Sonetos metapoéticos, I.Raro es el poeta español que, desde Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, no ha compuesto algún soneto. Basta con consultar la ingente “BIBLIOTECA DEL SONETO”, publicada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, y compilada por Ramón García González. Los autores figuran ordenados por la letra inicial de su apellido). https://www.cervantesvirtual.com/obra/biblioteca-del-soneto-autores-letra-a--0/
El soneto clásico tiene un esquema perfectamente estructurado: 14 versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos, con rimas consonantes: ABBA/ABBA en los cuartetos, y varias combinaciones posibles en los tercetos, que introducen por lo general tres rimas d, en el verso istribuidas a capricho del poeta (CDE/CDE es una de las más comunes); aunque también puede haber solo dos rimas (en cuyo caso el esquema más frecuente es CDC/DCD. Algunos autores han puesto su ingenio poético para explicarnos cómo se elabora un soneto; y, de entro ellos, hemos elegido a Baltasar de Alcázar. El poeta sevillano Baltasar de Alcázar (1530-1606) nos ofrece este poema de carácter burlesco y festivo -un soneto sobre el propio soneto- en el que le promete a una dama llamada Inés que le va a revelar un secreto; pero cuando se quiere dar cuenta, ha llegado al último endecasílabo con el que se cierra el soneto y no le revelado nada a Inés; pero ha compuesto un perfecto soneto. (El poema no pasa de ser un “juego metapoético” con la estructura convencional del soneto). El poeta ha recurrido a la rima CDC/DCD en los tercetos. Y creemos conveniente matizar el verso segundo, en el que el “yo poético” se dirige a Inés -todo el soneto es un apóstrofe lírico- llamándola “bella enemiga”, con lo que sigue el tópico petrarquista “dolce mia nemica”, muy difundido en nuestra literatura del Siglo de Oro, y con el que se expresa el intenso sufrimiento al que se ve sometido, rechazado por la dama -es la crueldad del desdén-, exponente máximo de belleza. También advertimos que, en el verso 11 (“y el orden de decillo ya estudiado”), y en la forma “decillo”, se ha producido la asimilación de la r final del infinitivo a la l del pronombre enclítico; de forma que el sonido resultante era similar al de la ll, que es una consonante palatal lateral. Esta asimilación cayó en desuso a finales del siglo XVII, y se mantuvo la secuencia /r.l/, si bien se conservó en la pronunciación en zonas ocupadas por los dialectos meridionales del castellano, en particular en el ámbito rural. Este es el soneto, que o bien reproduce como título el primer verso, o bien se sustituye por “A Inés”, que es la receptora del soneto (una palabra, por cierto, que se repite hasta cuatro veces, una en cada estrofa).
A Inés
Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en éste siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.
Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga,
que van fuera ocho versos del soneto.
Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado,
que teniendo el soneto ya en la boca
y el orden de decillo ya estudiado,
conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés es acabado.
********** También es de Baltasar de Alcázar este otro soneto, que lleva por título “A un mal soneto” y que no pasa de ser una diatriba burlesca contra la mediocridad poética, lo que no es aplicable al poeta: mientras finge maldecir, en general, al soneto -cuya composición encierra cierta dificultad, dada la rigidez de sus normas-, va componiendo su propio soneto, demostrando su dominio de la métrica a lo largo de todo el proceso creativo. Y, de nuevo, la rima empleada en los tercetos es CDC/DCD.
A un mal soneto
-Al soneto, vecinos, al malvado,
al sacrílego, al loco, al sedicioso,
revolvedor de caldos, mentiroso,
afrentoso al Señor que lo ha criado,
Atalde bien los pies, como el taimado,
no juegue dellos, pues será forzoso
que el sosiego del mundo y el reposo
vuelva en un triste y miserable estado.
Quemadle vivo: muera esta zizaña,
y sus cenizas Euro las derrame
donde perezcan al rigor del cielo.-
Esto dijo el honor de nuestra España
viendo un soneto de discurso infame;
pero valióle poco su buen celo.
