Lo tenemos merecido
¡Qué pequeño resulta el enemigo si yo soy más grande! Al menos, eso es lo que hay que creer en estas tragedias griegas, donde el oráculo dice lo que va a suceder sin posibilidad de cambio alguno en el destino prescrito. Y el coro, además, al unísono, repitiendo ideas y conceptos que asaltan a la cabeza.