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Por Alberto Pino

martes 14 de marzo de 2017, 06:35h
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Yo no soy Madame Bovary
Yo no soy Madame Bovary

Existe en nuestro país cierto recelo hacia cinematografías menos comunes en nuestros cines y hacia películas que, en general, provengan de lugares más alejados de Europa, además del gigante Estados Unidos. El exotismo se prejuzga como una amenaza de incomprensión ante lo que se va a ver y, normalmente, genera un aura crítica que afecta a todo el visionado.


  • Yo no soy Madame Bovary

Drama | 128 min. | China 2016
Título original: Wo Búshì Pān Jīnlián.
Título: Yo no soy Madame Bovary.
Director: Feng Xiaogang.
Guión: Liu Zhenyun (Novela: Liu Zhenyun).
Actores: Fan Bingbing, Dong Chengpeng, Fan Wei, Guo Tao.
Estreno en España: 10/03/2017
Productora: Sparkle Media / Huayi Brothers
Distribuidora: Vértigo Films.

Sinopsis
Li Xuelian monta un falso divorcio para obtener un segundo apartamento, pero su marido se vuelve a casar inesperadamente. Después de recurrir al juzgado sin éxito, Li emprende un absurdo periplo de diez años.

Crítica
Existe en nuestro país cierto recelo hacia cinematografías menos comunes en nuestros cines y hacia películas que, en general, provengan de lugares más alejados de Europa, además del gigante Estados Unidos. El exotismo se prejuzga como una amenaza de incomprensión ante lo que se va a ver y, normalmente, genera un aura crítica que afecta a todo el visionado.

Es cierto que Yo no soy Madame Bovary es una película de un carácter cultural muy marcado, una obra profundamente localista que nos adentra en una China para muchos desconocida, y que esto puede suponer un lastre debido al contraste cultural del espectador occidental. Sin embargo, la historia trata temas tan universales y desde un punto de vista tan humano que el riesgo de la falta de identificación desaparece a los pocos minutos de ver su planteamiento.

El agujero en el dique

La obra de Xiaogang Feng pone el foco en una serie de personajes inmersos en la trama que se orquesta tras el divorcio de su protagonista, Li Xuelian. Este foco se sitúa tanto en el guión (el fondo) como en la realización (la forma) de una manera poco usual y sorprendente para los espectadores: la película se desarrolla en su mayor parte en un formato circular, en lugar del panorámico al que estamos acostumbrados. Así, nos pasamos gran parte del tiempo observando esta historia a través de un ojo de buey en el que el director coloca hábilmente todos los elementos que quiere que veamos.

Esto provoca efectos diferentes: En primer lugar, elimina casi totalmente los ambientes y escenarios en los que se sitúan los personajes, dejando claro que lo importante aquí son los seres que viven esta historia. También genera esa sensación de que lo visionado (y vivido) es un cuento al que se nos deja asomarnos, casi una fábula antigua que el espectador descubre y se queda a ver por un agujero en la pared.

Sin embargo, el formato y sus implicaciones pueden ir más allá si se reflexiona sobre una de las frases mencionadas en la película: Un gran dique puede caer por un agujerito. Si contemplamos la obra en su conjunto, especialmente desde su connotación más política (las apariciones de altos funcionarios y los tejemanejes de las altas esferas son un tema omnipresente) podemos deducir que el director nos da a entender que ese gran dique es el gran sistema jerárquico imperante en su país, y que ese agujerito es, precisamente, una pequeña historia de una modesta campesina que acaba agitando los cimientos de toda esta organización. Y, precisamente, esta trama la vemos a través de un agujerito.

Entre todos los personajes, esa mujer

Al final, Yo no soy Madame Bovary es la historia de una mujer fuerte, decidida y luchadora, que se enfrenta a una sociedad y, en general, a un mundo que únicamente busca perpetuarse y conseguir sus fines, sin importarle en ningún caso aprovecharse de ella o utilizarla si es posible. Frente a esto, el personaje interpretado por Bingbing Fan se erige como un pez nadando a contracorriente, con una motivación que parece excesivamente simple y plana para todo el esfuerzo realizado, aunque finalmente nos demos cuenta de lo contrario.

En definitiva, la película juega con la forma de manera narrativa, y cuenta con un fondo de temáticas universales que facilitan su comprensión. Todo esto se narra con un ritmo pausado, un tiempo realista en el interior de sus escenas, aunque increíblemente acelerado entre ellas (hay varias elipsis que acaban contando más de 20 años de historia) para formar una obra compacta y emocionante.

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