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Juan Vilches
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Juan Vilches (Foto: Javier Oliaga)

Entrevista a Juan Vilches, autor de “Largo invierno en Paris”

“La posguerra española ofrece el escenario ideal para una novela de espionaje”

Juan Vilches es un reconocido escritor madrileño, radicado en Alcalá de Henares donde da clases de Derecho. Grandísimo escritor, es una excelente persona con la que da gusto hablar y, por supuesto, entrevistarle. “Largo invierno en Paris” es su tercera y exitosa novela que en esta ocasión publica Ediciones B. En la novela nos muestra el Paría de la Segunda Guerra Mundial. Una ciudad que lucha contra el hambre y la invasión, mientras el lujo y el glamour se mantiene en los ambientes nazis y colaboracionistas. En medio de todo, una prestigiosa diseñadora francesa lucha porque la guerra termine lo antes posible.

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Juan Vilches (Foto: Javier Oliaga)

El autor ha tardado cuatro años en documentarse y escribir sobre ese Paris gélido que describe su libro. Con una trepidante trama de espías, traiciones, amor, glamour, moda y alta costura, la novela nos presenta las contradicciones que los dos bandos mantenían y todo ello en ese largo invierno que acabo con la entrada de las tropas españolas republicanas en un París contradictorio y paradójico. Juan Vilches nos vuelve a enganchar con sus historias de una manera que no nos deja ni un momento de descanso hasta el final del relato. En la entrevista nos cuenta algunos de los secretos de la novela, otros los tendrán que resolver el lector.

Han pasado cuatro años desde la publicación de “Te prometo un imperio”. ¿No son muchos años de espera para sus lectores?
Siento que mis queridos lectores hayan tenido que esperar, pero cuando lean “Largo invierno en París” comprenderán perfectamente el motivo de la tardanza. Cada novela requiere su tiempo, y así como hay novelas que se pueden escribir en unos pocos meses, otras requieren años

¿Se considera un escritor lento?
En absoluto. Cualquiera que me lea puede comprender fácilmente el profundo estudio histórico previo que hay detrás. No es lo mismo escribir una novela ambientada en el momento actual y con personajes desconocidos, que una novela ambientada hace setenta u ochenta años y con personajes históricos. Cuando se trata de una época pasada hay que ser exquisito tanto con la época como con los personajes para que sea creíble desde el punto de vista histórico.

¿Cuánto tiempo ha tardado en documentarse para escribir la novela? ¿Cuánto tiempo le llevó escribir “Largo invierno en París”?
Con la documentación he tardado cerca de dos años. He tenido que investigar muchísimo sobre una época y unos personajes tremendamente complejos. No ha sido una tarea nada fácil. La novela contiene muchos hechos históricos, y no quería cometer ni el más mínimo error. Tengo un gran respeto por el lector.

Escribir la novela me habrá supuesto más de un año, y multitud de correcciones hasta que adquiere el aspecto final. Repito lo de antes: la trama es muy compleja, y tenía que atar muchos cabos, sin dejar nada sin resolver.

Sus dos últimas novelas tienen tramas de espionaje a comienzos de los años cuarenta del pasado siglo. ¿Qué le atrae de este periodo? ¿Se siente a gusto escribiendo sobre él?
La posguerra española ofrece el escenario ideal para una novela de espionaje. No hay que olvidar que, durante la Segunda Guerra Mundial, España fue el país neutral con mayor número de espías aliados y alemanes actuando en su territorio. Madrid era un hervidero de espías. A modo de ejemplo te diré que la embajada alemana en Madrid enviaba diariamente más mensajes a Berlín que la embajada alemana en Roma, y eso que eran aliados.

En esta ocasión la trama se centra en tres personajes Daniela, Jeff y Gabrielle. ¿Cómo definiría a Daniela y Jeff?
Daniela pertenece a la vieja aristocracia francesa. Es una joven muy bella, modelo de alta costura, con un pasado misterioso, que trabaja como secretaria particular de Gabrielle Chantal. Bueno, más que trabajar, soporta las impertinencias de su excéntrica jefa. Jeff es un periodista español, corresponsal de un diario madrileño en París, descreído, cínico y carente de valores, al que solo le interesa la diversión y el placer. Un peligroso donjuán sin ningún pudor, al que le encanta disfrutar de la vida al máximo, especialista en conquistar mujeres casadas porque son las únicas que no le plantean problemas.

¿En quién se ha basado para crear el personaje de Gabrielle? ¿Por qué no ha utilizado su verdadero nombre?
El personaje de Gabrielle Chantal está inspirado en la famosa modista Coco Chanel. En esta novela seremos testigos de sus desconocidas actividades como agente secreto al servicio alemán. No he utilizado su verdadero nombre con el fin de dotar al personaje de una mayor libertad de acción. Además, no quería que alguien se confundiera y pensara que se trata de una biografía sobre Coco Chanel. Al final del libro comento que me he inspirado en la célebre y polémica modista.

¿Cómo era realmente Coco Chanel? ¿Fue una espía del bando alemán?
Coco Chanel tenía una personalidad compleja y fascinante. Un auténtico genio que solo surge una vez cada cien años. Surgió de la nada, de la pura miseria, y levantó todo un imperio, con cuatro mil trabajadores a su servicio. Creó una mujer nueva, moderna, activa, independiente, y todo gracias a la moda. Contribuyó a la emancipación de la mujer mucho más que todos los movimientos feministas juntos. Tenía una personalidad arrolladora y al mismo tiempo un gran carácter endemoniado. Podía ser un ángel, tierno y seductor, y embelesar a su auditorio, y minutos después, sin solución de continuidad, transformarse en un demonio insoportable: irascible, irónica, mordaz y despiadada. Además, era una trabajadora infatigable, muy perfeccionista, exigente y con un pánico enfermizo a la soledad. Coco Chanel podía ser odiosa y exquisita al mismo tiempo, pero en cualquier caso, siempre sublime.

