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"Imperios y bárbaros", de José Soto Chica

Desperta Ferro. 2021
martes 02 de junio de 2026, 22:21h
Imperios y bárbaros
Imperios y bárbaros

En un libro de más de 600 páginas el doctor medievalista José Soto Chica realiza un preciso acercamiento, y como en todas sus obras del Medioevo, este es de referencia. Esta obra tiene un centro histórico bélico casi inmarcesible y vital, y me estoy refiriendo a la decisiva y esencial batalla de los Campos Cataláunicos. El año es el 451 d.C., y en ella el personaje conspicuo del hecho será el gran rey de los hunos, Atila “el Grande”. Frente a él Roma colocará a su mejor general, y se trata del patricio Flavio Aecio. Pero, el SPQR está en una situación económica complicada, ya que la penuria de medios es prístina, y sobre todo no existe discusión posible de que el hecho se ira desarrollando en déficit de inversión de recursos, ya hacia el año 395 d.C. Los legionarios cobran bastante y, como ocurriría con su gran enemigo, los cartagineses de la Edad Antigua, la profesionalidad elevada de sus soldados era muy difícil de poder sostener, económicamente hablando.

En efecto, el Ejército romano era un ejército profesional y, por lo tanto, resultaba caro de mantener y necesitaba un trasvase regular de medios económicos en forma de sueldos, armas, equipos, abastecimientos, alojamientos, fortificaciones, etc. Se ha calculado que, en el siglo V, un soldado romano perteneciente a la infantería de campaña le costaba al Imperio 6 sólidos áureos al año, mientras que uno de caballería costaba al tesoro imperial 10,5 sólidos áureos. El sostenimiento de ese coste, claro está, dependía por completo de los impuestos que el gobierno central recogía en las provincias y estos no dejaron de disminuir por mor de las invasiones y de las guerras civiles que se sucedieron entre 395 y 411. De hecho, se puede deducir que en 411 la parte occidental del Imperio ingresaba solo un 50%, como mucho, de lo que había ingresado en sus arcas en 395. Este cálculo, muy conservador, implicaba que un 50% de las unidades listadas hacia 395 en los ejércitos occidentales no se podían ya seguir manteniendo”.

La cuestión se fue agravando hasta hacerse insostenible, hasta llegar al año 429, cuando África comenzó a ser devastada, a sangre y fuego, por los pueblos nómadas de los vándalos y de los alanos, lo que ya se transformó en una situación sociopolítica insoluble cuando el monarca Genserico tomó Cartago al asalto, el hecho fue un cataclismo político para el resto del Imperio romano, y de resultas del mismo el resto del SPQR perdió el 36,5% de su posibilidad de maniobra.

Una novela de Valentiniano III promulgada el 14 de julio de 444 muestra de forma cruda la gravedad del problema arriba esbozado. En esa novela, el emperador reconoce que no puede hacer frente al sustentamiento del ejército. No cuenta con el oro necesario no solo para pagar a sus soldados, sino tan siquiera para vestirlos, armarlos y abastecerlos. De ahí su necesidad de incrementar, de nuevo, los impuestos a los ciudadanos que aún estaban bajo su control directo. Ese mismo año Valentiniano dispuso un nuevo impuesto sobre el comercio al que gravó con una tasa de la vigésima cuarta parte del valor de las mercancías. Pero los ingresos totales provenientes de esos impuestos, como ya hemos señalado y como demuestra otra novela del año 445 que concedía una notable reducción de los mismos a la Mauritania Sitifense y a la Cesariense, así como a la parte occidental de Numidia, recién recuperadas todas ellas de manos de los vándalos gracias al tratado firmado en 442, habían caído a una octava parte de su antigua cuantía”.

En estas circunstancias cuando se acerque la fecha fatídica del enfrentamiento contra el Rey de los Hunos, la cifra de legionarios romanos será ya únicamente el 30% del total. Los protagonistas de la batalla están incluidos dentro de un conflicto histórico muy complejo. Honoria es la hermana de un débil y poco destacado emperador llamado Valentiniano III. Atila es un caudillo venido de las estepas del Asia Central, acostumbrado a la lucha por la identidad y la supervivencia. Frente a todos se encuentra uno de los últimos generales de Roma, Flavio Aecio. Honoria está muy descontenta con su situación curial, y por ello envía su anillo demandando la ayuda del rey de los hunos, y ofreciéndose para ser su esposa, el soberano oriental comprendió que las complicadas negociaciones diplomáticas solo desembocarían con su triunfo, si vencía en la guerra que se anunciaba, en lo que sería una terrible jornada en los Campos Cataláunicos. A finales de febrero Atila reunió un más que numeroso para dirigirse contra Roma; el 7 de abril de 451, los hunos destruyen con saqueo incluido la ciudad de Divodurum, que es la actual ciudad de Metz, capital de la región francesa de Lorena.

