Nuestro poema de cada día
Durante más de doscientos años (siglos XIII y XIV), la actual provincia de Jaén fue tierra fronteriza entre cristianos y musulmanes, lo que, lógicamente, propició numerosos hechos de armas. La divulgación oral de estos hechos fue el caldo de cultivo que fermentó una poesía popular y anónima, que relataba los sucesos de esta época, y que canalizó en los llamados “romances fronterizos”. Estos romances se caracterizan por su sencillez y por su carencia de recursos complicados de versificación; y precisamente el ser simples y pegadizos es lo que les ha valido perpetuarse hasta nuestros días, primero oralmente y después impresos. Se ha criticado en ellos la falta de rigor histórico, pero hay que tener en cuenta que se trata de poesía y no de historia; que al principio se transmitían de forma oral; y que fueron compuestos en épocas posteriores a las de los sucesos que relatan, lo que permitía a sus autores la incorporación de situaciones y personajes meramente “decorativos” sacados de su imaginación.
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La publicación de "Hijos de la ira" sitúa a Dámaso Alonso en el ámbito de una poesía de intención anticlasicista y antiformalista -en respuesta al neogarcilasismo de José García Nieto y de otros poetas de la llamada “Juventud Creadora”-, más humana y auténtica. Los poemas titulados “Insomnio”, “De profundis”, “La injusticia”, y “La obsesión” -sirvan como ejemplo- son una buena muestra de esta poesía que anuncia lo que más tarde se llamará “poesía social”. Para un amante de la poesía, estos poemas, reproducidos a continuación, resultan de lectura obligada: late en ellos una fuerte temperatura afectiva, compatible con un empleo riguroso del lenguaje que aprovecha los recursos fónicos de los vocablos -y el versículo- para suscitar las más diversas emociones.
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El poema de Maite García-Nieto refleja el despertar de la protagonista a través del canto insistente de los pájaros, simbolizando libertad. Su lírica destaca por musicalidad, sencillez y un profundo lirismo, fusionando emociones y naturaleza en una obra que invita a la reflexión sobre el desasosiego y el anhelo de libertad.
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La originalidad de la plasmación literaria de tópicos sobre la muerte y la vida
En riqueza temática, Quevedo está muy por encima de Góngora. Su mente poderosa, excepcional en su siglo, se sintió atraída por cuestiones políticas, teológicas, filosóficas y morales, expresadas con un idioma cargado de gravedad, y con un estilo sentencioso, conciso, agudo, de austera sobriedad y penetrante profundidad de pensamiento.
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Excepcionalmente, Manuel Machado evoca, como es propio de los escritores de su tiempo, en el poema “Castilla” -incluido en Alma, su primer libro-, lo esencial del espíritu castellano que encarna la figura del Cid Campeador, empleando con gran habilidad los recursos propios de la estética modernista. Este es el poema.
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1. La expresividad del hipérbaton gongorino. Los poemas de Luis de Góngora presentan un recurso propio de la poesía renacentista: la complicación de la frase con continuos hipérbatos, que tienen su más exacerbada manifestación en la Fábula de Polifemo y Galatea y, más todavía, en las largas estrofas de las Soledades. En estas composiciones, la intensificación del hipérbaton es tan exagerada que dificulta enormemente su comprensión, y no pueden entenderse sin un considerable esfuerzo; como el que llevó a cabo Dámaso Alonso para hacérnoslas inteligibles. Y de entre los distintos hipérbatos que el gran especialista gongorino señala [1], tiene un especial valor estilístico el llamado hipérbaton distensivo, que consiste en separar, distanciándol as, dos palabras que deberían ir seguidas, con objeto de alargar o aumentar la idea expresada; tal y como puede comprobarse en la siguiente estrofa -la sexta- de la Fábula de Polifemo y Galatea:
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Las convulsiones que agitan al ser humano -guerras, persecuciones, horror ante el holocausto nuclear...-, y que alteran la belleza y el orden de la vida, gravitan sobre Jorge Guillén y su obra da un giro radical: desde el optimismo de Cántico se pasa a la protesta del poeta ante la situación de permanente agresión que sufre la condición humana el poeta; y así surge Clamor. No obstante, hay en Clamor hay algunas poemas que demuestran que el poeta no sucumbe ante las circunstancias que le rodean y amargan las vida, y con los que va recuperando ese tono festivo de que hace gala en Cántico. Y a este grupo de poemas pertenece el titulado “Epifanía”, que reproducimos y comentamos a continuación.