Por la novela desfilan personajes históricos como Benito Mussolini. ¿Es difícil encajar personajes de este tipo en una trama de ficción?
Es tremendamente complicado. Si no se quiere faltar a la verdad, se tiene que estudiar muy bien al personaje para que resulte creíble. Y para conocer bien al personaje hay que acudir a muchas fuentes: desde sus más encarnizados enemigos hasta sus más fervientes admiradores, sin olvidar los diarios de sus compañeros y familiares. Luego hay que introducir a ese personaje en la trama, y hacerle actuar como un personaje más.

¿Calificaría su novela como histórica o es más una novela de espías?
La verdad, contiene elementos de ambos géneros. Se podría decir que es una novela histórica de espionaje.

En la novela hay traiciones, asesinatos, una historia de amor, glamour, moda y alta costura. ¿Son estos los ingredientes principales para conseguir mantener la atención de los lectores?
Desde luego esos ingredientes son excelentes para mantener la atención de cualquiera. ¿Quién se puede resistir a un cóctel tan explosivo?

Para usted, ¿qué es más importante en una novela, lo que se cuenta o cómo se cuenta?
Ambas cosas son importantes. Recuerdo una frase, atribuida a Orson Welles, que decía más o menos lo siguiente: “con un guión bueno se puede hacer una película buena, una película regular o una película mala; con un guión regular, sólo se puede hacer una película regular o una película mala; con un guión malo, sólo se puede hacer una película mala”. Con la novela ocurre lo mismo: sólo con una buena historia se puede hacer una buena novela. Bien es cierto que si la forma es mala, se puede convertir en un libro malo. Pero por muy buena que sea la forma, una historia mala sólo dará lugar a un libro malo.

Utiliza en la novela varios cambios temporales. ¿Ayuda esta forma de narrar para mantener la historia de la novela?
Creo que es un buen recurso para mantener la atención del lector.

¿Cómo era posible mantener el glamour en una guerra tan cruenta?
En París, las clases privilegiadas y los gerifaltes de la colaboración mantuvieron un nivel de vida de vida bastante alto. El dinero, ya se sabe, abre puertas, algo terrible, pero cierto. Aunque los parisinos sufrieron las incomodidades propias de una ciudad en guerra, en cambio hubo gente privilegiada a la que no le faltó casi de nada gracias al mercado negro. Además, los alemanes, al llegar a París, admiraban tanto la belleza de la ciudad que se propusieron conservar el lujo y el glamour de épocas pasadas, aunque solo dentro de su ámbito… y lo lograron.

¿Por qué sólo trata la Guerra Mundial en los últimos nueve meses antes de la toma de París?
Fueron los meses más intensos. La Resistencia intensificó sus atentados, aprovechando el declive alemán. Y las represalias de los alemanes se incrementaron, con fusilamientos de rehenes inocentes. Los últimos meses del París alemán son semanas de hambre, angustia y terror. Y con la vaga esperanza de una próxima liberación. Con esos ingredientes, el ambiente no podía ser más apropiado para una novela.

Por cierto, ¿por qué cree que tanto Leclerc como De Gaulle hicieron todo lo posible para ocultar que fueron tropas españolas republicanas las primeras por desfilar en Paris?
Puro chauvinismo. Los franceses no podían consentir que toda la gloria de haber entrado los primeros en París se la llevaran unos españoles. Cuatro años antes, Francia había sido derrotada por los alemanes en un mes y medio. Llevaban cuatro años de ocupación nazi, con actitudes colaboracionistas bastante vergonzosas. Si cuando por fin liberan París se descubre que los primeros en entrar en la ciudad no fueron franceses, sino españoles, su amor propio no lo hubiera soportado.

¿Apoyaron los franceses a la Resistencia?
Se ha mitificado mucho el papel de la Resistencia. Es cierto que en los últimos meses tuvo una presencia más activa, pero no es cierto que todos los franceses pertenecieran a la Resistencia, ni mucho menos. Su número fue, más bien, bastante escaso. Algunos autores calculan que entre el 2 y el 3% de la población. Donde tuvo mayor popularidad fue en el campo, no en las ciudades. Y gran parte de la Resistencia estaba compuesta por republicanos españoles, que eran, precisamente, los que mejor experiencia tenían en combate después de tres años de reciente guerra en España.

¿Cuál fue el comportamiento de los franceses respecto a los judíos que vivían en Francia?
En Francia, al igual que en muchos países europeos, imperaba un antisemitismo feroz. El odio a los judíos no era patrimonio exclusivo de los nazis, aunque ahora nos quieran vender otra cosa. Si uno lee los periódicos franceses de antes de la guerra, no encontrará mucha diferencia con lo que pregonaban los nazis hacia los judíos. La mayor detención de judíos que se produjo en París fue la redada del Velódromo de Invierno, y en ella participó de manera muy activa la Gendarmería francesa.

Para terminar, ¿qué ha primado más en su novela, el dar a conocer unos hechos históricos o la acción de la trama?
Los hechos históricos acompañan a la trama, y tienen un papel primordial porque, sin este importante sustrato histórico, “Largo invierno en Paris” sería una novela atemporal carente de sentido.

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