Tras remontar el Danubio y el Neckar, Atila cruzó el Rin en los primeros días de abril del año 451 a la altura de Confluentes, Sidonio Apolinar constata el cruce del gran río y ofrece una vívida descripción sobre cómo lo hicieron, mediante el tendido de puentes de barcas, de monóxilos, una suerte de canoas excavadas en un solo tronco que podían unirse entre sí y sobre las que luego podía disponerse una plataforma para facilitar el paso de hombres, caballos y carros. Esta técnica para pasar ríos no era desconocida para los romanos y tampoco para los hunos que ya la habían usado con éxito notable para cruzar el Danubio y el río Nisava en el año 442”.

Sea como sea, Atila considera que debe pasar el Rin para atacar al corazón del Imperio, mientras el general Aecio no permanece activo, y tiene las noticias fehacientes de lo que está ocurriendo en el campamento de los hunos. El cronista e historiador Sidonio Apolinar escribe que Aecio cruzaría los Alpes entre el 10 y el 15 de abril del año 451. PANEGÍRICO A AVITO: “Y ya, oh belga, Atila se había desplegado por tus campos con sus terroríficas huestes, cuando Aecio dejó los Alpes”. La pavorosa confrontación bélica ocurrida en los Campos Cataláunicos tuvo varios protagonistas. Aecio contó con un aliado importante como fue el rey Teodorico I “el Grande” de los ostrogodos, y Atila sería derrotado dejando miles de muertos, unos treinta mil en el campo de batalla, aunque los romanos y sus aliados no perdieron un número menor de soldados. En la madrugada del 20 de junio, Atila temería la total y absoluta aniquilación, por lo que recurrió a sus adivinos más conspicuos, los cuales utilizando la escapulancia, que consiste en adivinar el futuro utilizando los huesos quemados de animales, y analizar así las fracturas producidas por el fuego.

El resultado fue claro y nítido, ya que le indicaron sin ambages que perdería la batalla, pero que el jefe de sus enemigos moriría en la confrontación bélica. El resto de este estudio pormenorizado y soberbio sobre esta época del Medioevo denominada como la Edad Obscura, está en el resto de la obra, que se lee con interés preferente. Cantidad de datos contrastados, hacen de este volumen una obra magnífica y más que necesaria. El libro que presenta una esclarecedora portada, aporta una más que completa bibliografía, sumamente enriquecedora. Se conoce que el final del ejército de Roma cayó no por el definitivo empujón de sus enemigos bárbaros, sino porque la hacienda pública del Senatus Populusque Romanus decidió que ya no le era posible hacer frente a los sueldos de los otrora gloriosos legionarios de Roma. Otros pueblos, como en el futuro lo sería el Islam desearían entrar en Europa y ser aceptados, manu militari, por lo que sería más que preciso el defenderse. Así lo haría el Mayordomo de Palacio de los reyes merovingios en la batalla de Poitiers, y que se llamaba Carlos Martel, su nieto Carlomagno sería quien inauguraría el Sacro Imperio Romano y Germánico. Otra batalla a citar sería la de Vouillé en el año 507 entre francos y visigodos por la conquista de la Galia Comata. Clodoveo I ganaría y el visigodo Alarico II perdería la batalla y la vida.

«‘Edad oscura’ es el nombre que tradicionalmente se ha dado al periodo comprendido entre las invasiones germánicas y la eclosión del Imperio carolingio, un tiempo que supuso la transformación definitiva del mundo antiguo y el alumbramiento del Medievo. Los conflictos bélicos, ya fueran de carácter casi mundial porque enfrentaban a los grandes imperios, o de carácter local, fueron continuos y feroces, desde Atila y sus hunos y la caída del Imperio romano de Occidente, al avance incontenible de la marea islámica, solo frenada in extremis por Bizancio y los francos. A partir del análisis de ejércitos, estrategias y batallas, José Soto Chica, profesor de la Universidad de Granada, arroja luz sobre una época poco luminosa y poco iluminada por la investigación. En Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura, asistiremos a la caída de potencias como los sasánidas o Roma, al final del reino visigodo, a choques cruciales para el destino del mundo como Poitiers, al nacimiento y disolución de efímeros imperios de las estepas o al alumbramiento de leyendas como la del rey Arturo». ¡Extraordinaria obra del Medioevo. Plena recomendación! «Nihil novum sub sole. ET. Unus non sufficit orbis».

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