¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Llevo escribiendo, aproximadamente, desde los diecisiete años, aunque lo que me define, antes que cualquier otra consideración, es que siempre he sido lector.
Desde el año 2004 hasta el 2012, aproximadamente, centré mi interés literario en la poesía, y el fruto de todo ese acopio fue mi primer libro de poemas, El niño de arena, que apareció publicado en 2013, dentro de la extinta colección Deva, promovida por el Ateneo Obrero de Gijón y cuyo responsable fue uno de los nombres señeros de la literatura asturiana: el poeta y crítico Xosé Bolado. Después de eso, mi actividad se ha diversificado en varios frentes: he seguido cultivando la poesía (en Pájaro herido -2018- y el volumen recopilatorio El peso del silencio -2020-, ambos en BajAmar), pero también he podido desarrollar labores como antólogo (en Siete mundos. Selección de nueva poesía- Impronta, 2015-) y como editor de las canciones completas de Luis Alberto de Cuenca (Reino de Cordelia, 2019). Actualmente, me encuentro promocionando Libros de Aire (BajAmar), donde recopilo una parte sustancial de mis reseñas literarias y entrevistas con diversos escritores (Javier Cercas, Benjamín Prado, Antonio Colinas, Ángeles Mora, entre otros muchos), todo lo cual ha venido apareciendo en revistas y publicaciones periódicas, como Clarín o Anáfora.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas aforísticas y qué autores le influyeron?
Durante mi infancia, asimilé la poesía de una manera inconsciente, a través sobre todo de las lecturas maternas. Fue en mi adolescencia y en la etapa universitaria cuando fui tomando conciencia paulatina de que la poesía era el camino que pretendía seguir. En esa decisión me ayudaron especialmente tres libros, dos de ellos vinculados con el movimiento granadino de “la otra sentimentalidad” (Paseo de los tristes, de Javier Egea, y Completamente viernes, de Luis García Montero) y el otro muy enraizado en una suerte de “poesía entrometida” (El hombre de la calle, de Fernando Beltrán). Pero hay otros autores a los que podría mencionar como influencias decisivas: José Hierro, Ángel González, Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Julio Llamazares, Jorge Riechmann, Joan Margarit, etc.
¿Cómo definiría sus aforismos?
Me cuesta acotar mi escritura bajo una determinada etiqueta, pero si tenemos en cuenta que lo que más me interesa, por un lado, es la precisión y el decir mucho con muy poco y, por otra parte, un leve toque de misterio podría casi hablar de una suerte de “minimalismo onírico”.
¿Cree que el poeta o el aforista "evoluciona" en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje a lo largo de los años?
Siempre existe una evolución literaria, que corre pareja a la propia evolución humana y personal, porque no somos seres monolíticos, y la literatura, por otra parte, es un organismo vivo, que muta al mismo tiempo que nuestra propia capacidad para percibirla, asimilarla y practicarla. En mi caso, esa evolución podría quizá percibirse en el hecho de que cada vez apuesto más por un lenguaje despojado, que sugiere más que muestra, y que me hace sentirme próximo, en cierta medida, a una poesía del silencio o a una dicción más próxima al mundo oriental. En este sentido, me han influido autores como José Jiménez Lozano, José Corredor Matheos, José Luis Parra, o el argentino Hugo Mujica.
¿Cómo siente que un aforismo está terminado y cómo lo corrige?
Quizá nunca se termina de escribir un poema, pero diría que, cuando su final logra que todo lo dicho previamente cobre una relevancia y un sentido que hasta entonces no tenía, se logra el propósito buscado.
¿Cuál es el fin que le gustaría encontrar con su aforística?
Explicarme y asimilar aspectos de la realidad que aún me cuesta trabajo comprender.
¿Qué lugar ocupa para usted las lecturas en vivo?
Creo, sin duda, que son la plataforma más adecuada para dar a conocer el trabajo propio, y para que la literatura no se vea relegada a una labor solitaria y autoconclusiva. Por otro lado, es también una forma de compartir instantes e intereses con otras personas que poseen, en muchos casos, inquietudes semejantes a las tuyas. La lectura y la literatura es una cadena infinita que, quienes estamos inmersos en ella, debemos contribuir a alimentar.
En la actualidad, cualquiera se cree con derecho a opinar, y se tiende a confundir muchas veces la sinceridad con la agresividad
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?
Me parece, por supuesto, que hay más medios que nunca para difundir la literatura, pero es necesario que sepamos separar el grano de la paja, y que, sea cual sea la plataforma elegida, nos guiemos ante todo por el rigor, el inconformismo, y el respeto hacia los demás. En la actualidad, cualquiera se cree con derecho a opinar, y se tiende a confundir muchas veces la sinceridad con la agresividad.
¿Podría recomendarnos un poema y un aforismo de otros autores que le haya gustado mucho?
Antes que un poema, recomiendo un libro entero: El que menos sabe, de Tomás Sánchez Santiago. Y en el terreno aforístico, por su hondura y capacidad de sugerencia, recomiendo el trabajo de Jordi Doce: libros como Hormigas blancas o Perros en la playa.
¿Qué libro está leyendo actualmente?
Acabo de leer el libro de poemas Cuentos tradicionales, de María Fernández Abril (merecedor de un accésit del Premio Adonais 2024), y en prosa estoy leyendo El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas.
¿Qué consejos le daría a un joven escritor que se inicia en este camino de la poesía o del aforismo?
Que nunca dé nada por sentado, y que nunca cese de leer. Es la única forma en que su escritura podrá cobrar el relieve y la importancia necesarios.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Diversa, plural, y rica. Cada vez se abandona más la hegemonía de los grandes grupos editoriales (como Planeta) y surgen editoriales alternativas, originales, y arriesgadas: Libros del Asteroide, Blackie Books, Muñeca infinita, Círculo de Tiza, Gallo Nero, entre muchísimas más.
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
No hay ninguna que haya echado en falta. Todas me han parecido adecuadas, pertinentes, y bien traídas.
¿Cuál es su mayor virtud?
La paciencia, la constancia lectora, y la curiosidad intelectual.
¿Y su mayor fracaso?
No haberme dedicado profesionalmente a nada relacionado con la industria editorial, o la crítica cinematográfica.