www.todoliteratura.es

reseña

¿Quién puede estar seguro de la vida que ha vivido? Sobre todo, cuando en nuestra memoria todo aparece fragmentado. En una especie de neblina que, en ciertos momentos, se desvanece y nos proporciona algo de luz. Una neblina que nos hace huir. Nos hace huir, porque en esa visión general que en no pocas ocasiones nos asusta, se encuentra el más profundo y tenebroso de nuestros recuerdos.

En "Crudeza", su cuarto libro de aforismos, el autor nos acerca, de una manera cristalina, a un mundo presente lleno de interrogantes que se divisan desde la atalaya del pensamiento.

Biblioteca Castro, Marid, 2018

Es bien fácil recomendar, por sus largos merecimientos, un autor así por cuanto su literatura parece haber inventado al lector; lo hace una figura necesaria por cuanto la narrativa de Pla no podría ser entendida sin escuchador, sin interlocutor consciente: curioso, observador, incluso con su aquel de retranca.

Alianza, Madrid, 2018.

Qué reconfortante el bien el propiciado siempre por un autor que elabora en cada ocasión su decir con palabras elegidas y reflexión suficiente. Así es como la realidad se enriquece de matices, tanto la propia, la aludida, como la que acabará en enseñanza por la calidad del ‘observador’.

Vitruvio, Madrid, 2018

Ricardo Martínez-Conde: "El tiempo en las manos"

En su ya larga trayectoria creativa Ricardo Martínez-Conde ha cultivado diversos géneros literarios breves, especialmente la poesía (tiene en su haber más de una docena de libros) y el aforismo, en el que confluyen narración e idea (en castellano ha publicado Cuentas del tiempo, 1994, y Alusión al paisaje, Aforismos, 2002, y, en gallego, Debullar, 1998). Ahora nos gratifica con su primer volumen de microrrelatos, un libro muy personal que cristaliza su cosmovisión centrada en preocupaciones artísticas, existenciales y metafísicas. En las sesenta y seis piezas que conforman El tiempo en las manos, lo poético y lo reflexivo alternan con lo estrictamente narrativo, mostrando con ello la gran versatilidad del microrrelato, un “género de llegada”, para utilizar las palabras de José Mª Merino, que se nutre de materiales diversos y requiere mucha pericia por parte del escritor y un receptor culto y refinado.

Ediciones Vitruvio, 2018

Dibujar el pretérito no es fácil. Especialmente cuando lo que acaeció se encuentra rodeado de una aureola que reposa sobre sentimientos aún relativamente recientes y que encuentran a partes iguales rechazos y aceptaciones, por afectar al campo ideológico, social, religioso, cultural, político, filosófico, ético o de los derechos esenciales del ser humano.

Fund. Jorge Guillén, Valladolid, 2018

Magnífica, una vez más, la edición que prepara la Fundación, en este caso para darnos cuenta de la fecunda, amistosa y culta relación personal de dos autoridades en el mundo cultural español, en este caso la correspondencia escrita habida entre el poeta Jorge Guillén y el historiador Américo Castro. Los dos conocedores de la realidad española, interesados vivamente en una dignificación de la condición del intelectual, y por ello comprometidos en una realidad convulsa, compleja, distorsionada en lo material y bastante equívoca en su decurso histórico.

La protagonista de la novela, Karina, no es una santa ni aspira a serlo, aunque en la historia de su vida podemos encontrar ciertos rasgos de paralelismo con una de las acepciones de la palabra pasión, aquella con la que denominamos los episodios evangélicos que narran el sufrimiento de Jesucristo, entre la última cena y su crucifixión y muerte.

La Isla de Siltolá, 2018

Leer a Juan Ramón Jiménez es siempre un grato ejercicio intelectual. Su poesía o su prosa nunca dejan indiferente a quienes se adentran en ellas. No en vano el gran escritor andaluz construyó una obra extensa y sobresaliente que en las postrimerías de su vida le hizo merecedor del premio Nobel. Una obra diversa, heterogénea, pero unida por un quehacer literario asumido como experiencia vital. Una obra singular, personalísima, como quizá la definiría el propio poeta, para cuya elaboración su autor emplea diversas formas de expresión, entre ellas el aforismo.

La indefinición del miedo un día se precipita sobre todo aquello que quedó atrás y ya nunca más volverá. El miedo, a partir de ese momento, se convierte en reproche y desazón. Y escarba sin desaliento en las horas de nuestros días hasta dejarnos sin rostro.

En esta reseña podría hablar de varias cosas que en realidad no son ni están en el libro. Por un lado, de Virginia Woolf, y no es la autora; por otro, del formato bolsillo, y este libro no lo es; y por último, de las montañas, cosa que, claramente, este libro tampoco es. Y entonces, ¿por qué podría hacerlo? Pues, en primer lugar, porque el autor es el padre de Virginia Woolf y es ella quien escribe el prólogo; en segundo lugar, porque, aunque no se venda como formato bolsillo (tal y como conocemos dicho formato), por fin tenemos delante lo que podría ser un formato bolsillo de verdad: un libro que leer paseando, que dejar crecer dentro de uno mismo mientras se camina con él guardado en el bolsillo, porque cabe; y, por último, porque aunque este libro no sea una montaña (¡claro!) todo lo que contiene son montañas y, sobre todo, pasión y amor hacia ellas. Este libro es "Los Alpes en invierno", de Leslie Stephen, traducido por Carlos Jiménez Arribas.

El pánico y su vertiginosa capacidad de cambio nos convierte en seres huidizos, distantes e inertes. Como inerte es el cuerpo que yace en la profundidad del pánico. Uno de los riesgos de la negación propia es la de verse reflejado en un espejo y no ver aquello que los demás adivinan de nosotros, ni lo que nosotros mismos somos capaces de ver a la hora diferenciarnos del resto.

Ediciones Cálamo, 2018

Con una poesía serena, desnuda, clara nos llega esta nueva propuesta literaria de Kepa Murua que pone de relieve el valor de las pequeñas y de las grandes cosas de la vida, todas aquellas que definen al hombre y el lugar que este ocupa en el mundo.

"Pintores", de Seung-yeoun Moon y Suzy Lee, es un delicioso y divertidísimo álbum ilustrado donde desborda la vivacidad, la frescura y la alegría de la niñez. La historia es una escena fácilmente reconocible en casas donde hay niños y niñas: dos hermanos extasiados de felicidad, poseedores de inagotables fuentes de creatividad e imaginación, deciden experimentar con unas acuarelas y sus propios cuerpos. Embriagados por su juego, dejándose llevar por su imaginación, se divierten pintándose mutuamente y, en el clímax del momento, su madre se une a la caótica juerga de sus hijos.

Ediciones Vitruvio, 2018

A veces un poeta tras un largo periodo de silencio regresa con el mismo o incluso mayor vigor creativo que cuando abandonó la escena literaria. Este es, sin duda, el caso de Javier Olalde, autor que en una primera etapa publicó varios poemarios (“Ensueños y agonías”, “Leído en el gris” y “Alguno habló de soledad”), lo cuales fueron muy bien acogidos en su momento. Después, por diversas razones, dejó de dar sus poemas a la imprenta. Aunque, hasta donde sabemos, en la intimidad de su mesa de trabajo siguió pensando y componiendo versos que con posterioridad ha comenzado a entregar al público lector.