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María Pérez Herrero

Se estrenará en el Ateneo de Madrid el 19 de junio a las 19 horas

En conversación con la autora, nos adelanta: “En mi obra de teatro rescato a una Emilia Pardo Bazán en un diálogo con su personaje, una marquesa pizpireta que tiene un desliz amoroso voluntario y consentido en la Pradera de San Isidro que dice “lo que pasa es que me gusta… me gusta… en viéndole, acabose, me perdí”. Una puesta en escena a la voluntad de la mujer para realizar su deseo físico en 1889, en una representación de doña Emilia que escribe su novela Insolación donde el sol y sus efectos son los elementos detonantes de las veleidades de su personaje Francisca Asís, marquesa viuda de Andrade.”

Se ha puesto de moda el Pazo de Meirás por su cambio de titularidad y de pronto aparece nuestra, a menudo olvidada, Doña Emilia Pardo Bazán como si de refilón nos acordáramos de ella…

Leo en el estupendo artículo de Antonio Muñoz Molina (Babelia 12 dic) ese primer terror infantil que comparto y que me quedó en la memoria de niña y que tantas veces incluso de adulta lo he rememorado. Todavía cuando voy a casa de mis abuelos veo esa escalera por donde subía el “malvado” e imagino la madre diciendo “ya se irá, ya se irá…” mientras la niña oía los pasos cada vez más cerca, “ya sube el primer escalón…-sentía”.

Relatos incluido en el libro LAS MUJERES DE ALCOBENDAS CUENTAN

Desde esta ventana, la que me conecta con el exterior, la que me inunda de sonidos y sensaciones fácilmente identificables, vivo. Por las mañanas mi cuerpo ajado recibe los cálidos rayos del sol, cuando hay, y antes, mucho antes, todavía puedo oír el trinar de los pájaros y aún distingo el jilguero, el hambriento gorrión y la ladrona picaraza con su graznar antipático.

María Lejárraga nació en San Millán de la Cogolla (La Rioja, España) en 1874 y murió en el exilio, Buenos Aires, en 1974. Escritora, firmando como María Martínez Sierra el apellido de su marido Gregorio y diputada por partido socialista en Granada en 1933.

Autora de “Ni locas, ni tontas”

Me encuentro con María Pérez Herrero un día después del Día Internacional de la Mujer. “Estuve en la manifestación del domingo, hubo menos gente que el año pasado”, me dice en voz baja la escritora y guionista. Muchas mujeres se quedaron en casa por miedo a coger ese maldito virus que no respeta ni géneros ni edades. Su primera novela “Ni locas, ni tontas” es profundamente feminista y en ella cuenta la historia del Lyceum Club de Madrid, una de las primeras organizaciones feministas de nuestro país.

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Bien decía María Pérez: las tertulias de presenciales a virtuales, siguen fieles a la difusión de la literatura.

Las ganas de hablar sobre libros son imparables, y aunque ahora mismo los lectores no se puedan juntar físicamente para hablar sobre sus lecturas favoritas, en la editorial Espasa seguimos haciéndolo a través de encuentros virtuales. La pandemia, como todos han comprobado, ha echo que las cosas sucedan de otra manera. Es lo que pasó con Ni locas, ni tontas. El confinamiento no permitió su presentación.

Cuando invitaron las socias del Lyceum Club de Madrid al escritor Jacinto Benavente a dar una conferencia en sus salones, éste se excusó diciendo que “yo no puedo hablar a tontas y a locas”, frase con doble sentido del ganador del premio Nobel de Literatura de Literatura de 1922. O bien quería decir que se tenía que preparar su intervención o que no quería hablar ni a tontas ni a locas –las socias del club-. María Pérez Herrero titula precisamente al contrario su libro “Ni locas, ni tontas”, donde narra la historia del Lyceum Club que fue un lugar de encuentro de las mejores pensadores y profesionales españolas del siglo XX.

Me acaba de llamar Galo preguntándome si estoy bien. Hoy hace 9 días que empezó nuestro confinamiento por coronavirus. En España. Él está en Portugal. Están igual, encerrados. No nos vemos desde hace 5 años. Me manda muitos beijinhos. Yo también. El no habla español. Yo no hablo portugués, entiendo un poco. Yo le envío muitos beijinhos otra vez. Y le digo que se cuide, en español. Creo que me entiende. Y hemos colgado.