanzan en línea recta y otras que se despliegan como un mapa roto.
Un tiempo infinito
Hay una sensibilidad herida que no se quiebra en la dramaturgia contemporánea española, un hilo de luz milagroso con el que Carolina África teje minuciosamente la geografía oculta de nuestra fragilidad humana.
¡Mierdra!
¡Mierdra, mierdra, mierdra! No es que se me traben las letras, es que hay conseguir el objetivo, a toda costa, de llegar al poder y, después, hacer lo que nos dé la gana.
El sinónimo de libertad
Hermanas, un vínculo que desconocen, los secretos guardados, la España represora, no todos hablaban la misma lengua.
Las palabras navegan por nuestra mente como si fueran barcos surcando un mar infinito. Sin embargo, un día el agua se transforma en tierra y el barco se hunde. Y, las palabras, dejan paso al silencio. Como nos dicen en esta obra de teatro: «Hay que hablar cuando todavía quedan palabras». Esa orden o deseo es, sin duda, la mejor forma de convertirnos en seres vivos, porque el lenguaje es el instrumento que nos permite transmitir pensamientos y sensaciones que nos acercan al otro, por más que nos digan también que: «Las palabras duelen, dejan huella».
Cuando el diálogo no basta
Todo en obras, en reconstrucción, en reformas. La casa de Roald Dahl, su vida privada, sus declaraciones públicas sobre el estado de Israel y su invasora ocupación sobre territorios ajenos.
En dos únicas funciones se ha representado en el Teatro del Barrio la obra “Animal o la salida humana”, una adaptación de Matias Bertilotti del relato Informe para una academia, que Franz Kafka escribió en 1917 contando la historia de un simio que es capturado y entregado a una Academia de Ciencias y Artes para ser humanizado.
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