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Arthur Conan Doyle defendió el espiritismo como una vía para investigar fenómenos psíquicos

sábado 24 de octubre de 2026, 17:16h
Espiritismo
Espiritismo

"Espiritismo" es una recopilación de textos inéditos escritos por Arthur Conan Doyle entre 1916 y 1927, el libro ha sido publicado por El Desvelo Ediciones. En esos escritos, el padre de Sherlock Holmes sostiene que existe el Más Allá y que es posible comunicarse con los muertos: parte de la certeza de que el alma perdura tras la muerte y de que el contacto con los difuntos responde a leyes científicas que aún están por desentrañar. En el prólogo, Javier Fernández Rubio, editor del sello, afirma que las convicciones espiritistas del escritor no eran “curiosidades marginales ni extravagancias. Para el autor, el espiritismo no fue un entretenimiento exótico, sino una certeza moral, filosófica y casi científica. Lo defendió con una intensidad que terminó por absorber los últimos años de su vida. Dio conferencias por medio mundo. Gastó grandes cantidades de dinero en campañas de difusión. Polemizó con científicos, periodistas, clérigos y viejos amigos. Arriesgó prestigio, reputación y parte de su legado literario en nombre de una causa que consideraba vital para el futuro de la humanidad”.

La argumentación del volumen abarca desde la refutación de críticos y obispos que tachaban el espiritismo de diabólico o delirante hasta la presentación ordenada de investigaciones científicas rigurosas, llevadas a cabo por físicos eminentes como William Crookes y Charles Richet. Entre los temas a los que Doyle presta especial atención figuran los fenómenos de materialización —cuerpos temporales formados a partir de una sustancia llamada ectoplasma—, la telepatía, el poder psíquico de los médiums y la reinterpretación de doctrinas religiosas a partir de la comunicación con el más allá. ¿Qué explica, entonces, la casi obsesión de Doyle por el espiritismo? Fernández Rubio señala algunas claves: “Aunque su interés por los fenómenos psíquicos venía de mucho antes, la muerte de Kingsley, hijo de Conan Doyle, tras la I Guerra Mundial, actuó como detonante definitivo. Kingsley había servido en el Ejército británico y moría en 1918 a causa de una neumonía. Esta enfermedad la contrajo mientras servía como soldado, tras haber sido herido y su salud debilitada en el frente. Doyle quedó devastado. A esa pérdida se sumaron otras muy cercanas en pocos años: su hermano, dos cuñados, varios sobrinos y amigos íntimos. La muerte dejó de ser para él una abstracción filosófica. La pérdida del hijo es una explicación que contiene una parte de verdad, pero simplifica demasiado la base de la obsesión espiritista del escritor. Él mismo insistió siempre en que había llegado a sus convicciones mediante.

Se basaba en evidencias, observaciones y testimonios que consideraba incontestables. “Creía sinceramente estar participando en una revolución del conocimiento comparable a un descubrimiento científico”.

En otra sección fundamental del libro, Doyle analiza crímenes históricos que se resolvieron mediante visiones, sueños premonitorios o la intervención directa de espíritus. Entre ellos aborda el asesinato de Maria Marten, conocido como el caso del granero rojo, y las apariciones de fantasmas en casas antiguas. A su juicio, la acumulación de testimonios constituye un argumento irrefutable de que el universo alberga leyes todavía desconocidas para la ciencia oficial, que permiten acceder a realidades invisibles, pero profundamente reales.

Según Doyle, el espiritismo complementa el cristianismo al ofrecer una visión más misericordiosa de la vida ultraterrena y más acorde con la razón y la justicia divina que las doctrinas tradicionales del infierno eterno y el castigo perpetuo.

Arthur Conan Doyle (1859-1930) fue escritor, médico y pensador británico nacido en Edimburgo, Escocia. Estudió Medicina en la Universidad de Edimburgo y ejerció como cirujano, pero su carrera literaria eclipsó pronto su práctica médica. Alcanzó fama mundial como creador de Sherlock Holmes en Una historia de escándalo (1892) y sus subsecuentes novelas de detectives.

Tras la muerte de su hijo Kingsley en la Primera Guerra Mundial, Doyle se convirtió en un ardiente defensor del espiritismo, convicción que dominó sus últimos treinta años. Escribió más de sesenta artículos y varios libros dedicados a la investigación psíquica, incluyendo La historia del espiritismo (1926). Su trabajo como espiritista incluyó viajes internacionales, conferencias magistrales y correspondencia extensiva en publicaciones como “Light”.

Doyle murió en 1930, dejando un legado dividido entre la literatura de misterio clásica y sus contribuciones polémicas a la defensa científica del espiritismo.

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