El soneto tiene dos partes bien diferenciadas: los dos cuartetos y el primer terceto por un lado, y el segundo terceto por otro. En los versos 1-11, “el honor de nuestra España” (verso 12), al haberse topado con “un soneto de discurso infame” (verso 13), se dirige en tono conminativo a “los vecinos” -nombre vocativo-, y les ordena -empleando la segunda persona del plural del presente de imperativo- :“Atadle bien los pies” (verso 9), “Quemadle vivo” (verso 5)“. De esta manera, la primera parte se convierte en una imprecación que va entrecomillada. Y en cuanto a la segunda parte (versos 12-14), es necesario desentrañar su sentido metafórico. “El honor de nuestra España” (verso 12) alude a un excelso poeta que defendía la belleza literaria intentando erradicar la mala poesía; sin embargo, los esfuerzos que hizo para lograr tan elevados fines (”verso 14: “su buen celo”) no le sirvieron de nada (verso 14: “pero valióle poco”), puesto que los malos sonetos siguen existiendo (verso: 13: “viendo un soneto de discurso infame”). Adviértase el leve hipérbaton del verso 14, motivado por la rima consonante /-élo/: “pero valióle poco su buen celo” (“celo” rima con “cielo”, en el verso 11). Repárese, además, en el tipo de adjetivos de marcado carácter peyorativo que utiliza el poeta, en el primer cuarteto, para calificar un mal soneto: malvado, sacrílego, loco, sedicioso, mentiroso, revolvedor de caldos [creador de cizaña -porque altera el sosiego-, metomentodo, alborotador], afrentoso al Señor que lo ha criado” [ofensivo para el Creador]. Alguna pareja expresa ideas afines, aunque no son exactamente sinónimos: “sacrílego/afrentoso al Señor”.
Y también debemos comentar el sentido metafórico del segundo cuarteto: “Atalde bien los pies, como el taimado, / no juegue dellos, pues será forzoso / que el sosiego del mundo y el reposo / vuelva en un triste y miserable estado” (versos 5-8). El soneto es “taimado” [ladino, sagaz]. Y cuando el poeta le pide a los vecinos “Atadle bien los pies, como el taimado / No juegue dellos” (versos 5-6), utiliza la palabra “pies” como símbolo bisémico (pies humanos y pies métricos); hay, por tanto, que amarrar bien el poema “por los pies”, para evitar que, con su maliciosa astucia, no cause devastadores efectos (rompiendo la regularidad del cómputo silábico o la consonancia de la rimas); porque si se deja al poema campar a sus anchas, alterará la armonía del conjunto originando un auténtico caos (versos 7-8). Y también el primer terceto requiere una interpretación metafórica: “Quemadle vivo: muera esta zizaña, / y sus cenizas Euro las derrame / donde perezcan al rigor del cielo”. El poeta sigue exhortando -más bien ordenando- a los vecinos para que acaben con la mala poesía, y lo hace en términos hiperbólicos: la “cizaña” destructora de cosechas -es decir, el mal soneto- debe ser quemada viva, que es la mejor forma de erradicarla (verso 9); y ya se encargará el viento del este -el Euro- de dispersarlas (verso 10) y de arrojarlas en un lugar desolado por las inclemencias de un tiempo riguroso (verso 11). Dicho en otras palabras: el poeta desea la absoluta aniquilación de la mala poesía, y para ello pide la colaboración de sus “vecinos”. [Hay que tener presente que, en el siglo XVI, el vocablo “vecino” tenía un significado algo distinto al actual (“que habita con otros en un mismo pueblo, barrio o casa, en vivienda independiente”). Por entonces un vecino no era simplemente alguien que vivía al lado. El término tenía un fuerte peso legal, social y fiscal: era un cabeza de familia con bienes raíces y plenos derechos civiles en un municipio]. Puedes comprar su obra en:
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