• Diario Digital | Sábado, 18 de Agosto de 2018
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"Yihadismo", de Miguel Ángel Ballesteros

El terrorismo global es uno de los temas que domina la agenda de la comunidad académica, de los medios de comunicación y de la opinión pública en general. A pesar de las muchas voces que teorizan sobre el mencionado fenómeno, no siempre lo hacen con la claridad y conocimientos que exige, lo que genera una distorsión del objeto de estudio cuya naturaleza se simplifica.

"Yihadismo", de Miguel Ángel Ballesteros

Este déficit no se observa en la obra del Profesor Miguel Ángel Ballesteros quien nos ofrece un trabajo sólidamente documentado, contextualizado de manera sobresaliente y en el que combina análisis, reflexión y opinión. Al respecto, comienza realizando una afirmación de calado: “durante la Guerra Fría el mundo tuvo que hacer frente al riesgo de una guerra nuclear; hoy es el terrorismo yihadista quien representa una amenaza de tamaña dimensión. Pero existe una diferencia: aquella estaba en manos de gobiernos responsables; el yihadismo, en cambio, está liderado por irresponsables e iluminados desprovistos de razón, cuyas decisiones vienen dictadas por el radicalismo más extremo” (p. 13).

PORTADA YIHADISMOCon todo ello, tras la lectura de esta obra obtenemos un conocimiento exhaustivo del yihadismo que incluye sus orígenes intelectuales (Sayyid Qutb, cuyas ideas asumieron más tarde total o parcialmente Bin Laden y organizaciones como Al Qaeda y Daesh), manifestaciones iniciales y formas de combatirlo. Sobre éstas últimas, en ningún caso son presentadas a modo de recetas infalibles. Por el contrario, el General Ballesteros enumera algunos de los errores cometidos en el pasado inmediato (por ejemplo, en Afganistán de finales de los años 80 o en Iraq a partir de 2003) con la finalidad de que no se repitan.

En este sentido, la principal lección derivada alude a la capacidad del terrorismo para establecerse en aquellos países donde se observa un vacío de autoridad: “cuando se les arrincona en un territorio –como sucedió con Al Qaeda en Afganistán, tras la invasión de 2001-, los yihadistas buscan otros que les ofrezcan mayor seguridad (Iraq en esta ocasión). Algo similar ocurrirá a medida que se les vaya expulsando de los actuales dominios del Daesh en Siria y en el propio Irak” (p.82). Otras ideas clave que resalta el autor están relacionadas con la inconveniencia de provocar cambios de régimen político y la necesidad de cooperar con gobiernos musulmanes partidarios de un islam moderado.

Con respecto a la actualidad, las fallidas “primaveras árabes” incentivaron la aparición de grupos terroristas en países como Libia, Túnez o Egipto que nutrieron de integrantes al Daesh, en cuya derrota parcial ha tenido mucho que ver la intervención de Rusia en defensa de su tradicional aliado regional (Siria), sin menosprecio del rol desarrollado por la Coalición Internacional. No obstante, el autor reprocha la tardanza de ésta última en reaccionar, si bien  cuando lo hizo, se demostró la obligatoriedad del liderazgo de Estados Unidos. Esta conjunción de factores ha generado una pérdida de atractivo por parte del Daesh, fenómeno que se ha traducido en su menor capacidad para atraer a Combatientes Terroristas Extranjeros.

En la obra, el autor también rebate algunos mantras que se han ido consolidando en el imaginario colectivo. Al respecto, uno de los más relevantes es aquél que acentúa a la colaboración de Estados Unidos con los muyaidines durante la guerra librada entre la URSS y Afganistán: “este es el caso de la confluencia de intereses y de la esporádica colaboración que se produjo entre la insurgencia yihadista afgana y Estados Unidos contra las tropas soviéticas desplegadas en Afganistán. Estados Unidos se preocupó únicamente de acabar con la invasión soviética de Afganistán, abandonando luego el país a su suerte y menospreciando quizá el peligro que significaba dejarlo en manos de los grupos yihadistas que se habían ido generando en la oposición y con elementos de procedencia diversa” (p. 40)

Asimismo, el libro pone de manifiesto el rechazo que el islamismo radical ha mostrado siempre a la modernidad, proyectando un discurso victimista que culpabiliza a occidente (“enemigo lejano”) y a aquellos países musulmanes que han asumido gradualmente políticas laicas (“enemigo cercano”). En uno y otro caso, ya se trata de enemigo cercano o lejano, la meta final del terrorismo global es provocar el desistimiento de las sociedades que lo sufren: “el objetivo último es provocar en la ciudadanía la acción de volverse contra sus dirigentes políticos para exigir que se acceda a las peticiones de los terroristas como forma de huir del problema” (p.126).

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