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"Repensar el mundo. 111 sorpresas del siglo XXI", de Moisés Naím

lunes 29 de agosto de 2016, 10:41h
Repensar el mundo
Repensar el mundo

Durante los últimos años, Moisés Naím viene publicando una columna semanal en El País. Aquellos lectores que lo siguen, son buenos conocedores del estilo fluido de su escritura, de su capacidad para analizar los asuntos de actualidad así como de sus dotes para relacionar en un mismo artículo diferentes escenarios y actores.

En consecuencia, puede afirmarse que Debate ha tenido un notable acierto compilando sus trabajos. Con ello, la aludida editorial consigue un fin mayor: compendiar aquellos asuntos que han ocupado un espacio propio en la agenda de los medios y sobre los cuales, Naím ha mostrado su punto de vista, diseccionando sus causas y pronosticando sus repercusiones en el tiempo.

Asimismo, el propio autor ha agrupado su producción periodística en 11 capítulos que en ningún caso suponen compartimentos estanco. Por el contrario, cada uno de ellos mantiene relaciones con los anteriores y posteriores. Más en particular, en lo relativo a la temática, se aprecia que determinadas cuestiones o personajes ocupan mayor espacio debido a la relevancia adquirida.

En este sentido, la figura de Chávez y las consecuencias negativas tanto de su liderazgo como de su gestión permean por numerosas páginas. Naím ya anticipó que el legado del político venezolano sería negativo para su país (e incluso para la región, en especial para el conjunto de naciones integrantes del denominado “socialismo del siglo XXI”). Una vez confirmada su hipótesis, en ningún caso se recrea en lo acertado de su vaticinio, sino que trata de extraer lecciones para que el fenómeno (chavista) no se repita.

Asimismo, pone en relación el modus operandi de Chávez con el que caracteriza a Putin hoy en día o el que definió a Ahmadineyad tiempo atrás, concluyendo que “es sorprendente cómo estos regímenes se esfuerzan por celebrar comicios a pesar de que es evidente que no están dispuestos a cederles el poder a sus opositores” (p.213). No obstante, en el protagonismo mediático de Chávez confluyeron múltiples razones: desde la cantidad de propaganda gastada por el régimen venezolano para publicitar su ideología, hasta la actitud de algunas personalidades del escenario regional latinoamericano que practicaron, siendo benevolentes en el calificativo, la condescendencia para con el venezolano.

Dentro de estos últimos sobresalió Lula Da Silva (y tuvo en Dilma Rousseff a su continuadora). De hecho, el presidente brasileño y determinadas decisiones por él adoptadas recibieron los reproches nada paternalistas por parte de Naím, destacando la crítica formulada hacia las relaciones mantenidas con el Irán de Ahmadineyad, ya que subestimaba que éste perseguía a los opositores o que había puesto en marcha un programa nuclear de dudosas, en cuanto que peligrosas, intenciones.

Con todo ello, la globalidad es un rasgo que describe los artículos de Naím. En efecto, no se detiene sólo en lo que acontece en su país de adopción, Estados Unidos (del que resalta, por ejemplo, la fiabilidad de su sistema financiero o la superioridad en tecnología militar) o en América Latina (valora su crecimiento pero también le advierte sobre desafíos que deberá solventar eficazmente en el futuro, como la desigualdad o las protestas de la clase media).

Así, destaca su visión de la crisis por la que transita la Unión Europea (“el proyecto más imaginativo e innovador de la geopolítica mundial”, p. 31), decantándose por la solución de “más Europa”. ¿En qué consiste la misma? “Más Europa no debe significar más Bruselas, ni más burocracia (…) Más Europa se construye a partir de líderes que saben cómo explicarles a sus compatriotas que sus hijos estarán condenados a tener estándares de vida inferiores a los que disfrutaron ellos a menos que las economías europeas se reformen e integren de manera más profunda que hasta ahora” (p.31-32).

En consecuencia, mantiene intacta su confianza en que “Europa” sea capaz de reinventarse una vez más para lo cual aquélla tiene que afrontar algunos interrogantes inmediatos, dos en concreto. Por un lado, la demografía (págs. 116-117); por otro lado, descartar opciones políticas cortoplacistas, es decir, vinculadas a políticos oportunistas que simplemente dicen al pueblo lo que éste quiere oír (p.166).

Finalmente, hay que mencionar obligatoriamente, tres fenómenos que en ocasiones Naím relaciona y en otras analiza de manera individual: el auge de China, la ausencia de una potencia hegemónica a nivel global y el rol de Barack Obama. Con respecto al primero de ellos, reconoce que el aumento del protagonismo de China supone un fenómeno incuestionable pero ello no hay que interpretarlo como que vaya a convertirse obligatoriamente en la única potencia hegemónica en el corto o medio plazo. Por el contrario, sostiene que nos hallamos encaminados hacia un mundo sin una potencia dominante; además, China presenta algunos déficits estructurales internos, como por ejemplo la corrupción, que pueden limitar su crecimiento.

En cuanto a Estados Unidos, Naím valora la labor de Obama y las ideas que le inspiraron para acceder a la Casa Blanca, estimando que retienen su validez en la actualidad. Asimismo, con respecto al corto plazo, deja en el aire dos acontecimientos recientes a los que el lector deberá prestar atención: el acuerdo con Cuba y la irrupción del populista Donald Trump como candidato republicano para las presidenciales del próximo mes de noviembre.

En definitiva, una obra de referencia que sintetiza y relaciona pasado, presente y futuro, producto de la capacidad de análisis de su autor. Con un lenguaje directo y alejado de la corrección política, Naím desentraña fenómenos complejos y nos los transmite mediante explicaciones sencillas y comprensibles.

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