Nuestro poema de cada día
06/01/2026@11:11:00
1. La expresividad del hipérbaton gongorino. Los poemas de Luis de Góngora presentan un recurso propio de la poesía renacentista: la complicación de la frase con continuos hipérbatos, que tienen su más exacerbada manifestación en la Fábula de Polifemo y Galatea y, más todavía, en las largas estrofas de las Soledades. En estas composiciones, la intensificación del hipérbaton es tan exagerada que dificulta enormemente su comprensión, y no pueden entenderse sin un considerable esfuerzo; como el que llevó a cabo Dámaso Alonso para hacérnoslas inteligibles. Y de entre los distintos hipérbatos que el gran especialista gongorino señala [1], tiene un especial valor estilístico el llamado hipérbaton distensivo, que consiste en separar, distanciándol as, dos palabras que deberían ir seguidas, con objeto de alargar o aumentar la idea expresada; tal y como puede comprobarse en la siguiente estrofa -la sexta- de la Fábula de Polifemo y Galatea:
Nuestro poema de cada día
El texto analiza la técnica de correlación en los sonetos de Lope de Vega y Luis de Góngora, destacando cómo ambos poetas establecen relaciones entre elementos naturales y características humanas para expresar belleza o deslealtad. Se menciona la estructura arquitectónica de sus poemas y su conexión con la tradición petrarquista.
Nuestro poema de cada día
El soneto de Luis de Góngora presenta una compleja metáfora sobre la belleza y el sufrimiento, utilizando un lenguaje cultista y recursos retóricos como el hipérbaton. La dama Clori, al quitarse una sortija, se hiere con un alfiler, simbolizando la dualidad entre la belleza y el dolor. Su poesía destaca por su perfección formal y musicalidad.
Nuestro poema de cada día
Luis de Góngora y Argote se mantiene tan presente a través de los siglos que siempre suscita las mismas discusiones acaloradas que provocó en vida. Algo muy hondo tiene que latir en el hombre y, sobre todo, en la obra, para que su vigencia sea permanente.
Sin entrar en detalles, es evidente que la aldea global ha generado notables cambios de los que el mundo editorial no escapa. La paradoja hace su entrada por la puerta principal. Por un lado, las quejas de los sectores dedicados a la venta de libros, apreciándose una bajada y por otro la gran marcha de la edición numérica en todos sus soportes y categorías editoriales que generan negocios al alza. En el mismo plano, los detractores y defensores del devenir de la edición de libros.
Nuestro poema de cada día
Luis de Góngora y Argote se mantiene tan presente a través de los siglos que siempre suscita las mismas discusiones acaloradas que provocó en vida. Algo muy hondo tiene que latir en el hombre y, sobre todo, en la obra, para que su vigencia sea permanente.
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Nuestro poema de cada día
El soneto "A una nariz" de Francisco de Quevedo destaca por su humor y sátira, utilizando hipérboles y metáforas para caricaturizar a un hombre con una nariz descomunal. A través de ingeniosos recursos lingüísticos, el poeta crea una serie de imágenes extravagantes que reflejan su dominio del lenguaje y su crítica hacia Góngora.
Nuestro poema de cada día
Col. Un gozo en mi pozo, N.4, Editorial Pandora, Sevilla, 2024
Es muy probable que Góngora atesore una lírica suprema, lo que no impidió que recibiera duras críticas en su momento. Eso sí que es un clásico, me refiero a la extraordinaria escritura poética de Góngora y a la incomprensión, rechazo y marca evidente del miedo a lo nuevo. En unos certeros y precisos preliminares del gran poeta y ensayista que es Vito Domínguez Calvo, da cuenta de estas circunstancias y del valor histórico del poema narrativo de Góngora que pese a estar sujeto a un “argumento nrrativo bien estructurado se puede decir que no obedece al noble arte del 'contar' y sí a la intención siempre lúdica y subjetiva del 'decir'. No es lo que se cuenta, es cómo se dice”.
No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;
Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.
En un barroco tiempo en el que fue posible (como ahora) escoger entre el apellido paterno y el materno, Luis de Góngora y Argote (Córdoba 11 de Julio 1561- Córdoba 23 de Mayo de 1627) eligió -intuyo que por esdrújulo- el de su madre. Y así, de llamarse Argote -que tiene rima fea- pasó a nombrarse Góngora, más sonoro y “gongorino”, dónde va a parar.
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