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"La conquista islámica de la península Ibérica y la tergiversación del pasado", de Alejandro García Sanjuán

Ed. Marcial Pons Historia. 2013
martes 20 de octubre de 2026, 22:21h
La conquista islámica de la península Ibérica y la tergiversación del pasado
La conquista islámica de la península Ibérica y la tergiversación del pasado

Este libro, indudablemente muy documentado, ha constituido una auténtica toma de postura sobre el fenómeno medieval de la conquista de los musulmanes del que fue el reino visigodo de Toledo. Por consiguiente, deseo loar este libro por inteligente, tómese la postura que sea con respecto al hecho medieval de la llegada árabe a luchar contra los visigodos de Roderigo en Guadalete en el año 711.

Esta obra presenta un prólogo de la Drª. María Isabel Fierro Bello, que cita un texto de una obra literaria del profesor Claudio Sánchez-Albornoz relativo al alborozo que le supuso su acercamiento a las tierras mahometanas de Al-Andalus, pero olvida, parece ser, que no dice lo mismo en su obra: -“De la Andalucía Islámica a la de hoy”, en cuya 4ª Edición-2022, publicada en Rialp, ya se duele del extravío proislámico de los andaluces del siglo XX. Me encanta este libro, porque se aporta una nueva visión, más que precisa, sobre lo que fueron el emirato y el califato andalusíes. Me gustaría decir lo mismo de los medievalistas que se acercan al Regnum Imperium Legionensis, y lo hacen con un muy pequeño rigor analítico.  En el año 2011 se conmemoraron, por su cumplimiento, los mil trescientos años de uno de los episodios sociológicos y bélicos más esenciales del Medioevo europeo, como fue la derrota en Guadalete/La Janda (año 711 d.C.) del último soberano del reino godo/visigodo de Toledo, llamado popularmente como don Rodrigo, por la traición, indubitable, de las alas del ejército visigodo, que estando comandadas por los hijos del último monarca toledano, Witiza, y se pasaron con armas y bagajes a las filas de los invasores musulmanes, mayoritariamente beréberes poco islamizados todavía, comandadas por un liberto, probablemente de religión hebrea, y llamado Tariq ibn Ziyad. Un nuevo sistema político se iba a enseñorear por el territorio peninsular durante cerca de ochocientos años.

Es indudable que comenzaba una nueva fase histórica para estas tierras, que ahora comenzarían a denominarse como Al-Andalus, probablemente por venir su denominación del territorio en el que habitaron uno de los pueblos germanos que se establecieron a priori, los vándalos. Es obvio que el hecho fue esencial, y negarlo sería absurdo. Todo ello duraría hasta la conquista del reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y de León y Fernando II de Aragón, I de Navarra y V de León y de Castilla. El profesor García Sanjuán indica, sin ambages, que se trata de un episodio histórico mal conocido, ya que la historiografía ha resultado insuficiente, a lo que se añade que las fuentes literarias plantean diversos problemas para su consciencia, por estar teñidas de tradiciones y de leyendas, a lo que se pueden sumar prejuicios religiosos e ideológicos, aunque todo ello no deja de tener un poso de certidumbre. Le sorprende que haya pasado desapercibida en el ámbito institucional ese hecho de los años 2011 a 2012, pero no entiendo por qué le admira, ya que el nivel cultural de los poderes políticos está bajo mínimos.

«La conquista islámica de 711 constituye uno de los episodios más importantes y, a la vez, más controvertidos y tergiversados de la historia de España. El españolismo nacionalcatólico generó una visión denigratoria basada en una lectura catastrofista (la “pérdida de España”), mientras que, por el contrario, la tradición árabe ha promovido un paradigma mitificador basado en la idea de la misión civilizadora del Islam. La manipulación de este relevante hecho histórico alcanza sus máximas cotas con la corriente negacionista, que pretende desvincular el origen de al-Andalus de la conquista y representa un vulgar fraude historiográfico ejecutado sobre la manipulación, en unos casos, y el soslayo, en otros, de los testimonios históricos. Además de una refutación crítica de todas estas lecturas deformantes, la presente obra aporta una visión de conjunto de la conquista de 711, conectando este acontecimiento con el problema de los orígenes del Islam y la situación del reino visigodo de Toledo a través de una nueva lectura de las fuentes históricas en la que, por vez primera, se toma en consideración tanto la información procedente del registro literario (latino y árabe) como arqueológico (monedas y sellos de plomo)».

Existen dos visiones muy diferentes, cómo es de esperar, entre la visión de los que se enfrentaron en el año 711 d.C. Los vencidos quedaron destrozados, ya que la poderosa caballería visigoda nunca esperó esa derrota, que fue considerada catastrofista y providencialista. El hecho se vería incrementado, obviamente, entre los historiadores españolistas nacionalistas del siglo XIX. El calificativo lo indica el profesor Manzano Moreno: “…Ha quedado fijado en la memoria histórica de nuestro país como uno de los grandes desastres del pasado”. El profesor Ríos Saloma indica que: “... La noción historiográfica que la define es la de la Reconquista, término cuya primera utilización para definir la lucha entre cristianos y musulmanes en la Península data de 1796”. Aunque ya existe un concepto de recuperación de los territorios del reino visigodo de Toledo en el concepto cronístico del Aula Regia del rey Alfonso III “el Magno” de León. Las crónicas árabes, que son ulteriores a las latinas cristianas, elaboraron una caracterización radicalmente diferente y, por supuesto, triunfalista. En ambos casos existe un evidente y necesario providencialismo.

“Los árabes basan su narración de la expansión islámica en la noción coránica de fath, a través del cual expresan la idea de la victoria otorgada por Allah”. Y, aunque parezca extraño, también existe un inexplicable negacionismo, cuyo fundador es el historiador vizcaíno Ignacio Olagüe  Videla, quien indica que los árabes norteafricanos eran pobres y mal estructurados como para estar capacitados para poder realizar ninguna aventura conquistadora. Indica, de forma sorprendente, que el hecho se produjo por un enfrentamiento entre visigodos, típica guerra civil, entre cristianos de confesión arriana y católica. Deseo indicar, asimismo, la adhesión del historiador Modesto Lafuente a la visión desastrosa de la derrota rodericiana: “…Tócanos referir en este capítulo uno de los acontecimientos más graves, una de las catástrofes más terribles, una de las más espantosas revoluciones, acaso la mayor que ha sufrido España, y con dificultad se leerá otra más grande, más repentina y más completa en los anales de la humanidad”. Los cronistas árabes difieren de los cronistas latinos o cristianos, ya que ofrecen una visión triunfalista de su historia. “Frente a la catástrofe y ruina que expresan los vencidos, los árabes conciben las conquistas como una tarea divinal, situada bajo los parámetros del yihad o deber religioso de los musulmanes por expandir sus creencias”. Este libro es serio, riguroso y necesario, con unos planteamientos científicos enriquecedores. «Obiit Almansur et sepultus est in infero. ET. Qualis artifex pereo!».

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