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Nuestro poema de cada día
Busto en escayola de Luis de Góngora y Argote
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Busto en escayola de Luis de Góngora y Argote

Una muestra de la sintaxis gongorina: el quiasmo

El quiasmo. Consiste en presentar en órdenes inversos los elementos de dos estructuras sintácticas. Poetas barrocos, como es el caso de Góngora, se han valido con relativa asiduidad del quiasmo. En los siguientes poemas se ofrecen ejemplos que ponen de manifiesto la habilidad con que Góngora maneja este recurso sintáctico.

Sonetos completos
Sonetos completos
Al Padre Francisco de Castro,
de su libro “De Retórica”
Si ya el griego orador la edad presente,
o el de Arpinas dulcísimo abogado
merecieran gozar, más enseñado
éste quedara, aquél más elocuente,
del bien decir bebiendo en la alta fuente,
que en tantos ríos hoy se ha desatado
cuantos en culto estilo nos ha dado
libros vuestra retórica excelente.
Vos reducís, oh Castro, a breve suma
el difuso canal desta agua viva;
trabajo tal el tiempo no consuma,
pues de laurel ceñido y sacra oliva,
hacéis a cada lengua, a cada pluma,
que hable néctar y que ambrosía escriba. [30]

Luis de Góngora: Sonetos completos. Madrid,
Editorial Castalia, 1992, 8.ª edición. Colección
Clásicos Casatalia, núm 1. Bituré Ciplijauskaité,
editora literaria. (El soneto figura con el número
27 en esta edición).

Apoyo léxico.

Verso 1. el griego orador. Paráfrasis elusiva, para referirse a Demóstenes. Verso 2. el de Arpinas. Paráfrasis elusiva, para referirse a Cicerón, que nació -3/1/106 a.C.- en Arpino (ciudad perteneciente hoy a la provincia italiana de Frosinone). Dulcísimo abogado. Referencia a la cadencia melodiosa del habla de Cicerón, jurista y orador romano. Versos 9-10. Vos reducís, oh Castro, a breve suma / el difuso canal desta agua viva. Elogio de la concisión, en una eficaz alegoría.

Es este uno de los sonetos laudatorios de Góngora, escrito en 1611, y en el que no hace gala de un estilo rebuscado que pudiera dificultad la comprensión de su contenido. Y es en el segundo de los tercetos donde figuran dos quiasmos:

pues de laurel ceñido (AB) y sacra oliva (BA)” (verso 12).

[Estructura nombre+adjetivo (AB) / adjetivo+nombre (BA)]

que hable néctar (AB) y que ambrosía escriba (BA)” (verso 14).

[Estructura verbo+nombre (AB) / nombre+verbo (BA)]

A la memoria de la muerte y del infierno
Urnas plebeyas, túmulos reales
penetrad sin temor, memorias mías ,
por donde ya el verdugo de los días
con igual pie dio pasos desiguales.
Revolved tantas señas de mortales,
desnudos huesos y cenizas frías,
a pesar de las vanas, si no pías,
caras preservaciones orientales.
Bajad luego al abismo, en cuyos senos
blasfeman almas, y en su prisión fuerte
hierros se escuchan siempre, y llanto eterno,
si queréis, oh memorias, por lo menos
con la muerte libraros de la muerte,
y el infierno vencer con el infierno.

Luis de Góngora: Sonetos completos. Op. cit.
(El soneto figura con el número 157 en la
presente edición).

El soneto, escrito en 1612, es una meditación filosófica sobre la muerte, que alcanza su clímax en el último terceto: el poeta, considerados los horrores de la condenación eterna, dialoga con sus pensamientos -“oh, memorias”-, en plan exhortativo, para poder evitar la muerte espiritual del alma. Repárese en la perfecta construcción arquitectónica del poema: urnas/cenizas // túmulos/huesos (cuartetos); almas/llanto // prisión / hierros (primer terceto). Por otra parte, en el verso 6 figura un quiasmo:

“desnudos huesos (AB) y cenuzas frías (BA)”.

[Estructura adjetivo+nombre (AB) / nombre+adjetivo (BA)]

Giulia Poggi comenta brevemente este soneto en: “Un soneto de Góngora y su fuente italiana”. Actas del Segundo Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO). Salamanca-Valladolid, 1990. Universidad de Salamanca, 1993, págs. 787-7893. Manuel García Martín, editor.

cvc.cervantes.es/literatura/aiso/pdf/02/aiso_2_2_033.pdf


La capacidad metafórica de Góngora.

La metáfora el tropo preferido por muchos poetas, pues como afirma Ortega y Gasset, “la poesía es hoy el álgebra superior de las metáforas”. Hablando de Góngora, escribía Ortega y Gasset: “La poesía es eufemismo -eludir el nombre cotidiano de las cosas, evitar que nuestra mente las tropiece por su vertiente habitual, gastada por el uso, y mediante un rodeo inesperado ponernos ante el dorso nunca visto del objeto de siempre-. La nueva denominación lo recrea mágicamente, lo repristina y virginiza. ¡Delicia aún mayor que la de crear esta de recrear! Porque la creación donde no había nada pone una cosa; pero en la recreación tenemos siempre dos: la nueva, que vemos nacer imprevista, y la vieja, que recobramos a su través”. Cf. “Góngora. 1627-1927”, en Espíritu de la letra. Madrid, Revista de Occidente, 1967, 6.ª edición, págs. 113-122. Colección El arquero.

