09/10/2026@17:17:00
A lo largo de la historia, Aníbal de Cartago ha dejado una huella imborrable en el ámbito militar, destacándose por su impresionante victoria en Cannas, un acontecimiento que se analiza en las academias militares. "Aníbal. Terror de Roma", de Serge Lancel, narra el desafío que Cartago planteó a la creciente superpotencia de Roma, y representa la figura de un hombre que, durante diecisiete años, infundió un miedo tan intenso en sus adversarios que la Loba no descansó hasta lograr su muerte.
Este volumen reúne tres de los libros de cuentos que Thomas Hardy publicó en vida –Cuentos de Wessex, Pequeñas ironías de la vida y Un hombre cambiado y otros relatos–. Muchos de ellos inéditos en español, y por primera vez juntos, cuentan con traducciones de Catalina Martínez Muñoz, Javier Marías, Carlos Mayor, José Luis López Muñoz y Marta Salís.
Hace años, me contaron que en algunos hospitales de Japón había personas expertas en la materia inmaterial que miraban el aura de los que entraban y no dejaban pasar a quienes lo tenían negra, como la de Pedro Sánchez. Supuse que me tomaban el pelo, pero ahora eso del aura está en todos los sitios, hasta en las granjas. Nos los cuenta la aurismática Azucena del Valle Aureo en "Farmear aura".
|
Nuestro poema de cada día
El inconfundible estilo de Azorín. II
Las estructuras sintácticas de la prosa azoriniana son muy sencillas: frente a los párrafos elocuentes y caudalosos, tan característicos de la novela del siglo XIX, Azorín prefiere el párrafo corto y las oraciones breves y simples unidas por yuxtaposición o por coordinación copulativa; y con verbos en presente de indicativo, que le permiten una mayor interacción “actualizada” con el lector -ya fuera de un tiempo y un lugar concreto-, al que no tiene reparos en dirigirse a menudo para lograr así una vía de comunicación más afectiva y afectiva. Prosa, pues, la suya despojada de toda ornamentación retórica.
“Desecho e izquierdo”, 2ª. edición impresa y ampliada, esta vez a cargo de la Editorial Leviatán, reúne poemas de un Rolando Revagliatti, a mi juicio diferente. Advierto ya desde el título, en efecto, una alusión a esa suerte poco amable por la que transitan algunas etapas de la vida singular y colectiva, retratadas todas, con pinceladas del absurdo y la provocación y muy poca esperanza -casi nula, diría-. Lo que atribuyo al conocimiento profundo de Revagliatti, este antipoeta, “experto” sobre todo aquí, en los dramas neuróticos y en las vicisitudes porteñas y nacionales.
|
|
|