- Tengo la cabeza como un proceso, Puri. Salgo de la cocina a buscar nosequé y llego al comedor y me quedo como una estatua de sal preguntándome a por qué venía. De paso, he colocado un cuadro del pasillo que estaba torcido, he recogido del suelo una pelusa traviesa que no quiso entrar en la aspiradora, un calcetín que asomaba por debajo del sofá, he leído tres correos en el móvil, me he asomado al balcón, he quitado dos hojas secas del ciclamen rojo… y todavía no sé a qué venía al comedor. Estas cosas cada vez me frustran más. Me preocupa que esté perdiendo la chola.
- Sin acritud, colega, la chaveta la perdiste hace años. Ahora, lo que describes, según un estudio realizado en la Universidad de Notre Dame, se llama “efecto puerta”, fenómeno muy habitual que afecta a toda la población sana y no tiene que ver con la edad, sino con el funcionamiento del cerebro.
- Sin insultar, tía. ¡Mira que llamar a mis despistes efecto puerta! Tú, que no sabes dónde guardas nada y das más vueltas que un Tiovivo por la casa amenazando a San Onorato con atarle los cojoncillos… voy a llamar a tus olvidos efecto umbral.
- Lo mismo me da, que me da lo mismo. Los despistes son habituales y nos desconciertan, por eso la psicología cognitiva ha intentado dar una explicación para tranquilizar al personal. Solo cuando esos olvidos son excesivos e interfieren en demasía en nuestra placentera y feliz existencia, será cuando tengamos que preocuparnos y buscar ayuda pensando en un posible deterioro cognitivo. Pero todavía no es tu caso, pequeño saltamontes.
- ¿Y si hay explicación a lo que nos pasa dejamos en paz al pobre San Honorato? Lo que tiene que ver con la testa me da dolor de ídem, porque seguro que la aclaración no es sencilla…
- Es complejo, a la par que fascinante, entender cómo funciona el cerebro, saber cómo fragmenta la información para almacenarla, el papel de la memoria, la atención… La neurociencia avanza sin pausa y da respuestas a problemas que antes veíamos irresolubles.
- Mal de muchos, ¡peste! Si a la mayoría de la población le pasa lo mismo, no puede ser tan malo si seguimos funcionando. Desarrolla, tía, y que sea fácil.
- He leído un artículo muy interesante en CogniFit, que explicaba, aportando teoría, el efecto puerta. Parten de la teoría de la segmentación de Jeffrey Zacks y otros, que afirman que el cerebro humano no registra nuestra vida como un flujo continuo e ininterrumpido. Manifiestan que el cerebro actúa como un editor de cine, dividiendo nuestras experiencias en “episodios” o eventos diferenciados.
- A ver, que me aclare, tía. ¿Almacenamos la información en compartimentos?
- Algo así, Vani. Imagina un teatro con varios escenarios móviles y el actor pasa de uno a otro y todo cambia. Esos marcadores físicos indican el final de una actividad y el comienzo de otra -límites de evento-, estamos dividiendo la realidad y esos límites son importantes para organizar la memoria a largo plazo, pero también puede afectar a la memoria de trabajo durante las transiciones de los eventos.
- Lo que significa, que cuando salgo de la cocina, cambia el escenario y mi cerebro interpreta que finalicé el evento, se actualiza y da paso a otra información nueva.
- ¡En efecto! Sería la transición de un evento a otro…
- Pues lo tengo clarinete, yo que voy como una moto por la vida, doy tantos estímulos a mi cerebro que no me extraña que cortocircuite y se funda con eso de las transiciones. Voy a tener que seguir martirizando a San Honorato. No sé que voy a hacer cuando salga de la cocina…
- Los investigadores sugieren alguna cosilla, como el refuerzo verbal para mantener presente un objeto.
- Eso me suena a aquella canción de Una libra de clavos y un formol que cantaba el chaval mientras iba a la tienda para no olvidad el encargo…
- ¡Buena estrategia! y también recomiendan visualizar mentalmente el objeto que vas a buscar mientras cambias de espacio y reducir las interferencias cognitivas, como mirar el móvil, colocar el cuadro o coger el calcetín que asoma por la pata del sofá.
- ¿Y a por qué iba yo cuando salí de la cocina? No caigo…
- ¡Cien por cien efecto puerta, Vani! ¡Cien por cien!