Venecia en lo oscuro de una oscuridad donde flota un ataúd entre barcas, la nave va, sin ropaje, ni velos ni mortaja va, en un movimiento veloz que nos acerca a la muerte. Abrimos un diario con sus páginas que el músico de la corte nos da a conocer venciendo al silencio y a su vez a la vejez con su sentido. Invierno, desdicha y llanto son sinónimos que inundan el cuerpo del texto, son papeles, vestigios del derrotero, un sentir más la muerte que la vida, en un ir del corazón a los asuntos, donde no se perdona la vida oscura, donde inventar un canto que salve, un escarbar para recuperar la potencialidad de la infancia en oposición a la decrepitud, en la peste encontrar un sonido que escribir. Un volver o imaginar, soñar con un volver a los brazos fraternales, a la CASA, esa triste belleza que acuna el dolor y la pesadumbre que solo la música redime.