Góngora se burla de la “llaneza” de la poesía castellana de Lope de Vega y de sus seguidores, a la vez que reivindica la poesía culteranaEste soneto, escrito por Góngora en 1621, es una sátira con la que critica a sus oponentes literarios, con Lope de Vega a la cabeza, llamándolos "Patos de la aguachirle castellana", porque con su estilo fácul y popular se apartan de la buena poesía; y, a la vez, defiende su propio estilo, tan difícil como elegante. Tras la reproducción de original, ofrecemos un sucinto comentario estofa por estrofa.
Patos de la aguachirle castellana,
que de su rudo origen fácil riega y tal vez dulce inunda nuestra Vega, con razón Vega por lo siempre llana: pisad graznando la corriente cana
del antiguo idïoma y, turba lega, las ondas acusad, cuantas os niega ático estilo, erudición romana. Los cisnes venerad cultos, no aquellos
que escuchan su canoro fin los ríos; aquellos sí, que de su docta espuma vistió Aganipe. ¿Huís? ¿No queréis vellos,
palustres aves? Vuestra vulgar pluma no borre, no, más charcos. ¡Zabullíos!
Luis de Góngora: Sonetos completos. Madrid, Ediciones Castalia, 1969, 1.ª edición. Colección Clásicos Castalia,núm. 1. Biruté Ciplijauskaité, editora literaria. (Última edición: Barcelona, 2020).
Primer cuarteto, versos 1-4. Empecemos por determinar el significado de las tres palabras básicas del verso 1. Los "patos" graznan, y el sonido que emiten -el graznido- es desagradable, fuerte, ronco o desentonado; el "aguachirle" es un alimento líquido sin sustancia; y "castellana", aunque califica a "aguachirle", hace referencia a la escuela poética caracterizada por su sencillez, frente a la complejidad formal de la andaluza. Desentrañemos ahora el valor semántico de las imágenes empleadas por Góngora: la poesía de Lope de Vega y de sus segodores es de baja calidad, porque resulta insustancial de contenido -como si de agua sucia se tratara ("aguachirle")- e inarmónica en su cadencia musical -con la aspereza del ruido desagradable ("patos"). Los versos 2-4, Góngora juega con el diferente significado de la palabra "Vega", ya se refiera al apellido de Lope, ya al terreno "bajo y llano", regado por lo general por un río. Lo que está haciendo Góngora es aludir a la llaneza de la poesía de Lope de Vega, que carece de altura artística. En el vero 9 se intensifica el contraste entre "cisnes" y "patos": aquellos poseen la elegancia que es propia de la poesía culta, compleja de formalizar lingüísticamente. Para Góngora, Lope de Vega lleva con toda razón el apellido que lo identifica, que es aplicable a su poesía: llaneza de forma y fondo o, dicho de otro modo, falta de profundidad. Segunmdo cuarteto, versos 5-8. Estos versos son una crítica a quienes no comparten su estilo culto, a los que llama "turba lega" (verso 6), es decir, multitud ignorante, que solo sabe graznar como los patos, incapaces de emplear la lengua culta, apegados a un estilo tradicional pasado de moda (versos 5-6: "pisad graznando la corriente cana / del antiguo idïoma"). Y en los versos 7-8 defiende, frente a la concepción "lopesca" del quehacer literario, su propio estilo culto, que toma como referencia la riqueza cultural del mundo grecolatino, y al que sus detractores son incapaces de acercarse, sumidos en la ignorancia. Adviértase el valor imperativo de las formas verbales con las que Góngora zahiere a sus críticos ("pisad" -verso 5-, "acusad" -verso 7-); así como el perfecto quiasmo 'adjetivo+nombre/nombre+adjetivo' que conforma el verso 8, dotado, además, de una especial sonoridad por la combinación de la palabra esdrújula "ático" y la aguda "erudición". En definitiva, la elocuencia de griegos y romanos es lo que pretenden imitar los culteranos, alejados de la lengua común. Primer terceto, versos 9-11. Góngora sigue defendiendo la complejidad de su poesía frente a la de los poetas que escriben con estilo sencillo: una poesía a la que deberían honrar tomándola como objeto de veneración (verso 9, de nuevo con la forma verbal imperativa: "venerad"): frente al graznido de los "patos", la elegancia majestuosa de los "cisnes"; porque la de aquellos es una poesía que carece de valor duradero, destinada a una prematura desaparición: ese "canoro fin" (verso 10) es, precisamentem, la alusión metafórica a la creencia de los antiguos griegos de que los cisnes cantaban al morir. Adviértase que Góngora no cierra el terceto con una pausa estrófica: "que de su docta espuma / vistió Aganipe" (versos 11-12): frente al agua corrompida de los ríos comunes (que simboliza a los poetas vulgares), el agua de la fuente mitológica de Aganipe, consagrada a las musas, que hacía sabio a quien la bebía (y que simboliza a los verdadreos poetas). La "docta espuma" (verso 11) es, pues, esa agua que, metafóricamente, representa la verdadera inspiración poética. Segundo terceto, versos 12-14. Góngora llama a sus detractores "palurdas aves" (verso 13), es decir, poetas ignorantes y zafios, que chapotean en charcos como patos -cruel referencia a su talento poético, que no bebe precisamente en la fuente de Aganipe, cuyas aguas refinarían su poesía-; y les pide que dejen de escribir porque sus obras son mediocres. Pero Góngora lo expresa en un complejo lenguaje metafórico que se apoya en la palabra "pluma" empleada en calidad de símbolo bisémico: la "pluma de las aves" que, como patos que son, se sumergen en aguas sucias y estancadas; y esa misma "pluma usada como instrumento para escribir", que solo puede producir obras vulgares y, por ello, les pide a los seguidores de Lope de Vega que no afeen el noble arte de la poesía con sus burdos versos. Aganipe (ninfa), grabado de 1587. Museo de Arte del Condado de Los Ángeles. [La fuente de Aganipe es una de las dos fuentes que brotan al pie del monte Helicón, en Tespias (Beocia); la otra es la de Hipocrene ("fuente del caballo"). Se decía que fue creada por los cascos del caballo Pegaso, y estaba relacionada con las musas como fuente de inspiración poética].
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