- Puri, palpo, noto, percibo un campo energético invisible que me atrae irremediablemente hacia tu persona a la vez que, entrecerrando ligeramente los ojos, observo el aura colorido que rodea tu cuerpo donde predominan los colores calientes: rojo, por la vitalidad y pasión que arrastras esta mañana; naranja, por el entusiasmo y alegría que destilas; amarillo, por el optimismo y la confianza que embarga tu cuerpo…
- ¡Para, Vani! Que te veo muy sensible después de limpiar tu aura tras un mes en la selva para lograr una conexión profunda con la naturaleza, meditando al sol naciente y practicando la respiración consciente cuando pensabas que todo te salía mal y no dabas pie con bolo. Te rodea un halo verde, azul, violeta y blanco que habla de tu excelente estado interno y transmite equilibrio, calma, espiritualidad, claridad… Y después de tirarnos el moco diciendo que nos percibimos el aura la una a la otra y, ni de coña, vamos a farmear un poco, que es lo que se lleva ahora.
- Con la que está cayendo, mejor vamos con estas frivolidades que entrar en temas más profundos. Qué lloro.
- Sí, tía, mejor farmear que berrear a moco tendido ahora que hemos encontrado el equilibrio. ¡A la plaza a la batalla, colega, y a sumar más puntos que tu prima Amparito!
- Desde que has leído el artículo del psicólogo Andrés Quinteros te veo muy puesta en esta moda absurda y gilipollesca que nació a través de TikTok, Instagram, X, comunidades relacionadas con videojuegos, anime, streamers y memes, y que afecta, fundamentalmente, a la Generación Z y Alfa. Si nosotras ya somos tías carismáticas, seguras e interesantes interesadas, no veo la necesidad de emprender litigios con adolescentes desnortados que no saben en qué emplear el tiempo que les sobra.
- Vani, renovarse o morir. Hay que estar en la pomada y saber de qué va la vaina. Si ellos tienen la necesidad de construir la propia identidad, encontrar un lugar dentro del grupo, experimentar con diferentes versiones de uno mismo y aprender a manejar la mirada y la valoración de los demás, no veo por qué nosotras vamos a quedarnos al margen.
- Tía, porque ya sabemos que no nos aguanta ni el tato, y reducir el aura farming a vivir dentro de un videojuego, moda absurda o hacer el ridículo con posturitas patéticas, es un análisis muy simple y nos pueden tildar de carcas mayores que no entienden a los jóvenes. Empecemos explicando que el aura es un halo que emana del cuerpo y de la mente, vinculada a los chakras, que muestra las emociones, los pensamientos y la salud de la persona a través de diferentes vibraciones y colores. Funciona como un escudo protector ante vibraciones negativas.
- El que lo perciba, que me lo cuente, tía, porque yo no veo nada. Sólo sé interpretar los gestos, cuando alguien gruñe porque está cabreado, o la sonrisa amplia y bobalicona del ser feliz; aunque ahora, con el bótox que se ponen algunas es complicado saber lo que sienten, porque con esa cara de peponas no transmiten nada. Y si veo a un grupo de mindundis compitiendo con poses, sacudidas, contoneos o gestitos en el parque, me entran ganas de mandarlos al guano.
- De eso se trata, pequeño saltamontes, farmear aura significa realizar acciones, gestos o comportamientos que hacen que una persona parezca más carismática, segura, interesante o “cool” ante los demás.
- ¡Esa es la esencia de la existencia humana que necesita el rebaño! Ninguno queremos pasar desapercibido, queremos gustar y necesitamos sentir que pertenecemos. El objetivo de farmear aura es acumular, simbólicamente, carisma, prestigio o reconocimiento social.
- Pues el otro día me dijo Amparito que salió airosa de una situación complicada cuando los demás estaban nerviosos y le dieron 1000 puntos de aura, pero al mirar si la tropa estaba observando, se los quitaron por querer impresionar.
- Mucho mejor Anabel, que se dio un trompazo en la calle esta mañana, se levantó la criatura como si nada hubiera pasado y siguió contoneándose airosa sin mirar a nadie. ¡2000 puntos de aura! No le importó la evaluación social, porque trasmitió seguridad y presencia. Si alguien lo hubiera grabado y subido a las redes, los likes, seguidores, comentarios, visualizaciones y compartidos, la puntuación habría subido como la espuma.
- Claro, porque no se enteraron que se fue directa al traumatólogo a que la quitara el dolor… ¡Ojos que no ven, gabardina que se va al tinte! y seguro que los viandantes que estaban cerca a esas horas de la mañana eran jubilados que no compartían el código y los puntos se los dio ella misma. Y resulta que los puntos, bonita, los da el grupo, no uno a sí mismo.
- ¡Qué paradoja, tía! ¡Esforzarte para parecer que no te esfuerzas! según el artículo del colega citado antes. Y no seguimos con la presencia del yo, la autenticidad, la autoestima y cosas más profundas, porque quien esté interesado en el tema, que lea el artículo completo de Andrés Quinteros.
- Está claro que ya no entendemos a los jóvenes… quítate el traje de colorines y coge el andador, no te pase lo que a Anabel…
- ¡Cien por cien, tía!, ¡Cien por cien!