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Nuestro poema de cada día
Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente
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Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente

De la Sección III de Canciones -“Canciones para niños”-, de Federico García Lorca, ofrecemos comentados los poemas titulados “Canción cantada”, “Paisaje” y “Canción tonta”

El texto analiza tres poemas de Federico García Lorca, destacando su musicalidad, rima y metáforas. En "Canción cantada", el color gris simboliza transformaciones; en "Paisaje", se describe un paisaje otoñal melancólico; y en "Canción tonta", se presenta un diálogo entre madre e hijo que revela amor maternal.
Federico García Lorca: Canciones. Buenos Aires, Editorial Losada, 1973. Colección Biblioteca contemporánea, núm. 151.
Federico García Lorca: Canciones. Buenos Aires, Editorial Losada, 1973. Colección Biblioteca contemporánea, núm. 151.
Canción cantada
En el gris,
el pájaro Griffón
se vestía de gris.
Y la niña Kikirikí
perdía su blancor 5
y forma allí.
Para entrar en el gris
me pinté de gris.
¡Y cómo relumbraba
en el gris! 10

Federico García Lorca: Canciones.
Buenos Aires, Editorial Losada, 1973.

Componen este poemas diez versos heterométricos (entre las cuatro y las nueve sílabas), todos terminados en palabra aguda, excepto del verso 9; y la palabra “gris” rima consigo misma (en /í/ tónica) en los versos 1, 3, 7, 8 y 10, rima asonante a la que se suman los versos 4 y 6. Los versos 2 y 5 riman en asonante aguda /ó/, y queda suelto el verso 9 (/á-a/). De esta forma se logra una musicalidad contundente, a la que contribuye el verso 2 (“el pájaro Griffón” -combinación de palabra esdrújula y aguda-) y el verso 4, con la voz onomatopéyica “kikirikí”. La entonación exclamativa de la última oración que se extiende a los dos versos que cierran el poema (versos 9 y 10), y que se inicia con el adverbio exclamativo “cómo”, aumenta la tensión emocional en plan ponderativo: “¡Y cómo relumbraba en el gris!”.

Y es, precisamente, la palabra “gris” -color semejante al de la ceniza, que resulta de mezclar el blanco y el negro-, situada en posición final de cinco de los diez versos de que se compone el poema, la que se constituye en su eje vertebrador. El gris lo llena todo mediante un amplio desarrollo metafórico: desde la simbolización en niña del blancor del día que anuncia el canto del gallo (versos 3-6), pasando por el animal mitológico grifo (de medio cuerpo arriba águila, y de medio abajo león), que “se vestía de gris” (versos 2-3), hasta el propio poeta, cuya personalidad queda quintaesenciada en ese color “gris”, que adquiere un relumbre notorio (versos 7-10). Porque el García Lorca es capaz de transformar, con su sola presencia alegre y jovial, la “mediocridad” del gris en algo brillante.

Versión musical.

Musicalizado por Vicente Monera.

https://www.youtube.com/watch?v=oihmDKUTXQI

Paisaje
A Rita, Concha, Pepe y Carmencica
La tarde equivocada
se vistió de frío.
Detrás de los cristales,
turbios, todos los niños,
ven convertirse en pájaros 5
un árbol amarillo.
La tarde está tendida
a lo largo del río.
Y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos. 10

El poema es un romancillo de diez versos heptasílabos, con rima asonante /í-o/ en los pares y libres los impares, si bien los versos 1 y 9 mantienen la asonancia /á-a/.

Distribuido tipográficamente en tres partes, el título del poema ya es un anticipo de su contenido: “Paisaje”: la descripción de un paisaje otoñal en el que priman las sensaciones cromáticas táctiles, y el lenguaje metafórico se convierte en el principal cauce expresivo.

El poeta nos sumerge en una tarde de otoño, en la que se producen los cambios meteorológicos que dicha estación lleva aparejados: baja la temperatura, se acorta la tarde, los cristales se empañan -cubiertos de vapor de agua como resultado de la diferente temperatura entre el el cálido interior del hogar y la frialdad del exterior-, las hojas de los árboles amarillean, la lluvia repiquetea en los tejados…; y todas estas transformaciones que cíclicamente se producen en el entorno natural, García Lorca, con ese aire melancólico que sabe comunicarle al poema, lo expresa con imágenes de gran belleza plástica.