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Nuestro poema de cada día
Intitulado y anónimo, el soneto que comienza con el endecasílabo “No me mueve, mi Dios, para quererte” está considerado como una de las composiciones de más desbordante lirismo de la literatura española. Con razón lo incluyó Marcelino Menéndez Pelayo en su célebre antología Las cien mejores poesías líricas castellanas (Edicomunicación, Santa Perpetua de la Mogoda -Barcelona-, 1993); y para el eminente crítico Marcel Bataillon, constituye “el más ilustre soneto de la literatura española”. Estos son los catorce versos de esta apasionada manifestación de amor a Cristo, cuya dimensión humana sobrecoge al lector:
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La simplicidad del lenguaje de Gloria Fuertes, los llamativos juegos de palabras, el encanto poético de sus ingenuas imágenes... han sido siempre el mejor caldo de cultivo para atraer a los más pequeños hacia la lectura del verso (y son docenas los títulos publicados por, entre otras, las editoriales madrileñas Escuela Española, Susaeta, Torremozas...) que han logrado aupar a Gloria Fuertes en un lugar de privilegio en la literatura infantil de nuestro país.
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De la extraordinaria capacidad de Francisco de Quevedo para la expresión del sentimiento amoroso es indubitable testimonio el soneto titulado “Amor constante más allá de la muerte” (“Cerrar podrá mis ojos la ostrera / sombra que me llevare el blanco día...”), considerado por Dámaso Alonso como “probablemente el mejor de la literatura española” [1]. Sin duda, Quevedo alcanza en él, tal y como acertadamente señala Esteban Gutiérrez, la formulación definitiva de un motivo muy presente en su poesía amorosa: el de la trascendencia del amor, de su amor, que vence a la muerte, pero con la diferencia sustancial de que aquí el amor trascendido no solo ocupará su alma, sino también su cuerpo. Este es el impresionante soneto:
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Texto de Ovidio en las Metamorfosis (Libro I, versos 548-552).
Vix prece finita torpor gravis occupat artus,
mollia cinguntur tenui praecordia libro,
in frondem crines, in ramos bracchia crescunt,
pex modo tan verlox pigris radicibus haeret,
ora cacumen habet: remanet nitor unus in illa.
Traducción libre:
“No bien termina el ruego un sueño profundo se apodera de los miembros, / el tierno vientre se cubre de una delgada corteza, / los cabellos se mudan en hojas, los brazos en ramas; / a los pies hace un instante tan ligeros, se pegan raíces inertes, / y una copa arbórea le cubre el rostro: solo de ella la hermosura”.
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Se llama égloga a un género de poesía en que se trata de la vida campestre. Unos pastores entablan en ella un diálogo, generalmente de tipo amoroso, rodeados de un paisaje “ameno,” es decir, de una naturaleza siempre verde, siempre fresca, en eterna primavera.
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El Auto de los Reyes Magos -o Representación de los Reyes Magos, título propuesto por Feernando Lázaro Carreter-, de autor desconocido, es la obra teatral más antigua de la literatura española (su compoñsición es de mediados del siglo XII). Se conserva un fragmento de 147 versos polimétricos -con predomino de alejandrinos, eneasílabos y heptasílabos-; y esta polimetría constituye un anticipo lejano de esa variedad de metros que caracterizará nuestro teatro del Siglo de Oro.
Nuestro poema de cada día
Leer a Rubén Darío es entrar en un mundo artístico de exquisita perfección en el que el lenguaje poético brilla por su belleza plástica (riqueza cromática, musicalidad de sonoridad estridente…). Y de la estética modernista de Darío hemos escogido dos textos propios de la Navidad: el poema “Los tres Reyes Magos”, formado por cuatro serventesios de perfecta andadura rítmica con los que el poeta se acerca al tema de los Reyes Magos -unos reyes que contemplan en silencio el triunfo del amor en la figura de Cristo-; y el poema -completo- “La Rosa Niña”, en el que también figuran los Reyes Magos; un poema en el que los recursos modernistas de sugestiva belleza sensorial no logran obstaculizar la profunda espiritualidad que rezuman sus versos.
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