Llega un tiempo en que una delgada línea separa la madurez de la senectud. Lo que nosotros creemos que es madurez, nuestro hijos lo ven como chochez. Sí, el tiempo nos convierte en viejos chochos y nosotros nos seguimos creyendo eternamente jóvenes. Los sesenta de ahora son los cuarenta de hace medio siglo. Así que sigamos sintiéndonos jóvenes y que los viejos jóvenes nos sigan viendo como Amparito. Nos lo cuenta Azucena marchita del Valle en "¡Mamá, ¡lo sabes todo!" o casi.