En el primer dístico, el poeta recurre a una original metáfora, basada en la personificación, para expresar la sensación de frío que acompaña al atardecer otoñal: “La tarde equivocada / se vistió de frío” (versos 1-2); y al igual que una persona, cuando hace frío, se viste para resguardarse de él, la tarde, como es fría, “se viste de frío”.

Y como las tarde se acortan en duración, y reina el frío en el ambiente, los niños se refugian en sus hogares y empañan con el vaho de su respiración los cristales desde los que contemplan el paisaje exterior: “Detrás de los cristales, turbios, / todos los niños” (versos 3-4, con el complemento verbal anticipado y el empleo del adjetivo más apropiado para referirse a cómo se encuentran los cristales: “turbios”, es decir, que han perdido transparencia. Y esos niños “ven convertirse en pájaros / un árbol amarillo” (versos 5-6; o sea, que las hojas caducas de los árboles se tornan amarillas, y cuando el viento las balancea, parecen pájaros que huyen del frío).

Es la hora del crepúsculo vespertino (versos 7-8: “La tarde está tendida / a lo largo del río”), que luce un color enrojecido, similar al “rubor de [una] manzana” (verso 9, que encierra un símil de gran belleza cromática); y el frío va en aumento conforme declina el día, de forma que hace tiritar a los tejados de las casas (verso 10: “tiembla en los tejadillos”). Y así, el poema, que se inició con una personificación, se cierra con otra, ahora de connotaciones táctiles.

Versión musical.

Musicalización de Vicente Monera.

https://www.youtube.com/watch?v=uKP3NWhI-jk

Canción tonta
Mamá,
yo quiero ser de plata.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá. 5
Yo quiero ser de agua.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá.
Bórdarme en tu almohada. 10
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!

El poema está compuesto por 12 versos heterométricos agrupados en seis dísticos, en los que se repiten ciertas asonancias en la rima, al tratarse de las mismas palabras: es el caso de los versos 1, 5 y 9 (/á/ tónica; versos en los que el hijo llama a su madre con el vocativo afectivo e infantil “mamá”); y de los versos 3-4 y 7-8 (/í-o/, en los que la madre responde a su hijo; rima que alcanza al verso 12). En cuanto a los versos 2, 6 y 10, riman en asonante /á-a/, y el único verso que queda suelto es el 11 (/í/ tónica/).

Montado en forma de diálogo entre un hijo y su madre, con tres intervenciones cada uno, en los ocho primeros versos y ante los deseos ilógicos del niño (“ser de plata” -verso 2- y “ser de agua” -verso 6-, la madre responde con una negativa implícita: “tendrás mucho frío” (versos 4 y 8). Hasta aquí, los cuatro dísticos presentan perfectas construcciones paralelísticas, tanto desde el punto de vista rítmico como morfosintáctico. En los cuatro últimos versos, el cambio de actitud de la madre se debe a que considera razonable y anímicamente emotiva la petición que su hijo le hace: “Bórdame en tu almohada”; y, por tanto, accede de inmediato: “¡Eso sí! / Ahora mismo!”. La voz de niño ya no se expresa en presente de indicativo, sino de imperativo que, más que una exhortación, convierte el ruego en mandato imperioso. Y la respuesta de la madre se produce en breves frases nominales, construidas con un número mínimo de palabras, pero suficientes -por su entonación exclamativa- para expresar el amor maternal, con asertividad e inmediatez ante este otro deseo de su hijo: el que lo lleve siempre consigo y esté pendiente de él, incluso cuando duerme. Al final, la canción es mucho menos “tonta” que lo que el título del poema augura.

Versiones musicales.

Musicalización de Vicente Monera.

https://www.youtube.com/watch?v=RXznm1iIIn4

Interpretación en directo de Ana Belén.

https://www.youtube.com/watch?v=epBfL6ZHcik

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