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Diego Ameixeiras
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Diego Ameixeiras (Foto: cedida por la editorial)

Entrevista a Diego Ameixeiras: "Todos intentamos mantener a raya a nuestros enemigos interiores"

Autor de "El último gimlet"
miércoles 21 de octubre de 2026, 11:10h
Actualizado el: 21/10/2026 11:35h

Nacido en 1976 en Lausana, Suiza, Diego Ameixeiras trabaja como periodista y escribe en La Voz de Galicia. Desde 2004, ha conseguido diferentes reconocimientos por su trayectoria, entre ellos el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Xerais. También ha escrito obras teatrales y guiones para cine, series de televisión y cómics, además de traducir al gallego a Dashiell Hammett y Raymond Chandler. En sus novelas suele acercarse al género negro, a los ambientes marginales y la crítica social. Entre ellas figuran Dime algo sucio (2011), Matarte lentamente (2015), Conduce rápido (2017), La crueldad de abril (2018), La noche del Caimán (2020), El ciervo y la sombra (2022), ganadora del Premio Pata Negra-Domingo Villar y finalista del Premio Hammett, y Un anarquista (2024).

El último gimlet
El último gimlet

En un entorno inquietante, "El último gimlet" entrelaza crimen, deseo y amoralidad, con homenajes al fatalismo de James M. Cain y al romanticismo de Charles Williams. La mejor tradición del género y los aromas del noir clásico guían la narración de la novela de Diego Ameixeiras. En la entrevista, el autor gallego da muchas pistas sobre su nueva obra. Dentro de pocas fechas estará en Getafe Negro presentando su libro.

Fatalismo y romanticismo se entrelazan en "El último gimlet", ¿es en el noir clásico donde el autor se encuentra más cómodo escribiendo?

Creo que es un buen refugio al que volver cada cierto tiempo. Como lector llegué al género desde los primeros maestros norteamericanos, y también desde el cine que en los años 40 adaptó sus mejores novelas. Todas las piezas de la literatura criminal se colocaron ya en esa época. Supongo que siempre tengo presente esa mitología inicial del género, capaz de crear atmósferas duras y opresivas, como es el caso de “El último gimlet”.

¿Es este género el mejor vehículo para la denuncia social?

No tiene el monopolio, pero ha dado buenas muestras de servir para meterle el dedo en el ojo a los poderosos. Me parece que ha perdido ese espíritu contestario en los últimos años, siendo colonizado por un tipo de thriller de consumo rápido que ocupa las mesas de novedades y deja crecer poco a su alrededor. Pero hay autores que siguen utilizándolo para señalar las grietas del sistema, y eso siempre se agradece.

¿Somo incapaces de saborear la felicidad cuando la tenemos delante y lo hacemos cuando añoramos esos momentos y vuelven en el recuerdo?

Creo que no siempre tenemos la inteligencia emocional de reconocerla, aunque al envejecer solemos corregir esa torpeza. A veces se nos escapa y no nos damos cuenta. Le sucede al protagonista de la novela, que fue razonablemente feliz y no se enteró. Después, al recordarlo en plena mala racha, se llena de rabia y frustración.

El protagonista emprende un viaje interior… ¿necesitamos parar y alejarnos para encontrarnos de verdad y saber quiénes somos? ¿Solo nosotros nos salvamos de nosotros mismos?

Todos intentamos mantener a raya a nuestros enemigos interiores. No es fácil. Algunos nos acompañan desde la infancia. Amador, el policía que cuenta su historia, está abonado a la fatalidad. Quiere alejarse de todo para levantarse de nuevo, pero no hace más que acercarse al abismo.

¿El conocimiento de uno mismo llega demasiado tarde y en forma de remordimiento?

Algo así decía Joseph Conrad. Es una frase demoledora, pero llena de verdad. Todo se entiende con mayor claridad desde la distancia y con el paso del tiempo. El presente suele ser un túnel. En la novela, todos los personajes están dentro de una especie de cueva en la que suenan constantemente el eco de sus frustraciones.

¿Juzgar nuestro pasado a través del arrepentimiento sirve para cambiar el presente? O cometemos los mismos errores…

Me gusta pensar que uno es capaz de corregirse con los años. Pero me viene ahora a la cabeza la famosa frase de Carlito’s Way: “Uno no cambia, solo pierde fuerzas”. Creo que nuestra suerte interior se decide en la infancia. Una vez superada esa fase de la vida, si uno lo piensa bien, no hay demasiadas novedades en nuestro carácter.