La metáfora consiste en presentar como idénticos dos términos distintos, en virtud de la semejanza -más o menos objetiva- existente entre ellos. Su fórmula más elemental es “A (termino metaforizado) es B (término metafórico)”. Esta comparación explícita se denomina imagen. La metáfora propiamente dicha responde al esquema “B en lugar de A”; o dicho de otra forma: en lugar de establecer una comparación , se procede a sustituir el objeto real por su imagen. Y pasemos de la teoría literaria a los poemas gongorinos.

Canción XI (A una dama, presentándole unas flores)
De la florida falda
que hoy de perlas bordó la alba luciente,
tejidos en guirnalda
traslado estos jazmines a tu frente,
que piden, con ser flores,
blanco a tus sienes, y a tu boca olores.
Guarda destos jazmines
de abejas era un escuadrón volante,
ronco, si, de clarines,
mas de puntas armadas de diamantes;
púselas en huida,
y cada flor me cuesta una herida.
Más, Clori, que he tejido
jazmines al cabello desatado,
y más besos te pido
que abejas tuvo el escuadrón armado;
lisonjas son iguales
servir yo en flores, pagar tú en panales.

Luis de Góngora: Sonetos, canciones y otros
poemas en arte mayor.

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/sonetos-canciones-y-otros-poemas-en-arte-mayor--0/html/fee6a3de-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.htm

[Edición digital a partir de la de Obras completas, edición de Juan e Isabel Millé y Giménez, Madrid, Aguilar, 1932, números 383-415 y Obras de Don Luis de Góngora [Manuscrito Chacón], I, B. N. (Madrid), Res. 45. Edición facsímil: Málaga, R.A.E.-Caja de Ahorros de Ronda, 1991; y cotejada con la edición crítica de José M.ª Micó (Madrid, Espasa-CCalpe, 1990)]

Dámaso Alonso ha definido la metáfora como la “palabra que designa los elementos irreales de la imagen cuando los reales quedan tácitos”; definición que alcanza pleno sentido precisamente en Góngora. Porque puede afirmarse que todo el arte de Góngora se reduce a un intento exacerbado de eludir la representación directa de la realidad, sustituyéndola por otras palabras que la sugieran -palabras convertidas ya en puro elemento poético, dotado de especiales calidades literarias. Y adviértase bien que decimos sustituir, puesto que no se trata solo de adornar las formas reales con mera hojarasca decorativa. Como demostración de que imágenes y metáforas, más que ornatos, son en Góngora el lenguaje mismo de la poesía, hemos reproducido la Canción XI -“A una dama, presentándole unas flores”-, compuesta en 1608, en tres estrofas aliradas que adoptan el siguiente esquema de rimas: aBaBcC (los versos impares son heptasílabos y los pares endecasílabos).

Góngora ha evitado la mención directa de las cosas, interpretando poéticamente la realidad. Y así, el campo ha sido reemplazado por “la florida falda” (verso 1); cubrir de rocío, por “bordar de perlas” (verso 2); enjambre, por “escuadrón volante de abejas” (verso 8); zumbido, por “roncos clarines” (verso 9) ; y aguijones, por “puntas de diamantes” (verso 10).

Por otra parte, Góngora hace un uso continuado del hipérbaton, que resulta más extremo en la tercera estrofa, y que hay que interpretar de la siguiente manera, de acuerdo con el desarrollo metafórico precedente: Te pido más besos que jazmines he tejido y que abejas tenía el enjambre (versos 13-16); cambiar flores por besos es un trato justo (versos 23-24).

En este otro soneto, Luis de Góngora emplea un lenguaje metafórico muy característico de su estética personal, de alta eficacia expresiva.

A doña Brianda de la Cerda
Al Sol peinaba Clori sus cabellos
con peine de marfil, con mano bella;
mas no se parecía el peine en ella
como se obscurecía el Sol en ellos.
Cogió sus lazos de oro, y al cogellos,
segunda mayor luz descubrió, aquella
delante quien el Sol es una estrella
y esfera España de sus rayos bellos;
divinos ojos, que en su dulce Oriente
dan luz al mundo, quitan luz al cielo,
y espera idolatrallos Occidente.
Esto Amor solicita con su vuelo,
que en tanto mar será un arpón luciente,
de la Cerda inmortal mortal anzuelo.

Luis de Góngora: Sonetos completos. Op. cit.
(El soneto figura con el número 89 en la citada edición).

Apoyo léxico.

Versos 2-4. El peine de marfil parecía más oscuro, comparado con la mano de Clori. Versos 5-8. Hipérbole para referirse a la luz que irradian los ojos de Clori. Versos 9-11. Los ojos de Clori, cuando se abren, "con su dulce Oriente" -es decir, con su brillo especial semejante al de las perlas- dan luz al mundo. La referencia a Occidente se justifica por el hecho -histórico- de que el Marqués de Ayamonte, padre de doña Brianda -aludida con el nombre pastoril Clori-, y convertido en virrey de las Indias Occidentales, iba a trasladarse con su familia a México. Versos 12-14. El dios Amor -Cupido- incita a rendirse ante Clori, pues su belleza se convierte en un anzuelo mortal. Góngora "juega" en el último verso del soneto con el apellido de la dama y con la acepción de cerda con el significado de cordoncillo de esparto, que se usaba para sujetar el anzuelo oculto para pescar.

Y este es el contenido del soneto: Los cabellos rizados de Clori son dorados como el sol y, cuando se los recoge, el poeta contempla la extraordinaria hermosura de sus ojos, capaces de atenuar, con su luminosidad, la luz del sol. Y esos ojos iluminarán también Occidente, que está a la espera de recibir a Clori para que lo deslumbre. Por su parte, el dios Amor invita a dejarse seducir por Clori, cuya belleza imperecedera es un mortífero anzuelo.

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