Nuestro poema de cada día
El sombrero de tres picos, “rey de los cuentos españoles”.
El sombrero de tres picos es, sin duda, la mejor obra de Alarcón, y se sitúa en un lugar de privilegio dentro de la brillante narrativa de su época, hasta el extremo de haber sido considerada como “la perla de la narrativa decimonona”. El novelista retrata con enorme expresividad a sus personajes -salpicados de ciertos toques románticos-; posee una enorme habilidad para mantener el interés de la narración, sin dejar que decaiga la acción, urdiendo enredos argumentales que intrigan al lector; hace gala del humor y de la ironía; y exhibe un estilo ameno y fluido. No en vano, Emilia Pardo Bazán -por recoger un testimonio encomiástico de la época- llegó a llamar a la obra “rey de los cuentos españoles”.
La filmografía de Hong-jin Na no es precisamente muy extensa. Debutó en 2008 con el thriller de acción The Chaser, que narra la persecución de un asesino en serie. En 2010 llegó The Yellow Sea, una película de gánsteres. Tras un intervalo de seis años, el director surcoreano regresó con The Wailing. El film resultó ser un éxito rotundo: una mezcla de drama, terror, misterio y cine criminal en torno a sucesos extraños que cosechó las mejores valoraciones a nivel mundial. Por ello, la expectación fue enorme cuando se supo que Na presentaría una nueva película, nada menos que diez años después de la anterior. Sin embargo, el inmenso revuelo que "Hope" generó antes de su estreno no se ve plenamente correspondido por el resultado final. Hay demasiados elementos que no encajan o que han sido ejecutados de forma poco acertada.
Editorial De Conatus. 2026
Estas tres obras, entre las más conocidas de Florian Zeller, forman una trilogía, como lo demuestran sus títulos, su enfoque en una unidad familiar, la recurrencia de ciertos gestos o situaciones y la elección de los nombres de los personajes (siempre hay una pareja, Pierre y Anne, y su hijo, si lo tienen, se llama Nicolas y está destinado a conocer a una Elodie), aunque en realidad no se trate de los mismos personajes: los elementos de las tres obras son claramente incompatibles. Pero esta trilogía, según el autor, no fue planeada en absoluto desde el principio: la descubrió a medida que la escribía, a lo largo de unos diez años, parte por parte. Por lo tanto, analicémoslas en el orden de su creación (que no es el orden en que aparecen en este volumen).
Nuestro poema de cada día
El interés de Pérez Galdós por la condición humana. Las novelas de Pérez Galdós son una expresión viva e intensa de la vida humana en todo su ritmo complejo de sentimientos y pasiones. Menéndez Pelayo, hablando de Fortunata y Jacinta, escribe: “Tal es Fortunata y Jacinta, libro excesivamente largo, pero en el cual la vida es tan densa; tan profunda a veces la observación moral; tan ingeniosa y amena la psicología, o como quiera llamarse aquel entrar y salir por los subterráneos del alma; tan interesante la acción principal en medio de su sencillez; tan pintoresco y curioso el detalle, y tan amplio el escenario, donde caben holgadamente todas las transformaciones morales y materiales de Madrid desde 1868 a 1875, las vicisitudes del comercio al por menor y las peripecias de la revolución de Septiembre. Es un libro que da la ilusión de la vida: tan completamente estudiados están los personajes y el medio ambiente. Todo es vulgar en aquella fábula, menos el sentimiento; y, sin embargo, hay algo de épico en el conjunto, por gracia, en parte, de la manera franca y valiente del narrador, pero todavía más de su peregrina aptitud para sorprender el íntimo sentido e interpretar las ocultas relaciones de las cosas, levantándolas de este modo a una región más poética y luminosa. Por la realización natural, viviente, sincera; por el calor de humanidad que hay en ella; por la riqueza del material artístico allí acumulado, Fortunata y Jacinta es uno de los grandes esfuerzos del ingenio español en nuestros días, y los defectos que se la pueden notar, y que se reducen a uno solo, el de no presentar la realidad bastante depurada de escorias, no son tales que puedan contrapesar el brío de la ejecución, con que prácticamente se demuestra que el ideal puede surgir del más humilde objeto de la naturaleza y de la vida, pues, como dice un gran maestro de estas cosas, no hay ninguno que no presente una faz estética, aunque sea eventual y fugitiva.” [1].
El estruendo del silencio del miedo
En un panorama teatral a menudo complaciente, de humor, de evasión, donde parece que no queremos enterarnos de las cosas que están sucediendo, precisamente Las cosas por su nombre irrumpe en la cartelera como una llamada de atención de cruda lucidez.
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Tres días he luchado para decidir si me atrevía a dar mi opinión sobre La bola negra, tres días he tardado en arriesgarme a que el peso del odio caiga sobre mí si escribía lo que pienso.
Nuestro poema de cada día
La fuerza lírica de la introspección psicológica de los personajes
El lirismo galdosiano se intensifica cuando la narrativa se adentra en el terreno del subconsciente, los sueños y la locura. En Fortunata y Jacinta -y, por supuesto en sus novelas en general-, Benito Pérez Galdós recurre al estilo indirecto libre y, de esta manera, introduce los pensamientos y la voz interior de los personajes directamente en la narración, con lo que se borra la frontera entre el narrador y el personaje, permitiendo al lector sumergirse en su profunda psicología. Así ocurre, por ejemplo, en el fragmento en el que el novelista nos presenta a Manuel Moreno Isla, el perpetuo enamorado de Jacinta, a cuya muerte vamos a asistir; un fragmento en el que no faltan ciertos toques líricos (lenguaje metafórico, exclamaciones, interrogaciones retóricas, adecuación del ritmo narrativo al contenido, etc.).
El cuento de nunca acabar
El dinero no siempre compra el silencio, pero a menudo financia la función principal.
Nuestro poema de cada día
Pérez Galdós y la reanudación de la tradición novelística española del Siglo de Oro. Es necesario llegar a Benito Pérez Galdós (1842-1920) para que se restaure nuestra tradición novelística. “Entre ñoñeces y monstruosidades dormitaba la novela española por los años de 1870, fecha del primer libro del señor Pérez Galdós. Los grandes novelistas que hemos visto aparecer después eran ya maestros consumados en otros géneros de literatura, pero no habían ensayado todavía sus fuerzas en la novela propiamente dicha. No se habían escrito aún ni Pepita Jiménez [Juan Valera, 1874], ni Las ilusiones del doctor Faustino [Juan Valera, 1875], ni El escándalo [Pedro Antonio de Alarcón, 1875], ni Sotileza [José María Pereda, 1885], ni Peñas arriba [José María Pereda, 1885]”. [1] Y, en efecto, Pérez Galdóses nuestro mayor novelista después de Cervantes, y puede emparejarse concualquiera de su siglo (Dickens, Balzac, Zola, Flaubert, Doistoievski o Tolstoi); y pocos novelistas europeos -más bien ninguno- pueden competir con él en capacidad creadora: así lo atestiguan los cerca de ocho mil personajes producto de su rica inventiva; unos personajes que sorprenden por su variedad y por su caracterización psicológica, que permite comprobar el interés que el autor siente por su condición humana.
Atravesar el río del olvido
La historia también tiene sus mecanismos de asfixia: nombres que desaparecen, fotografías que se esconden, palabras que dejan de pronunciarse hasta que parece que nunca existieron.
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