Hablar de Luis Alberto de Cuenca es hablar de persona de trato exquisito y cordialidad a raudales. Y si nos referimos al escritor, es innegable reconocer su talento literario. Leyendo sus poemas, podemos afirmar que tiene una sólida preparación intelectual cimentada en la cultura clásica; que se percibe su cosmopolitismo (de hecho, domina varias lenguas y ha traducido a grandes escritores clásicos y modernos); que elige cuidadosamente los vocablos de sus poemas para convertirlos en una fuente de sugerencias; que su sentido del humor se suele manifestar con una suave ironía...
Hay libros que no nacen de una intención literaria, sino de una necesidad vital de dar orden al caos. Para Beatriz Torregrosa, escribir Te quise, te quiero y SIEMPRE te querré fue el proceso natural de transformar una experiencia de pérdida profunda —la de su hijo y la de su madre— en un testimonio de fortaleza. Lejos de ser un texto sobre el final, esta obra se presenta como un mapa emocional diseñado para quienes buscan entender cómo el amor sobrevive a la ausencia física y se convierte en una presencia nueva y constante.
Es una denuncia. Es una tristeza, un dolor, una persecución, una diáspora, la locura de la pertenencia y no dejar que otros tengan su espacio y se pueda convivir, no ya sin rencillas, sino sin guerras.
¿Una trampa que puede poner en riesgo tu vida o un concurso para niños? Esta es la dicotomía que podemos encontrar en la novela negra "El certamen", de Jeff Macfee.