Si bien algunos pueden permanecer ajenos a esta realidad, la mayoría de los estadounidenses son dolorosamente conscientes del control que la adicción a los opiáceos ejerce sobre su país. Beth Macy nos lleva en un viaje que expone a Purdue Pharma y a los hermanos Sackler, a los médicos que ganan mucho dinero con el "control del dolor", a los traficantes callejeros que aprovecharon la demanda cuando los pacientes se quedaron sin opciones legales y destruyeron pueblos enteros en el proceso, así como a toda la burocracia, la falta de financiación, la retórica política y la lucha por mantener con vida a los adictos el tiempo suficiente para que tengan la escasa esperanza de que algún día logren superar su adicción, que suele seguir el patrón de: Oxy, Roxy y luego heroína. La autora ofrece al lector retratos íntimos de las víctimas, sus familias y el infierno absoluto que han vivido. Macy no se anda con rodeos. Este libro es crudo, aterrador, frustrante y te puedes llegar a indignar profundamente. El gobierno, al menos durante los últimos veinte años, bajo administraciones republicanas y demócratas, ha fallado estrepitosamente. Su enfoque es obsoleto, ineficaz e impide que las personas tengan la oportunidad de una vida productiva, además de ser muy poco efectivo para frenar la epidemia mientras se enriquecen con el dinero de las grandes farmacéuticas y las cárceles con fines de lucro. Al terminar de leer este cúmulo de desgracias, no queda más remedio que sentirse abrumado por el dolor. Cualquiera que tenga un mínimo de consideración y empatía hacia el prójimo sentirá desolación por las familias que perdieron hijos o hermanos, a veces más de uno, con familias enteras involucradas en el consumo de opiáceos, ya sea vendiéndolos o consumiéndolos. Ni nos imaginamos lo duro de quienes viven con la adicción y los seres queridos que deben vivir en un estado de incertidumbre constante y preocupación permanente. Una madre estaba tan desesperada que incluso quitó todas las puertas de su casa para que su hijo no pudiera ocultar su consumo de drogas, pero todo fue en vano. El síndrome de abstinencia es tan terriblemente doloroso que algunas personas consideran el suicidio para evitarlo. Es difícil de comprender, y es difícil leer sobre personas que viven en tales circunstancias, y aún más complicado de asimilar el hecho de que más vidas se destruirán si la mentalidad del país no cambia. El ensayo está muy bien estructurado, presentado no solo a través de estadísticas, la historia y las diversas formas en que se aborda la adicción a los opiáceos (desde las fuerzas del orden hasta las compañías farmacéuticas, los médicos, las cárceles y el gobierno, todos con cierta responsabilidad), sino también desde la perspectiva de las familias que viven con la adicción, ya sea luchando contra ella, viendo a sus seres queridos sucumbir o viviendo en agonía. Su representación, su voz, es lo que hace que el libro sea tan poderoso. Si bien no ofrece respuestas ni soluciones fáciles, "Dopesick" sí que presenta algunas pruebas de que el problema se puede llegar a mitigar. Cuanto más informados estemos, más conscientes seremos de lo fácil que esto podría sucederle a usted o a uno de sus hijos. Seremos más diligentes, estaremos atentos a las motivaciones de nuestro médico y solicitaremos diferentes métodos para el manejo del dolor, ya que la oxicodona es tan adictiva que una sola dosis de analgésicos puede ser suficiente para un desenlace fatal. Puedes comprar el libro en:
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