Aunque parece que marzo es mes de mujer, yo lo voy a resaltar hablando de una pareja, hombre y mujer, que trabajando en igualdad rescataron gran parte de nuestro legado del romancero español: Ramón Menéndez Pidal y María Goyri. Nadie puede dudar de la importancia del Romancero español en todos los aspectos lingüístico, social, histórico, etc. como bien dice en su prólogo de Flor Nueva de Romances Viejos, Ramón Menéndez Pidal, “recolector de romances” como así se nombraba él mismo. Edición que dedicó a su hija Jimena: “A Jimena que Antígona de mi ceguera transitoria recreó mis días de tedio, llevándome a sacar del olvido este Romancerillo, que estaba hacía muchos años arrumbado”. Romances recolectados junto con su sobresaliente mujer María Goyri, recorriendo tierras de Castilla en burro desde su viaje de novios allá por 1900. De María Goyri (1873-1954) habría mucho que contar: filóloga, educadora, mujer tenaz en sus proyectos y sus escritos fue además colaboradora, más que ayudante, de su marido pues como bien dijo don Ramón en una entrevista “yo leo con cuatro pares de ojos”. Recientemente le puse voz, en formato de monólogo dramatizado en el Real Casino de Agricultura de Valencia descubriendo una gran mujer de principios de siglo XX que fue pedagoga, investigadora y mujer progresista que sobresalió notablemente tanto con sus recopilaciones del Romancero, Una docena de romances tradicionales, como experta en Lope de Vega que empezó con su tesis doctoral en 1909, La difunta pleiteada y culminó con La juventud de Lope de Vega, editado después de su muerte (Fundación Ramón Menéndez Pidal). Ella misma decía, “llegué a Lope a través del Romancero” y “soy la última conquista de Lope” como expone Carmen Oliart Delgado de Torres en su libro María Goyri, Una mujer asombrosa (Sabina editorial). María, minuciosa en su trabajo, con tesón inquebrantable refutaba a algunos “lopistas españoles” con esta frase: “Yo no disputo, expongo datos”. Y desde mi sillón orejero, conmemoro este marzo de igualdad hombre/mujer releyendo y disfrutando de Lope de Vega y de estos romances que me descubren toda una épica y lírica española. No dejo de asombrarme cómo estos versos relatan tragedias, amores e historia como si fueran pequeñas filminas profusamente decoradas pues no faltan las sedas doradas, paños de luto o tocas de negro cendal. Y leo pasmada, como si fuera ahora, una histórica agresión sexual; de cómo fue mancillada Florinda la Cava por el rey visigodo don Rodrigo, hecho fatal que desencadenó la pérdida del reino y la posterior conquista musulmana. “Florinda perdió su flor / el rey padeció el castigo: / ella dice que hubo fuerza / él que gusto consentido”. Y continúan los versos, de rabiosa actualidad que no tienen desperdicio pues cuestionan, como si fuera ahora, el hecho acaecido… “Si dicen quién de los dos / la mayor culpa ha tenido / digan los hombres: La Cava / y las mujeres: Rodrigo”. El romance continúa y ahora será Florinda la que advierte al rey: “Con la sangre de mi honra/ no se tiña el honor vuestro/ mirad que eclipse de sangre/ en reyes es mal agüero”. Pero todo es en vano pues persiste la agresión: “Rodrigo que solo escucha/ las voces de sus deseos/ forzóla y aborrecióla/ del amor propios efectos”. Ya advertido el conde Julián, que estaba en Ceuta, del sucedido a su hija, su venganza será terrible: “las cartas van al rey moro/ en las cuales le juraba/ que si él recibe ayuda/ le dará por suya España”. Así pues, el desenlace se presenta con la pérdida de batallas, las huestes vencidas y el reino perdido. El rey Rodrigo vagando y añorando pues, “Ayer era rey de España/ hoy no lo soy de una villa”, plora por ser perdonado y aceptando la penitencia impuesta, por un ermitaño, “voz que de los cielos se oía”, para lograr su salvación se meterá en su sepultura donde duerme una gran culebra. “¿Cómo te va penitente / con tu fuerte compañía? / Ya me come, ya me come / por do más pecado había”. Y con este trágico, a la vez que gráfico final termino esta lectura apasionada queriendo pensar que ojalá todos estos modernos agresores sexuales, violadores, pederastas, tan numerosos hoy en día, terminen sus días igual, comidos por una culebra “por do más pecado había”. P.d. No sufra querido lector pues “El alma del penitente / para los cielos subía”. María Pérez Herrero https://mariaperezherrero.
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| Una docena de romances tradicionales |
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