Libros, naturaleza, ventanas, espiritualidad.
Su búsqueda se materializa a través de tres claves, la música, el tiempo y la naturaleza, que caen sobre las hojas de este último libro como si estuviera contemplándolas, hacia adentro y hacia afuera y viceversa. Isabel exalta esa búsqueda en la primera parte, “Lieder para dos voces y piano”, donde exhibe un dominio musical exquisito. En la segunda parte, “Contrapunto”, da la vuelta a la anterior mirada mientras permanecen esas dos voces. Estamos en el “punctus contra punctum” latino en el que se combinan dos o más líneas melódicas (voces) independientes que suenan al mismo tiempo y forman un conjunto armónico. Porque Isabel también extiende su mirada a otras poetas, pero sin dejar de mirar a su interior. Y esa mirada explota hacia fuera en la tercera parte, “Obertura naturaleza”, como otra manera de seguir buscándose interiormente.
Me gusta cuando los poetas utilizan su sabiduría y las técnicas literarias aprendidas para exponer una cierta mirada, una visión de la vida que se conjuga con el arte. Valoro especialmente la conexión entre la forma y el fondo, entre lo que me cuentan y cómo me lo cuentan. Mi intención es percibir siempre la obra creativa, conferirle el mismo poder de persuasión y autenticidad que podría tener cualquier disciplina científica. No quiero que se me caiga la obra de las manos, como podría ocurrir con un puente mal construido o cualquier hipótesis científica mal formulada que no nos conduce a un teorema y después a una teoría. Observo la comunión de las construcciones científicas y las artísticas, y desde esta mirada me planteo la obra de Isabel, cuando además uno de los poemas me da la razón (p. 61).
“Primer nocturno de Chopin”.
Cuando mi vida
estaba al límite de sus latidos
alguien protegió mis ojos
de la luz hiriente del dolor
y difundió en el aire
pétalos de musical querencia.
Nota a nota
fui pulsando, sobre el piano de mi vientre,
la melodía calma
del Nocturno Op. 9. Nº 1 de Chopin;
Si, Do, Re, Si, Do, La, Sol (corcheas)
Fa Fa Fa Fa (negras)
Sol Fa Mi Do (corcheas)
Re (blanca) Si (negra)
¡Es tan bello tan bello tan bello!
Y no era mi presente quien cantaba las notas
sino el pasado de una juventud interpelada
¡Esencia de amor en la memoria!
-¿Y tú dolor?
- En los espacios vacíos de la muerte”.
Es como el fluir constante del agua, como una sensación visual y auditiva que producen sus oleadas de notas, de Chopin y de Isabel. Acudo al oído y a la vista, y comparo su estructura con las escaleras de los grabados de las “Prisiones imaginarias” del pintor Piranesi.
Y dejo a mi mano que escriba las sensaciones que se agolpan en mi cerebro tras leer a Isabel.
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