www.todoliteratura.es

"Calvario", de Álber Vázquez

La Esfera de los Libros. 2024
viernes 30 de enero de 2026, 21:20h
Calvario
Calvario

Una novela-histórica sobre la culpa, el dolor y el arrepentimiento en el origen del cristianismo. La portada, para empezar, es una auténtica delicia. La novela nace en su narración el sábado de pasión, es decir en la semana que anuncia el final de la vida del Jesucristo terrenal en la Palestina del siglo I d.C.

«Jesús de Nazaret, rodeado de un nutrido grupo de seguidores, llega a Jerusalén, donde anuncia el advenimiento del reino de Dios, se enfrenta a los cambistas del Templo y declara que los judíos no han de pagar tributo a Roma. Su actividad despierta recelos tanto entre los romanos como entre los sacerdotes judíos, cuya autoridad Jesús pone en entredicho. Unos y otros deciden capturarlo, y el prefecto, Poncio Pilato, lo sentencia a morir en la cruz. Tras ser ejecutado, sus seguidores, horrorizados, se dispersarán y regresarán a Galilea, de donde la mayoría procede. Jesús ha fracasado. Pedro y María Magdalena se hunden en un calvario del que germinará una idea totalmente nueva y revolucionaria: Jesús no solo no ha errado, sino que su muerte formaba parte del auténtico plan de Dios. Ha nacido el cristianismo».

Cristo no habla de no pagar tributos, sino que separa lo que es de Yahvéh de lo que es de los hombres. Esta novela-histórica está muy documentada, y tras indicarnos que Jesús de Nazaret va a pasar con sus discípulos, unos días en la casa de sus amigos María, Marta y Lázaro de Betania, que es el lugar por antonomasia donde se siente cómodo y tranquilo, ya que es una familia que le quiere y le protege, nos narra que solo es el prólogo a lo que va a ocurrir sin remedio. En un momento determinado de su vida de predicación habría sido llamado para que resucitase a su gran amigo/Lázaro, y gritando con gran voz (¡Sal fuera!) ordenó a la muerte que lo liberase. El autor indica que Lázaro era un pequeño artesano dedicado a fabricar ajuares de cocina. Esa familia es el remanso de paz donde Cristo conseguirá la fuerza bastante como para llegar hasta Jerusalén, y comenzar los padecimientos de su Semana Santa, que sabe que será terrorífica, y donde no se le ahorrarían ningún padecimiento tanto moral como físico. El autor realiza todo un rico aderezo de psicología, en relación a esa escena de Betania, donde son retratados todos los personajes que están a favor del mesianismo, e incluso de la divinización de Jesús de Nazaret. Cristo interroga a su amigo de cuál es la situación de sus hermanas, y sobre todo lo importante del ritmo narrativo del momento estriba en el deseo de Lázaro de matrimoniar a alguna de sus dos hermanas, que son tan diferentes entre sí, con alguno de los seguidores directos de Cristo.

Nosotros hemos renunciado a fundar familias, Lázaro, pues en el reino de Dios carecerán de todo sentido, manifestó Jesús. Pedro, Santiago, Andrés y Juan, los cuatro hombres que, en todo momento y sin descanso, flanqueaban a Jesús, asintieron. Esa era la primera y más importante exigencia del maestro: el abandono de lo terrenal para así bien mirar hacia delante. Jesús afirmaba que, tras la llegada del reino de Dios, Dios en persona, de forma efectiva y obvia, proveería en el orden nuevo. Pan y felicidad, como ellos, los discípulos, resumían la explicación, bastante más compleja, de Jesús: el reino de Dios sería la época del esplendor y las abundancias, del banquete radiante e infinito, de la provisión espléndida y de los manjares esenciales. En el reino, donde todos contemplarían directamente el rostro de Yahvé, no habría maridos ni esposas, ni más vínculos familiares que los que el amor de Dios señala: un estado de dicha plena, de quietismo silente, pero también de risa y efervescencia, de afecto universal”.

Es preciso realizar una corrección caritativa, y se refiere claramente al nombre de Dios, el Ego Sum Qui Sum de la zarza ardiente del libro del Éxodo y que no se consumía, en presencia de Moisés, ya que es un tetragrama de consonantes, sería bien Yahwéh o Yahvéh. Como es de esperar por la actualidad del personaje/Moisés, que probablemente fue minimizado por los primeros cristianos. Tras este estupendo capítulo, que nos deja bien claro quiénes son los personajes centrales de la obra, lo que está magníficamente delineado, entramos en la trama del primer capítulo, donde contemplamos la entrada triunfante de Cristo rodeado de sus seguidores galileos en la Ciudad del Rey David, con los romanos y los saduceos observando sorprendidos este triunfo que subraya la pretensión, ya que así entraban en Jerusalén los reyes de Israel, lo que era rechazado por ser peligroso para el Imperio de Roma. A partir de este momento histórico narrado, y aún sabiendo lo que va a ocurrir, el aliciente de lo que fue la evolución de los hechos todavía nos produce emociones sin cuento. El autor ha enriquecido el texto evangélico, trayéndolo hacia el siglo XXI, ya que realiza un análisis ricamente pormenorizado sobre las sensibilidades de los personajes de la época. Los Evangelios son una maravilla textual, y esa especie de evolución argumental nos deja en suspendo esperando ya algo más. El autor lo realiza sin ambages.

