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"Los idus de enero", de Javier Negrete

Ed. Harper Collins. 2023
viernes 07 de agosto de 2026, 22:21h
Los idus de enero
Los idus de enero

La presente novela-histórica forma parte del acervo cultural del profesor Javier Negrete, que es uno de los mejores especialistas en esta época de la Antigüedad de Roma, y en el género historiográficamente novelado. El momento histórico narrado es muy interesante, ya que nos acerca a las más trepidantes veinticuatro horas de un 15 de enero del año del consulado de Lucio Opimio y Quinto Fabio Máximo, y es el día y año que alumbrará a uno de los romanos más inteligentes y paradigmáticos de la historia del SPQR, se trata de Quinto Sertorio [Trabajo que publiqué para Celtiberia-Centro de Estudios Sorianos-2010: QUINTOS SERTURIUS. UN ROMANO EXIMIO PARA LA “LIBERACIÓN” DE LOS “HISPANI” EN LA ROMA REPUBLICANA].

El siglo II a.C. ha traído muchas novedades al devenir vivencial de los romanos, y ahora podría ocurrir que se produjese un giro crucial en los acontecimientos republicanos, sistema político que podría llegar a su fin, aunque este estará salpicado de revoluciones y de guerras civiles. Es el momento histórico del tío-abuelo de Gayo Julio César, y que no es otro que Gayo Mario “el Viejo”. Otro personaje esencial será Gayo Sempronio Graco una especie de revolucionario que finalizará su vida en tragedia y asesinado. El triunfador de esta época será uno de los dirigentes de los optimates, Lucio Cornelio Sila, quien será el triunfador de las reyertas senatoriales. Otro de los personajes de la obra será Quinto Servilio Cepión, el procónsul que exterminará a los lusitanos de Viriato, por aquello de que como Roma nunca pagaba a los traidores, tres turdetanos de Urso/Osuna, Audax, Ditalco y Minuro o Nicorontes, asesinarían al caudillo que tanto daño estaba haciendo a Roma en Hispania. Ese patricio será el padre de Servilia, amante de Julio César. También los tribunos de la plebe, Tiberio y Gayo Sempronio Graco (ya citado) tratarán de mejorar la situación de los ciudadanos de Roma, y ambos serán asesinados por el todopoderoso patriciado de la urbe capitolina; siendo el pequeño de los hijos de Cornelio, el que esté en el centro de la narración literaria de esta obra. Otro personaje muy interesante será el caudillo de los celtas llamado Brenno que consiguió entrar en el Capitolio y pudo humillar a los romanos. Luego, el historiador Artemidoro de Éfeso narra, en su libro 28º, como estos celtas de la tribu de los volcas tectósages conseguirían como botín el tesoro del Oráculo de Delfos.

Aquí se interrumpen las Historias de Artemidoro, en el libro vigésimo octavo, sin que nadie haya podido encontrar los siguientes volúmenes que prometía. Su autor desapareció de Roma, donde estaba redactando esta obra, durante los tumultuosos días que siguieron a los enfrentamientos entre los partidarios del cónsul Lucio Opimio y el ex-tribuno de la plebe, el revolucionario Gayo Sempronio Graco. Gracias precisamente a la familia Graco, que guardaba en su poder una copia manuscrita de la obra, no se perdieron también los primeros veintiocho libros de las Historias. Del paradero de Artemidoro nunca más se supo. Algunos de sus contemporáneos contaron que llevaba tiempo manifestando su intención de viajar al Septentrión, a Tule y la mismísima Hiperbórea, siguiendo la ruta de Píteas de Masalia. En las Memorias del dictador Sila se cuenta que es posible que Artemidoro participara en la gran invasión de los cimbrios. En cuanto a este pueblo, gracias a nuestras propias pesquisas hemos averiguado que los cimbrios hablaban una lengua parecida y adoraban a los mismos dioses que las tribus que habitan hoy la Germania. Por esa razón, sería apropiado denominarlos germanos, a pesar de que los autores de aquella época todavía no conocían ni utilizaban ese término y muchos los confundían con los celtas. Aunque sea Sila quien transmite esta información, él mismo la pone en cuarentena, ya que la obtuvo de Quinto Sertorio después de que este regresara de su misión de espionaje entre los cimbrios. Hay que tener en cuenta que ambos hombres, que empezaron siendo amigos mientras servían a las órdenes de Gayo Mario, acabaron convertidos en adversarios encarnizados, por lo que Sila nunca tiene palabras buenas para Sertorio. En cualquier caso, si Artemidoro llevó a cabo su expedición, si pereció en el camino, si decidió quedarse a vivir en el remoto norte o si realmente tuvo que ver con los cimbrios, son materias de especulación más propias de otro tratado. PASAJE DE LA OBRA ‘SOBRE EL OCÉANO’ DE POSIDONIO DE APAMEA”.

Es indudable, y para mí es más que laudatorio este libro, porque una obra como esta no es baladí, y exige al lector un conocimiento aceptable de los personajes que conforman la narración. Además, utiliza con total corrección los nombres propios de Gayo y no el casi seguro equivocado de Cayo. En el tercio final de la obra existen un buen número de escenas brutales, trágicas y terribles, pero esa era la habitual realidad del vivir cotidiano en Roma; donde la lucha por el poder no respetaba ni parentescos. En suma, es el enfrentamiento habitual, y muchas veces sangriento, entre los optimates defensores del patriciado, y los populares que estaban apoyando siempre a la plebe de Roma.

