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"Arte: La vida en busca de sentido", de Francisco Acuyo

Entornográfico ediciones, Granada, 2025

sábado 31 de enero de 2026, 21:20h
Arte: La vida en busca de sentido
Arte: La vida en busca de sentido

Afirmar que la obra de Francisco Acuyo es tan inteligente como necesaria, elegante como sutil y que constituye un gozo para lectores/as más exigentes es una simple constatación. Su nuevo libro, "Arte: La vida en busca de sentido" es un ensayo que se nutre de lo multidisciplinar y que nos teoriza la existencia desde la mirada lírica y poetiza lo teórico desde el tensar la cuerda del arco. Es una exploración meticulosa del impulso creativo humano y, ahí radica lo sustancial, de su potencial terapéutico, al considerar el arte como eje constructivo para dar sentido a la vida.

Si en su libro anterior, El mal, aroma de la nada, el escritor granadino, Francisco Acuyo, abordaba el tema del mal en el mundo, con connotaciones filosóficas y literarias sobre la existencia y la muerte, más aún sobre esa extrañeza de percibir belleza en un mundo degradante, en la que un servidor quiso ver las resonancias de las reflexiones profundas de Georges Steiner sobre el poder del lenguaje, el arte y la literatura como contrapeso a la barbarie y la inhumanidad, en el volumen que nos ocupa, integra en gran medida los aportes de autores clásicos, todo ese sustrato científico para subrayar la creatividad inherente en la vida cotidiana y “la sanación emocional”. Hemos de resaltar este enfoque terapéutico del arte actuante en buscar sentido y en formular sanaciones. Más aún, no circunscribe el potencial creativo al ámbito artístico sino también al cotidiano. Esa combinación de escritura precisa y sugerente a la vez, que bucea por autores clásicos, Séneca, Empédocles, Parménides, Lucrecio, Shakespeare, Goethe, Huxley, Machado, Lorca, Novalis entre otros, y, Pannikar, Fromm, Kandinsky, Spinoza, Kingsley, Baudrillard, Frankl, Jung, Luck o el propio Acuyo, entre muchos otros también, marcan una guía no para contrastar arte y búsqueda de sentido sino para su armónico vínculo y su posterior propósito de bienestar, fijando cierta excepcionalidad en el campo de la poesía, donde letras y ciencias se abrazan con Francisco Acuyo. En el magnífico prólogo de Antonio Campos, se nos indica con total acierto: “La ventaja de Francisco Acuyo para disecar y analizar en su ensayo como la incorporación de un proceso creativo vinculado al arte, en todas sus dimensiones, construye sentido y en su caso, genera efectos terapéuticos, es muy clara y evidente”.

Destaco también la cuidada edición de Entorno Gráfico ediciones así como las aportaciones de Martín Noguerol.

Por consiguiente, la forma en la que el pensamiento explica el mundo entraña un descubrimiento previo con la poesía, tarea ineludible de Francisco Acuyo que nos instala en la realidad del mundo y nos proporciona herramientas para comprender esa realidad, es decir, localiza la Residencia en la tierra, “a través del arte, aprendemos que la verdad íntima que nos habita, contiene también una vida que discurre cuando la voluntad consciente no interviene...El arte planifica y vivifica...El arte es la residencia en la tierra que no renuncia al cielo del espíritu, porque es capaz de transformar la materia, donde se conectan lo físico y lo psíquico”, nos escribe Acuyo, pág.83.

La línea ensayística sigue la lucha entre la razón, la lógica y lo específicamente considerado como impulso creativo, con frecuencia de resultas de fuentes visiblemente irracionales, condicionadas sin duda por el anhelo pasional, la vocación descubridora y esa simbiosis de experimentación y sueños. Necesitamos sentir, lo que sea, decía Virginia Woolf. Por consiguiente, para cualquier tarea, especialmente en el ámbito de la ciencia, se requiere un método, una visión comparativa, un señalar puntos empíricos, pero además hay que ser creativos. Es el gran aporte de Acuyo, que en gran medida, aboga por el desencorsetarse, trascendiendo lo localizable y especializado para insertarse en un proceder solidario y multidisciplinar, descartando esas fronteras más artificiales que efectivas impuestas por sistema. Lo imaginativo es el complemento absolutamente imprescindible. ¿Cómo si no, podríamos atender a las propuestas de la mecánica cuántica? Se produce además una enorme paradoja, pues en tiempos de crisis solo el espacio de la creatividad es capaz de resolverla, peor aún, los límites, restricciones cuando no rechazo del ámbito creativo por clasisficarse como de “poca utilidad”, parecen más una estrategia del sistema en que vivimos, acaso un principio regidor que nos aplicamos “sin pensar”. Resulta chocante que el retroceso se haga relieve, pues que exista un debate sobre si la tierra es plana, o que la opinión de la mediocridad se imponga al saber, es prueba evidente de ir “contracreatividad” y sobre todo de ir en retroceso. La vida no es un proceso de descubrimiento sino de creación nos deja escrito el poeta Khalil Gibran. En este sentido, resaltamos los hallazgos del filosófo, Peter Kingsley que entendía que la filosofía occidental, lejos de ser puramente racional, tenía raíces en una tradición mística griega arcaica que valoraba la experiencia directa de la realidad, lo cual se revela en figuras como Parménides y Empédocles, a menudo malinterpretadas por la historiografía tradicional que los consideraba lógicos y científicos, cuando en realidad eran curanderos y místicos conectados a ritos como la incubación y cultos apolíneos, lo que expone en obras como En los oscuros lugares del saber. Por consiguiente, no hay que cuestionar para nada los procesos racionales del ser humano para la vida por su extraordinaria utilidad, pero que resultan insuficientes cuando llega la enfermedad física o mental, que necesita además de la medicina alguna estimulación más. Así, por ejemplo, el capítulo final, el autor pone las artes plásticas en conexión con el fenómeno enigmático de la conciencia, en cierto modo, insistiendo en esa necesidad de introspección para luego arrojar la creatividad de manera terapéutica. El arte como implementación del sentido de la vida que concierne a todo ser al margen del nivel de conciencia con el que asuma ese proceso de creación, es decir, tanto en condiciones de salud como cuando se está sujeto a condiciones patológicas.

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