En "Los olivos", Antonio Machado describe un paisaje triste y desolador cerca de Úbeda, donde la pobreza y la melancolía predominan. A través de imágenes vívidas, critica la hipocresía religiosa y reflexiona sobre el sufrimiento humano, enfatizando la desconexión entre el hombre y lo divino en un entorno árido.
Todas las mujeres que por la noche van a oscuras y oyen, con temor, el silencio de corazones acelerados. Que oyen la soledad, la que hace despertarse y provoca insomnio y nadie reconoce porque va por dentro, y nadie se da cuenta.