Una novela deliciosa sobre la relación entre un padre y su hijo recién salido de la adolescencia ha sido escrita por Michele Serra. La falta de entendimiento entre ellos es evidente, ya que el narrador retrata a su hijo como “un perfeccionista de la negligencia”, siempre recostado en el sillón con su ropa desordenada y calzado con unas enormes deportivas, sin importar las condiciones climáticas. Pasando las tardes en esa misma posición, se dedica a perder el tiempo. “Todo se queda encendido, nada apagado. Todo abierto, nada cerrado. Todo empezado, nada terminado.”
Quizás la preocupación por el escaso tiempo que nos queda como padres influya en nuestro deseo de compartir con nuestros hijos nuestras vivencias, sin darnos cuenta de que ellos requieren su propio espacio y que su realidad es diferente a la nuestra. “Tú eres el consumista perfecto. El sueño de todo jerarca o funcionario de la presente dictadura.” Y tal vez esto sea cierto. En una tienda de sudaderas hay una escena que resulta confusa, ya que no sé si es cómica, realista o aterradora. Mientras intenta persuadir a su hijo para que lo acompañe en una excursión al paso de Nasca (“no sabes lo mucho que te gustaría”, “es una experiencia de salvación”, “te lo pido por favor”, “¿cuánto querrías para venirte conmigo?”), el padre observa y reflexiona sobre su propia visión de una juventud desconcertante. En un momento del relato, recoge a una amiga de su hijo y permanece con ella hasta que él llega, dándose cuenta de que esta juventud no se ajusta a las normas sociales que conocíamos. Comunicarles simplemente la belleza de un paisaje o la fuerza de una tormenta sobre el mar se convierte en un esfuerzo infructuoso.
Recuerda cuando llevó a su hijo a la vendimia y este se despertó durante la comida, pidiendo desayuno, completamente ajeno a su entorno. También describe cómo los jóvenes pueden estar viendo televisión mientras chatean en sus teléfonos y juegan en la tablet, monopolizando el control remoto como si tuvieran manos o neuronas suficientes para todo. Las reflexiones presentes en "Los cansados" son muy interesantes respecto a la relación entre nuestra generación y nuestros hijos; parece que las formas de comunicación, la cultura y las referencias han cambiado tanto que a veces nos sentimos como si fuéramos de otra especie, como bárbaros frente a romanos, marcando un nuevo comienzo tan distinto que resulta incomprensible. Puede ser simplemente que estamos envejeciendo, sintiendo miedo ante el paso del tiempo y creyendo que ellos no están preparados. Como el narrador revela en esa hermosa escena final, solo comprendemos lo que sucede cuando los vemos desde arriba y reconocemos que somos nosotros quienes hemos quedado atrás. Esta novela corta es interesante, tierna y divertida; invita a la reflexión y propone el desafío de entender para luego mostrarnos la realidad. Habla del amor hacia los hijos en su proceso de crecimientoy de la complejidad de las relaciones intergeneracionales en un mundo que cambia rápidamente. La obra captura la esencia de la lucha interna que muchos padres enfrentan al intentar conectar con sus hijos en medio de un paisaje cultural y tecnológico que les resulta ajeno.
El padre, en su deseo de compartir experiencias significativas, se enfrenta a la frustración de ver cómo su hijo y sus amigos están inmersos en un universo digital que parece eclipsar las vivencias del mundo real. Esta desconexión resuena con muchas familias contemporáneas, donde el tiempo compartido puede ser superficial y dominado por dispositivos electrónicos. La escena en la tienda de sudaderas es emblemática, ya que ilustra no solo la confusión del padre, sino también la resistencia natural de los jóvenes a abandonar su zona de confort. La novela también plantea preguntas sobre el significado de las experiencias compartidas y cómo estas pueden ser percibidas de manera diferente por cada generación. El padre anhela transmitirle a su hijo no solo recuerdos, sino valores y apreciaciones estéticas que considera fundamentales; sin embargo, se da cuenta de que estos intentos pueden ser percibidos como obsoletos o irrelevantes por parte del joven.
A través de momentos conmovedores y humorísticos, "Los cansados" invita a los lectores a reflexionar sobre el amor paternal y las dificultades inherentes al proceso de crecimiento tanto para los hijos como para los padres. La narrativa nos recuerda que, aunque las diferencias generacionales pueden crear barreras en la comunicación, el deseo genuino de entender y conectar puede ser el primer paso hacia una relación más profunda. En última instancia, esta obra no solo es un retrato del desencuentro entre generaciones, sino también una celebración del amor incondicional que impulsa a los padres a seguir intentando construir puentes hacia sus hijos, incluso cuando esos puentes parecen desmoronarse ante la realidad cambiante del mundo moderno.
Puede comprar el libro en: