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Nuestro poema de cada día
Luis de Góngora y Argote
Luis de Góngora y Argote

LA ENREVESADA COMPLEJIDAD FORMAL DEL CULTERANISMO GONGORINO

1. La expresividad del hipérbaton gongorino. Los poemas de Luis de Góngora presentan un recurso propio de la poesía renacentista: la complicación de la frase con continuos hipérbatos, que tienen su más exacerbada manifestación en la Fábula de Polifemo y Galatea y, más todavía, en las largas estrofas de las Soledades. En estas composiciones, la intensificación del hipérbaton es tan exagerada que dificulta enormemente su comprensión, y no pueden entenderse sin un considerable esfuerzo; como el que llevó a cabo Dámaso Alonso para hacérnoslas inteligibles. Y de entre los distintos hipérbatos que el gran especialista gongorino señala [1], tiene un especial valor estilístico el llamado hipérbaton distensivo, que consiste en separar, distanciándol as, dos palabras que deberían ir seguidas, con objeto de alargar o aumentar la idea expresada; tal y como puede comprobarse en la siguiente estrofa -la sexta- de la Fábula de Polifemo y Galatea:
Fábula de Polifemo y Galatea
Fábula de Polifemo y Galatea
De este, pues, formidable de la tierra
bostezo, el melancólico vacío,
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío
y redil espacioso donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío
de los montes esconde: copia bella
que un silbo junta y un peñasco sella. [2]

Apoyo léxico.

Cabrío. Ganado cabrío. Copia. Muchedumbre o abundancia de una cosa. Silbo. Silbido.

Para referirse al extraordinario tamaño de la boca de entrada de la gruta en la que vive Polifemo, así como a la profundidad de la misma, Góngora recurre a dos originales metáforas, montadas sobre un hipérbaton: el melancólico vacío de este formidable bostezo de la tierra; y, al separar el adjetivo (formidable) y el sustantivo (bostezo), el bostezo de la tierra aumenta considerablemente y, en consecuencia, el poeta nos traslada la idea de enormidad que define una gruta cuyos límites son inabarcables; refugio tosco y sombrío -bárbara choza/albergue umbrío- que le sirve al cíclope de amplio redil en el que encierra las numerosas cabras que integran su rebaño. Y de nuevo recurre Góngora a otro hipérbaton, más violento que el anterior, para concretar estas ideas: “... donde encierra / cuanto [A] las cumbres ásperas [D] cabrío [B] / de los montes [E] esconde [C]” (es decir: “donde encierra cuanto [A] cabrío [B] esconde [C] las cumbres ásperas [D] de los montes [E])”. Los dos versos que rematan la estrofa encierran una imagen vigorosamente expresiva: el rebaño acude al silbido del cíclope (un silbo junta) y se guarece en la caverna, cuya abertura queda tapada por una enorme piedra (un peñasco sella).

Estrofa VI. Prosificación de Dámaso Alonso.

Unos troncos robustos sirven de defensa y tosca guarnición a este recio peñasco. A la greña o maraña intrincada de los árboles debe la caverna profunda aún menos luz del día y menos aire puro que a la peña que la cubre (pues si mucha luz y aire quita esta piedra, más quitan aún los árboles que están delante). Y que el seno oscuro de la cueva es lecho tenebroso de la noche más sombría nos lo indica una infame turba de aves nocturnas que allí gimen con tristeza y vuelan pesadamente.

Cuando, por ejemplo, para describir la corpulencia del gigante Polifemo Góngora emplea el endecasílabo “Un monte era de miembros eminente” -cuyo sorprendente ritmo acentual se debe al hipérbaton-, atribuye al signo “monte" una significación alejada por completo del valor significativo de dicho vocablo, ya que quiere trasladarnos la idea de enormidad. Por otra parte, la acumulación de consonantes nasales -“Un monte era de miembros eminente”- contribuye a recalcar la extremada corpulencia del cíclope -y de ahí el carácter enfático de esta expresiva aliteración-. Esta es la octava completa -la VII- de la Fábula de Polifemo y Galatea:

Un monte era de miembros eminente
este (que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo casi del mayor lucero)
cíclope, a quien el pino más valiente,
bastón, le obedecía, tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro cayado.

Apoyo léxico.

Ilustra. Da lustre, brillo. Émulo. Rival, competidor de alguien o de algo, que procura excederlo o aventajarlo. Cíclope. Gigante de la mitología griega de un solo ojo. [Muchos son los cultismos que contiene esta estrofa: eminente, fiero, ilustra, orbe, émulo, lucero, cíclope, grave].

Este cíclope era, en efecto, como un eminente monte de extremidades humanas (adviértase que el determinante demostrativo “este” -que figura al comienzo del segundo verso de la estrofa- acompaña al nombre cíclope -cuya aparición “se retrasa” hasta el comienzo del verso quinto-); hijo fiero -grande y terrible- de Neptuno -aposición que le otorga linaje divino y que sigue insistiendo en su magnitud física-; y su frente es como un orbe, porque está ocupada por un único ojo que la ilumina y que nada tiene que envidiar al Sol -doble hipérbole de gran plasticidad metafórica. La segunda parte de la estrofa recalca la fuerza que se deriva de la corpulencia del cíclope: el pino más valiente le sirve de bastón a Polifemo, si bien se doblega como un delgado junco bajo su grave peso, de forma tal que al día siguiente ha dejado de ser un pino recto para convertirse en un curvado cayado. Y de nuevo Góngora se ha servido de otro hipérbaton, tan violento como el anterior, para concretar estas ideas: “cíclope, a quien el pino más valiente, / bastón le obedecía, tan ligero” (es decir: cíclope, a quien el pino más valiente le obedecía cual bastón ligero); y de esta manera, el sintagma “bastón ligero” queda roto, para interpolar la forma verbal precedida del pronombre átono “le obedecía”, con lo que la fluidez del verso queda interrumpida y este desequilibrio rítmico y sintagmático ayuda a sugerir la dificultad que acarrea la transformación de un pino en un bastón, antes de convertirse definitivamente en cayado, proceso que se explicita en los dos versos que rematan la estrofa: el “pino/bastón” // “valiente/grave” pasa a ser “junco/cayado // “ligero/delgado”, imágenes estas revestidas de un dramatismo al que sin duda contribuye la prosopopeya que le atribuye al pino la capacidad humana de poder obedecer al cíclope, doblegándose ante su extraordinaria fuerza.

Estrofa ViI. Prosificación de Dámaso Alonso.

Era como un eminente monte de miembros humanos este cíclope, feroz hijo del dios Neptuno. En la frente de Polifemo, amplia como un orbe, brilla un solo ojo, que podría casi competir aún con el sol, nuestro máximo lucero. El más alto y fuerte pino de la montaña lo manejaba como ligero bastón; y, si se apoyaba sobre él, cedía al enorme peso, cimbreándose como delgado junco, de tal modo, que, si un día era bastón, al otro ya estaba encorvado como un cayado.

Góngora ha sido capaz de crear un lenguaje poético alejado de la llaneza y claridad de la prosa coloquial, aunque lleno de dificultades que obstaculizan su rápida comprensión; dificultades originadas por la condensación de cultismos, el encadenamiento de las metáforas, la condensación de toda clase de figuras, los extraordinarios efectos sonoros, las alusiones a la mitología grecolatina y, además, por el uso del hipérbaton y la dislocación sintáctica; hipérbaton del que supo sacar las más delicadas posibilidades expresivas: “En sus manos -escribe Dámaso Alonso-, fue un instrumento apto que, en muchas ocasiones, sirve para dar flexibilidad y soltura a la lengua, permite el aéreo encadenamiento de un periodo, aquí facilita un donaire o una momentánea alusión, allá un efecto imitativo, a veces hace resaltar el valor eufónico o colorista de una palabra, permitiendo su colocación en un punto donde el ritmo tiene su cima de intensidad, otras veces hace surgir nítido, de punta en blanco, un espléndido verso”. [3]

Examinemos otra estrofa de la Fábula de Polifemo y Galatea -la XIV-, en la que se describe a la ninfa Galatea, para comprobar la exactitud de las intuitivas palabras de Dámaso Alonso a propósito del hipérbaton gongorino:

Purpúreas rosas sobre Galatea
la Alba entre lílios cándidos deshoja:
duda el Amor cuál más su color sea,
o púrpura nevada o nieve roja.
De su frente la perla es eritrea
-émula vana. El ciego dios se enoja
y, condenado su esplendor, la deja
pender en oro al nácar de su oreja.

Apoyo léxico.

Eritrea. Alusión al mar Rojo, Eritreo, cuyas perlas eran muy estimadas en la Antigüedad. El ciego dios. Cupido, dios del amor, al que se representa con los ojos vendados.

Los versos primero-segundo y quinto-sexto contienen sendos hipérbatos que, aunque alteran violentamente el orden lógico de las frases, confieren a los versos una notable sonoridad y hacen posible que determinadas palabras sobresalgan con más relieve: la distribución rítmica acentual de tales versos desaparecería si seevitaran dichos hipérbatos y, perdida la belleza sonora, las palabras se volverían mates; (compruébese: “La Alba deshoja sobre Galatea rosas purpúreas entre lílios cándidos”; “La perla eritrea es émula vana de su frente”). Como dice Dámaso Alonso, Góngora “sabe colocar las palabras más nítidas en la cima de sonoridad del verso, la palabra más intensa y sugeridora en el punto donde el ritmo alcanza mayor intensidad... En fórmula breve podríamos decir que la palabra espléndida y coloreada, puesta en trance de intensidad rítmica, se intensifica, como si el ritmo fuera una caja de resonancia del color, y el ritmo se esculpe más garboso y claro al ceñirse a la palabra fastuosa y lúcida”. [4]

Y junto a la sonoridad, la nota de color: tal es la extremada idealización de la belleza de la ninfa, que en su color se entremezclan púrpura nevada y nieve roja; sorprendente e inédita antítesis que contribuye a crear un clima de refinada belleza.

Esto es, precisamente, lo que Góngora persigue: unos versos que causen admiración por su belleza sensorial, por su brillantez plástica y musical; y no le importa sacrificar su comprensión en aras de una hermosa visión de la Naturaleza de la que emana un constante halago a los sentidos.

Estrofa XIV. Prosificación de Dámaso Alonso.

Blanca y colorada es Galatea: la Aurora ha deshojado sobre ella rosas rojas como la púrpura, entremezcladas con lirios (es decir, azucenas) de un blanco cándido. Duda el Amor y no se termina a decidir cuál sea el color de la ninfa: si púrpura nevada, o si roja nieve; tan ligados y matizados están en ella ambos colores. En vano la perla del mar Eritreo quiere competir con la frente de Galatea. El ciego dios de amor se enoja al ver el atrevimiento de la perla, y, condenando su esplendor, la regala, engastada en el oro de un zarcillo, a pender en la nacarada oreja de la muchacha.

Otra estrofa de la Fábula de Polifemo y Galatea -la IV- nos va a permitir comprobar la exactitud de las palabras de Dámaso Alonso a propósito del hipérbaton gongorino.

Donde espumoso el mar sicilïano
el pie argenta de plata al Lilibeo
(bóveda o de las fraguas de Vulcano,
o tumba de los huesos de Tifeo),
pálidas señas cenizoso un llano
-cuando no del sacrílego deseo-
del duro oficio da. Allí una alta roca
mordaza es a una gruta de su boca.

Apoyo léxico.

Argentar. Cubrir de plata algo; dar brillo semejante al de la plata (acepción que en la época de Góngora se aplicaba a ciertos calzados, lo que justifica que el poeta matice “argenta de plata el pie”). Lilibeo. Nombre de la actual Marsala, situada en el extremo oeste de Sicilia, en el cabo Boeo). Donde, espumoso, el mar sicilïano / el pie argenta de plata al Lilibeo (versos 1-2): el mar siciliano se torna plateado a causa de la espuma de las olas que rompen al pie del Lilibeo. La fragua de Vulcano. En la mitología romana, Vulcano -hijo de Júpiter y de Juno, y esposo de Venus- es el dios del fuego y los volcanes. Su fragua podía encontrarse situada bajo el monte Etna, en Sicilia. Tifeo -Tifón- fue confinado por Zeus bajo el monte Etna; podía vomitar fuego y lava por su boca, y originar huracanes y terremotos moviendo sus alas. Pálidas. Lúgubres y mortecinas.

Si eliminamos los hipérbatos, el contenido la anterior estrofa podría, reordenándolo, expresarse de la siguiente manera: “Donde el mar siciliano, espumoso, argenta de plata el pie al Lilibeo (bóveda de las fraguas de Vulcano o tumba de los huesos de Tifeo), un llano da, cenizoso, pálidas señas del duro oficio, cuando no del sacrílego deseo. Allí una alta roca es mordaza de su boca a una gruta”.

Pero son necesarias ciertas aclaraciones para poder entender las alusiones a la mitología grecolatina presentes en los versos gongorinos, y referidas a la actividad volcánica del Etna, en el promontorio llamado Lilibeo. De acuerdo con una versión mitológica, el volcán sería la chimenea de la fragua de Vulcano -situada bajo la isla siciliana-, en la que el dios del fuego forjaba los rayos que Júpiter se encargaba de lanzar en las tormentas; y, por esta razón, el llano, cuando se cubre de cenizas, da señas del duro oficio de herrero que desempeña Vulcano (“pálidas señas cenizoso un llano / [...] del duro oficio da”). Y, según otra versión mitológica -a la que también se refiere Góngora-, los gigantes que poblaban la tierra pretendieron escalar el monte Olimpo donde moraban los dioses, que finalmente los derrotaron. Uno de ellos, Tifeo, fue sepultado vivo por una roca -la isla de Sicilia- que le lanzó Júpiter, y el volcán Etna se convirtió en la vía de escape por la que el gigante, en forma de erupciones, manifestaba su rabia. Esta segunda alternativa la expresa Góngora con estos versos: “pálidas señas cenizoso un llano / -cuando no del sacrílego deseo- / [...] da” (es decir, que el llano, con sus cenizas, da muestras del sacrílego deseo que tuvieron Tifeo y los demás gigantes de invadir el Olimpo). Así pues, las dos versiones mitológicas que propone Góngora para explicar la actividad volcánica del Etna (versos 3 y 4: “bóveda o de las fraguas de Vulcano [A1], / o tumba de los huesos de Tifeo [B1]”) se complementan con otras tantas razones por las que el llano se cubre de cenizas (en los versos 5-7): “pálidas señas... / del duro oficio da [A2]”; “cuando no del sacrílego deseo [B2]”, en clara referencia a Vulcano y a Tifeo, respectivamente, correlación que cohesiona internamente la estrofa. Y con un nuevo hipérbaton se cierra la estrofa: “Allí una alta roca / mordaza es a una gruta de su boca” (versos 7-8); es decir, que una roca hace de mordaza a la boca de una gruta, cerrándola, por tanto.

Estrofa IV. Prosificación de Dámaso Alonso.

Cerca de donde el espumoso mar de Sicilia casi rodea el promontorio al que los antiguos llamaron Lilibeo (y hoy se llama lo mismo y también Boeo), como calzando el pie de este monte y argentándolo con la plata de las ondas marinas; cerca de esta montaña que sirvió de bóveda a las fraguas subterráneas de Vulcano, o de sepultura a los huesos de Tifeo (uno de los gigantes que pretendieron escalar el Cielo y fueron vencidos por los dioses), un llano, cubierto de ceniza, da todavía con ella pálidas señales, o del duro oficio de las herrerías de Vulcano, o del sacrílego intento de Tifeo (porque Tifeo, enterrado allí,vomita a veces cenizas ardientes desde su sepultura). En este sitio, pues, una alta roca tapa la entrada de una gruta, sirviendo así como de mordaza a la boca de la caverna.

NOTAS.

[1] Dámaso Alonso: “La lengua poética de Góngora”. Revista de Filología Española, anejo XX, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1935.

[2] Dámaso Alonso: Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos. Madrid, Gredos, 1993, 5.ª edición. Biblioteca Románica Hispánica. II, Estudios y ensayos, núm. 1. ["Mostruosidad y belleza en el Polifemo de Góngora"; págs. 313-392; y, en concreto, págs. 338-347].

[3] Dámaso Alonso: “La lengua poética de Góngora”; op. cit., pág. 190-191.

[4] Dámaso Alonso: Estudios y ensayos gongorinos. Madrid, Gredos, 1982, 3.ª edición. Biblioteca Románica Hispánica. II. Estudios y ensayos, núm. 18; pág. 81.

2. Los intrincados recursos fónicos de Góngora. En Góngora no solo las palabras, en función de los acentos, cobran un especial relieve significativo determinado por el ritmo del verso, sino que también la organización de los propios sonidos ayudan a dotar de insospechados matices significativos palabras que, de otra forma, se tornarían mates. El ejemplo de la estrofa XXXII, de la Fábula de Polifemo y Galatea es lo suficientemente elocuente al respecto:

[Galatea encuentra a Acis]
Llamáralo, aunque muda, mas no sabe
el nombre articular que más querría;
ni lo ha visto, si bien pincel suave
lo ha bosquejado ya en su fantasía.
Al pie —no tanto ya, del temor, grave—
fía su intento; y, tímida, en la umbría
cama de campo y campo de batalla,
fingiendo sueño al cauto garzón halla.

[El verso “cama de campo y campo de batalla” -el 255 en el total de la obra- tiene ciertas concomitancias con el verso 8 del soneto XVII de Garcilaso de la Vega (segundo cuarteto: “El ancho campo me parece estrecho, / la noche clara para mí es escura; / la dulce compañía, amarga y dura, / y duro campo de batalla el lecho”; verso tomado, a su vez, del soneto CCXXVI de Petrarca: “e duro campo di battaglia il letto” (verso 8)].

Para una mejor comprensión de esta estrofa, la situaremos antes en el contexto de la obra y, en concreto, en la parte dedicada al amor entre Acis y Galatea, que se extiende desde la estrofa XXIII a la LXII. Galatea se queda un día dormida a la orilla de una fuente, a la que llega el joven Acis para beber agua (estrofas XXIII y XXIV). Acis idolatra a Galatea y, en calidad de ofrenda, deja junto a la ninfa un cestillo con leche, almendras, manteca y miel (estrofas XXV-XXVII). Cuando Galatea despierta, se pregunta quién puede haberle hecho semejante regalo (estrofas XXVIII-XXIX). En ese preciso instante, Cupido le atraviesa el pecho con una de su flechas de amor [“su blanco pecho de un arpón dorado”; verso 244] (estrofas XXX-XXXI); y, de esta forma, Galatea queda prendada de Acis, a quien encuentra poco después tumbado en la hierba y con los ojos cerrados, por lo que interpreta que está dormido, si bien Acis finge que duerme (estrofas XXXII-XXXVII). Bruscamente Acis se incorpora, e intenta besar el pie de Galatea, que se asusta mucho (estrofa XXXVIII). Pero Galatea termina cediendo a los requiebros de Acis y ambos se retiran a un frondoso lugar donde se entregan al amor (estrofas XXXIX-XLII).

Desde el comienzo de la octava se observa la presencia de la /a/ tónica (“Llamáralo”), y esa misma /a/ tónica figura en las rimas de los versos impares 1.º (“sabe”), 3.º (“suave”) y 6.º (“grave”) -por cierto, Góngora está empleando para lograr la rima consonante los dos únicos adjetivos que terminan en /-ave/: suave y grave- y, asimismo, en la palabra que cierra la estrofa (“halla”). Y es en el verso 7.º donde se produce una perfecta simetría bilateral, con paralelismos internos en la pareja de nombres (“cama/campo”) y los complementos que, respectivamente, los acompañan (“de campo/de batalla”), lo que origina una extraordinaria “armonización vocálica” en la que todos los acentos recaen sobre la /a/ (“cama de campo y campo de batalla”), vocales tónicas organizadas regularmente con otras vocales átonas dentro de la estructura bilateral del verso, que contiene, además, una fuerte aliteración del fonema /k/ (“cama de campo y campo de batalla”). Recordemos que Acis está tendido fingiendo que duerme: el campo sobre el que se encuentra es una “cama de campo” -esto es, una “cama espaciosa” o, literalmente, una “cama hecha de campo”) y, asimismo, el campo donde piensa librar la batalla definitiva para conquistar a Galatea (y de ahí el valor simbólico de los vocablos “cama/batalla”, en referencia al encuentro amoroso). Por otra parte, en verso 6.º es la vocal /i/ tónica la que predomina (“fía su intento, y tímida, en la umbría”), vocal tónica que está presente en la rima consonante de los versos pares (“querría” -verso 2.º-, “fantasía” -verso 4.º-, “umbría” -verso 6.º-). Galatea habría querido llamar a Acis, pero no puede hacerlo porque ignora su nombre y, aunque no lo haya visto, ha bosquejado la imagen de este en su fantasía, y confía la intención de buscarlo a sus pies, que ya no están entorpecidos por el temor; hasta que por fin lo encuentra fingiendo que duerme en el umbrío lecho del campo. Sin duda, los complejos mecanismos fónicos que entrelazan los vocablos a lo largo de la estrofa han hecho mucho más expresivo el contenido de la misma. [5]

Estrofa XXXII. Prosificación de Dámaso Alonso.

Con gusto llamaría Galatea (aunque muda aún por el susto) al donante de las ofrendas; pero no sabe formar ese nombre que sería el que más desearía pronunciar. Ni ha visto su persona, aunque un suave pincel amoroso lo ha bosquejado ya en su fantasía, le ha hecho que se le imagine. Fía su intento a sus pies –ya menos pesados, menos paralizados por el pasado temor- y se dirige a donde la sombreada cama de campo que forma la hierba encuentra al astuto mancebo que se finge dormido. La cama en que finge sueño será el campo de batalla desde donde Acis vencerá el corazón de Galatea.

NOTAS.

[5] Terracini, Lore: “Camas de batalla gongorinas”. Studia Aurea. Actas del III Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISA). Toulouse Le Mirail, 1993 (Pamplona, GRISO-LEMSO, 1996). Tomo I, págs. 525-533. Centro Virtual Cervantes.

https://cvc.cervantes.es/literatura/aiso/pdf/03/aiso_3_1_052.pdf

III. Los ilimitados recursos retóricos empleados por Góngora. Adviértase en esta estrofa de la Fábula de Polifemo y Galatea- la XXXII- los procedikientos retóricos que emplea Góngora para intensificar las alabanzas que el cíclope Polifemo dirige a Galatea.

[Polifemo pondera la belleza de Galatea]
¡Oh bella Galatea, más süave
que los claveles que tronchó la aurora;
blanca más que las plumas de aquel ave
que dulce muere y en las aguas mora;
igual en pompa al pájaro que, grave,
su manto azul de tantos ojos dora
cuantas el celestial zafiro estrellas!
¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!
Sugerencias para el comentario.

Es esta una estrofa cuyo contenido se entiende sin esfuerzo, ya que Góngora no altera con bruscos hipérbatos el orden natural de los elementos oracionales; ni recurre a continuos latinismos que pudieran obstaculizar la claridad de la expresión; e incluso emplea un sugestivo lenguaje metafórico de fácil interpretación: la suavidad de Galatea supera la del clavel -que evoca la luz rosada de la aurora-; y su blancura es mayor que la de las plumas del cisne -ave a la que se alude con el circunloquio “que dulce muere y en las aguas mora”, en referencia a la creencia tradicional de que los cisnes emiten un canto muy dulce cuando sienten la proximidad de la muerte-. Y esa suavidad de flor (clavel) y blancura de pluma (cisne) de la ninfa está, además, intensificada en los cuatro primeros versos tanto por la aliteración de los fonemas /l/ y /s/ como por un rico esquema acentual que pone el énfasis rítmico en ciertos vocablos que acrecientan aún más su belleza.

[Estos son los acentos de dichos endecasílabos:

¡Oh bella Galatea, más süave

(acentos en sílabas 1.ª-antirrítmico-, 2.ª, 6.ª y 8.ª -rítmicos- y 10.ª -estrófico-)

/ que los claveles que tronchó la aurora;

(acentos en sílabas 4.ª y 8.ª -rítmicos- y 10.ª -estrófico-)

/ blanca más que las plumas de aquel ave

(acentos en sílabas 1.ª y 3.ª -extrarrítmicos-, 6.ª -rítmico- y 10.ª -estrófico-)

/ que dulce muere y en las aguas mora;

(acentos en sílabas 2.ª, 4.ª y 8.ª -rítmicos- y 10." -estrófico-)].

Galatea es, asimismo, tan majestuosa como el pavo real -cuyo manto azul está salpicado de tantos ojos como estrellas tiene “el celestial zafiro” (es decir, el cielo) [6]. Y para desarrollar esta comparación, Góngora emplea tres endecasílabos cuya sonoridad queda realzada por su ritmo acentual (muy marcado en el verso 6.º, en el que todas las sílabas pares están acentuadas: su manto azul de tantos ojos dora) y, también, por una combinación de palabras que origina una sugestiva sucesión de vocales (en concreto, en el verso 5.º, en el que, además, se percibe la aliteración de /p/: “igual en pom pa al pájaro que, grave” (acentos en sílabas 2.ª, 4.ª y, 6.ª -rítmicos- , y 10.ª -estrófico-). La estrofa se cierra con una imagen hiperbólica de altísima eficacia estética: las dos estrellas más bellas son los ojos de Galatea; imagen condensada en un endecasílabo enfático de sorprendente ritmo acentual: “¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!” (“Oh tú”, acento antirrítmico en la conjunción “oh” en la 1.ª sílaba, y rítmico en el pronombre “” de la 2.ª, que concentra todo el protagonismo en Galatea; “dos”, acento rírmico en el pronombre referidos a sus ojos; “incluyes” acento rítmico en esta palabra, en la 6.ª sílaba, que viene obligado en este tipo de endecasílabo-; “más”, acento antirrítmico en 9.ª sílaba; y estrófico en la palabra “bellas”, en la sílaba 10.ª, adjetivo referido a estrellas, del verso anterior). Este es, pues, el esquema rítrmico de dicho endecasílabo: “¡Óh tú, que en dós inclúyes las más béllas!

Estrofa XLVI. Prosificación de Dámaso Alonso.

¡Oh bella Galatea, más suave que los claveles que la aurora, con el peso del rocío, troncha; más blanca que el cisne, aquel ave que muere cantando dulcemente y mora en las aguas; igual en pompa al pavo real, pájaro que gravemente dora su manto o plumaje azul con otros tantos ojos como estrellas tiene el zafiro de los cielos para adornar su manto azulado! ¡Oh tu que en sólo las dos estrellas de tus ojos comprendes o resumes las más bellas del cielo!

NOTAS.

[6] Ovidio ya había recurrido a las plumas del cisne -si bien para alabar la suavidad de Galatea-, cuando Polifemo ensalza la belleza de la ninfa. Pero aun cuando Góngora tiene presente el texto de la Metamorfosis, su lenguaje metafórico es, en su conjunto, mucho más elegante y refinado. [Ovidio compara también la suavidad de Galatea con la lecha cuajada, y la hermosura de la ninfa con la de un huerto regado, imágenes de menor intensidad poética que las de Góngora. Estos son los versos de Ovidio: “mollior et cygni plumis et lacte coacto, / et, si non fugias, riguo formosior horto” (más suave que las plumas del cisne y que la leche cuajada / y, si no huyeras, más hermosa que un huerto regado). Cf. Ovidio Nasón, Publio: Metamorfosis (13.796-13.797). Madrid, ediciones Cátedra, 1995. Colección Letras Universales, núm. 228. Traducción de Consuelo Álvarez; Rosa María Iglesias, editora literaria.

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Texto original de la Fábula de Polifemo y Galatea.

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/fabula-de-polifemo-y-galatea--0/html/fedcc184-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


Dámaso Alonso: El Polifemo, poema barroco.

https://www.researchgate.net/publication/262441051_EL_POLIFEMO_POEMA_BARROCO_POR_DAMASO_ALONSO

Análisis completo, estoifa por estrofa, de la Fábula de Polifemo y Galatea.

https://www.uv.es/ivorra/Gongora/Polifemo/01.htm

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