El Quijote, adelantándose por varios siglos a Kant, demostró ilustrando sanchescamente que el juicio no puede enseñarse y que sólo la experiencia lo alcanza. Hay experiencia donde hay sensación y concepto y donde ambos entes andan en coyunda hay conocimiento. Conocer, que es diferente de pensar, es allegar saberes o conceptuales “o” intuitivos, y pensar es embutir lo uno en lo otro. Es, luego, el lenguaje humano inferior al divino, al de los ángeles, porque poco embute y mucho analiza.