El rey de Israel, cuya simple presencia serviría a Dios para desencadenar el Juicio Final, atravesaría las murallas de Jerusalén a lomos de un burro. Y lo más importante: los jerosolomitanos lo sabían. Porque aquel pueblo de Dios -pecador, sin la menor duda, aunque, precisamente por eso, enteramente consciente de la existencia de Yahvé y de su plan para su nación elegida- no pasaría por alto la llegada de un hombre a lomos de un burro. ¿Podría argüirse que en Jerusalén entraban, todos los días del año, hombres a lomos de burros? Podría y, por ello, al gesto habrían de darle el debido empaque, Jesús no pensaba limitarse a cruzar la muralla encaramado a un burro, sino que lo haría al tiempo que tanto él como los suyos proclamaban a los cuatro vientos el mensaje central de su prédica: que el final de los tiempos era inminente, que se desencadenaría en cuestión de horas o días y que, pese a ello, aún existía tiempo para arrepentirse”.

Existe un pequeño error en lo relativo a la cabalgadura, ya que, según los textos bíblicos, el animal que era utilizado por los monarcas de Juda y de Israel era una cría de asno, y que no hubiese sido montada por ningún ser humano. Además de que el paradigma de los soberanos judíos que era el Rey David, entró en Sión desnudo. Por consiguiente, el libro ha conseguido desgranar todo lo relativo a los últimos días de Cristo, enriqueciendo con los detalles necesarios aquel momento sublime de y para la humanidad. Poco tiempo después del amanecer, Jesús de Nazaret con sus apóstoles, el grupo de los doce y algunas de las mujeres que los acompañaban, incluyendo a Lázaro y a su familia, probablemente con Juan Marcos, ya que en la casa de su madre tenían previsto celebrar la Última Cena, y donde ocurriría el milagro de la transubstanciación o de la Eucaristía; se dirigieron con celeridad hasta la orgullosa capital de Israel, la antañona capital de los jebuseos, léase Jerusalén. Cristo no demostraba ningún tipo de emoción, sabía que era llegada su hora, ya que Su Todopoderoso Padre celestial quería que hiciese allí lo que se debería realizar sin ambages. La obra extraordinariamente estructurada se divide en tres capítulos o libros, con el título de cada uno alusivo al protagonista de la narración. El Primero se titula JESÚS, y narra lo ocurrido entre el Sábado de Pasión y el Vienes Santo. El Segundo se titula, como no podía ser menos MARÍA MAGDALENA Y PEDRO, ya que se desarrolla cincuenta días después de la muerte en la Cruz del Gólgota o Monte de la Calavera del Hijo de Dios, ya están en la populosa urbe de Galilea, que es la capital in pectore, y a la que definen como la ‘ciudad de Cristo’, es decir Cafarnaúm, a orillas del lago Tiberíades o mar de Galilea. Allí se fueron reuniendo todos los entristecidos seguidores de Cristo, entre la desesperanza y la ilusión de que todavía pudiese ocurrir algo. El Tercer libro se titula RESURRECCIÓN, y posee el subtítulo de Iglesia.

El regreso se realizó en silencio, Jesús había desaparecido de la vista y del pensamiento de los cristianos, y estos se limitaban a estar, a vaciarse de ideas preconcebidas, de pretensiones irrefrenables, de discordia. El lago Tiberíades, plácido y tranquilo, ofrecía una ruta lenta pero segura para la barca de los cristianos. A medio camino, de nuevo en aquel milagroso centro del lago, el viento cesó repentinamente, la vela se desinfló y la embarcación perdió impulso. Pedro, de pie en proa y con las piernas ligeramente abiertas, se hizo sombra poniendo una mano sobre las cejas y miró en dirección a la orilla oeste. ‘Es momento de ser pacientes’, dijo”.

Deseo indicar, sin acrimonia, algunos datos historiográficos de interés. En Getsemaní participan, obviamente, soldados de Roma, ya que se indican, en griego calificativos de Espeira y Quiliarcos, para referirse a los participantes en la captura de Cristo, lo que sorprende, ya que quizás las autoridades judías y romanas esperasen mayor resistencia, en función de lo que habrían contemplado el Domingo de Ramos, pero el grueso de la aprehensión sería por parte de los rudos soldados del Templo, ya que Malco es un funcionario israelita sensu stricto. Todo va a depender a priori del saduceo Sumo Sacerdote José ben Caifás, apoyado y aconsejado por su taimado suegro Anás, todopoderosa familia de Sumos Sacerdotes. A continuación, el prefecto del pretorio, el equites, Lucio Poncio Pilato tendrá la última palabra de muerte en cruz para el Hijo de Dios. Forma muy enjundiosa de narrar, agilidad indubitable y, por lo tanto, estimo que estamos ante una muy especial e inteligente novela-histórica, con todos los hechos históricos e historiográficos necesarios para calificar a esta obra de sobresaliente, y de recomendación plena y sin circunloquios. «Fremitu iudiciorum basilicae resonant. ET. Non videre, sed esse».

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios