Espíritus no del todo ausentes
El Teatro Lara abre sus puertas de la Sala Grande al frescor estival, como no podía ser de otro modo, por los calores que hacen puertas afuera, y acoge un lleno absoluto en un martes cualquiera de este mes de agosto donde nadie está a gusto. Pero aquí, sí. La mítica bombonera madrileña registró un aforo de ocupación que desafió al termómetro madrileño y subió las ganas de pasarlo bien. El público acudió en tropel, y sin conocerse, ¡ojo!, a entregarse al indiscutible imán de una comedia que ofrece una complicidad hilarante.