"La rabia contra las injusticias sociales es un buen motor, una respuesta absolutamente humana"

En "El último gimlet" se entrelazan emociones primarias -ira, tristeza…- y secundarias -culpa, insatisfacción…-, ¿la ira prolongada, como dice el protagonista, nos aboca a la autocomplacencia?

Es una mala compañera si no sabemos qué hacer con ella. También conduce la vanidad, por supuesto. En cambio, creo que la rabia contra las injusticias sociales es un buen motor, una respuesta absolutamente humana. Pero si esa tensión solo se dirige contra uno mismo, acaba destruyéndonos.

¿El destino nos golpea o le ayudamos a que lo haga?

Asusta pensar la cantidad de situaciones de nuestras vidas sobre las que no tenemos ningún control. El destino juega mucho con nosotros. La novela se centra en el deseo y en el crimen, pero también intenta reflexionar sobre esa sensación de desamparo ante lo que puede estar esperándonos a la vuelta de la esquina.

La peor suciedad es la interior

Hay que seguir siempre a los buenos o, a veces ¿es mejor imitar un mal ejemplo?

Los malos siempre se disfrazan de buenos. No tengo dudas. Basta con seguir la actualidad politica, aunque ahora es cierto que resultar despreciable y mostrar odio abiertamente ya no penaliza. La maldad en bruto está triunfando. Quizás lo razonable sea imitarse a uno mismo en su mejor versión.

Las excelentes descripciones del pueblo costero, rodeado de mar inmenso y montañas y vegetación que impiden escapar, ¿qué papel juegan en la trama para que el lector se sumerja en un ambiente inquietante? ¿Ya es hora de huir de los típicos ambientes sórdidos y sucios?

La peor suciedad es la interior. Todo lo que guardamos bajo nuestras alfombras. Siempre he ambientado mis novelas en contextos urbanos, pero en esta ocasión sentí la necesidad de llevar la historia a orillas del mar. El protagonista busca oxígeno y se encuentra con un lugar imponente, muy abrumador, capaz de condicionar sus estados de ánimo. Una aldea al pie de una montaña que emerge como una especie de vigilante del océano.

¿Cómo consigue el autor convertir en asfixiante un paisaje tan idílico? ¿Son la rabia y la insatisfacción de los personajes los que transforman el entorno?

En parte sí. El lugar más hermoso del mundo también puede ser un infierno si uno vive atrapado en su desesperación. Amador parece encontrar la calma cuando se retira al borde del mar, pero todo cambia al conocer a dos personajes bastante enigmáticos de la zona. Son sus ojos los que describen un entorno con dos caras: a veces es un bálsamo, y otras, una amenaza.

Gimlet es la bebida favorita del detective Philip Marlowe, de las novelas de Raymond Chandler; se dice que este cóctel tan potente, a base de ginebra y lima, fue creado en el siglo XIX por la Marina Real Británica para que los marineros tomaran vitamina C y evitaran el escorbuto. Y está muy rico… ¿Por qué ese título para su obra?

Es otro homenaje a los clásicos. Hay un capítulo central de la novela en el que dos personajes reflexionan sobre la vida mientras beben ese cóctel. Me pareció que el título ganaría sonoridad con ese término tan reconocible para los aficionados al noir. Gimlet fue también el nombre de una revista dedicada a la novela negra, dirigida por Manuel Vázquez Montalbán.

¿Escribir obliga al autor, si lo hace con honestidad, a dedicarle atención a algunos abismos que sería mejor no remover?

Eso dice Lola, una profesora jubilada que está intentando escribir una novela cuando conoce a Amador. Estoy bastante de acuerdo con sus opiniones, aunque en la vida real rebajaría el dramatismo. No creo que sea necesario sufrir mientras se escribe, pero al hacerlo se debe mirar donde no siempre es agradable poner los ojos, sin maquillajes. Y eso suele pasar factura.

¿Es su novela más intimista? ¿Cuánto hay del propio autor en esta obra?

Diría que tiene un poso existencialista, aunque quizás no tan acusado como en “El ciervo y la sombra”. Aquí irrumpe el deseo como motor del crimen, a la manera de “El cartero siempre llama dos veces”, por ejemplo. Siempre hay algo del autor en los personajes, creo que eso es innegable. Uno escribe una especie de autobiografía oculta en cada novela.

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