Tras arreglar y organizar todo (lo relativo a la colonia fundada por él en Cartago) en solo setenta días, Gayo Graco volvió a Roma al saber que las circunstancias exigían su presencia. Pues Lucio Opimio, miembro de la facción oligárquica que poseía una gran influencia en el Senado y que anteriormente había sido derrotado al presentarse al consulado -ya que Gayo Graco había apoyado a su rival Fanio-, ahora tenía una mayoría a su favor y todo el mundo estaba convencido de que iba a conseguir el cargo. Cuando se convirtiera en cónsul, estaba claro que acabaría con Graco, cuya influencia se estaba empezando a debilitar, ya que el pueblo se estaba cansando de sus políticas. En cuanto Graco regresó a Roma, lo primero que hizo fue mudarse de las alturas del Palatino a otro emplazamiento más popular cerca del Foro, donde vivía la mayoría de la gente pobre y de baja condición. Después presentó el resto de sus leyes con la intención de someterlas al voto de la asamblea. Para apoyarlo en esa votación, acudió una gran multitud desde todas partes de Italia. El Senado, sin embargo, convenció al cónsul Fanio para que ordenara expulsar de la ciudad a todos los que no fueran romanos. En aquel momento, Graco también se enemistó con los demás magistrados por el siguiente motivo. El pueblo solía contemplar los combates de gladiadores en el Foro Boario, pero muchos de los magistrados habían levantado tribunas con asientos alrededor de la arena para alquilarlas. Graco les ordenó que las retiraran con el fin de que los pobres pudieran disfrutar del espectáculo sin tener que pagar. Como nadie le hizo caso, Graco esperó a la noche anterior a los juegos. Entonces ordenó a todos los obreros que tenía entre sus trabajadores que desmantelaran las tribunas, de tal modo que al día siguiente el lugar quedó despejado para los ciudadanos. El pueblo consideró esta acción una muestra de hombría. A cambio, enfureció a los magistrados, que lo tildaron de osado y violento. Se cree que esta fue la causa de que no fuera elegido tribuno por tercera vez, pues, aunque en la votación obtuvo la mayoría, los magistrados hicieron el recuento de votos y la proclamación de ganadores de forma injusta y fraudulenta. En cuanto nombraron cónsul a Opimio, empezaron a abolir muchas de las leyes de Graco… GAYO GRACO Y LA SITUACIÓN DE ROMA A PRINCIPIOS DEL CONSULADO DE SU ENEMIGO LUCIO OPIMIO. APUD PLUTARCO, ‘VIDAS PARALELAS, GAYO GRACO”.

Con estos dos textos he pretendido dejar claro el estilo rico de matices, y los conocimientos históricos del autor. Por consiguiente, este día de enero en Roma está lleno de acontecimientos, que mutarán lo que la República representaba para los magistrados dirigentes, y donde la vida humana estaba directamente relacionada con la obtención de la auctoritas et potestas en la Roma por parte de la oligarquía dirigente.

«Idus de enero del año del consulado de Lucio Opimio y Quinto Fabio Máximo. El Senado de Roma se está convirtiendo en todo un campo de batalla entre las irreconciliables facciones conservadora y la de los seguidores del revolucionario Gayo Graco. A su vez la tensión, cada vez más palpable, amenaza con convertirse en violentos disturbios que incendiarían la ciudad más poderosa del mundo. Todo en el día que nacerá el futuro general Quinto Sertorio, uno de los estrategas más brillantes del mundo antiguo. Alrededor de él y de su madre Rea se entrelazan las historias de personajes a cuál más distinto. Antiodemis, la actriz que ha venido de Chipre para conquistar al público romano y, de paso, su independencia personal. Su protector, Servilio Cepión, un noble cuyos vicios y deudas lo convierten en uno de los políticos más deshonestos y traicioneros de una ciudad corrupta hasta la médula. El brutal celtíbero Nuntiusmortis, su escolta. El erudito griego Artemidoro, que escribe sobre la historia de un tesoro maldito saqueado siglo y medio antes en el oráculo de Delfos, y su amada, la antigua prostituta Urania. Gayo Mario, el militar tosco y honrado que sueña con convertirse en el primer hombre de Roma. El despreciable Septimuleyo, patrón del clan de los Lavernos, que extorsiona y aterroriza al Aventino con su cohorte de ladrones, asesinos y prostitutas, como la bella Berenice o la niña Sierpe, que ya sabe manejar su daga con el pulso y la decisión de un asesino profesional. Y, sobre todo, Stigmata, el hombre de las cicatrices. Gladiador, asesino y amante a sueldo de misteriosos orígenes, cuyo destino quedará inextricablemente unido al del niño que está a punto de nacer».

¡Ritmo trepidante, ya que el magisterio del autor consigue comprimir la compleja trama histórica en 24 horas. Documentación importante, y brillantez en el análisis de los personajes históricos, y la creación de los novelados! ¡Plena recomendación! «In occasu saeculi sumus. ET. Errare humanorum est. ET. Vincit qui patitur».

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